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La riqueza de la decencia: Axel Kicillof

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Foto: Archivo La Nueva.

Por Laura García Vázquez (*)

El liderazgo del gobernador de la provincia de Buenos Aires encarna valores a contramarcha de una sociedad que parece dominada por el desmoronamiento de la responsabilidad. Axel Kicillof es señalado por propios y ajenos como un político decente, sin vinculación alguna con causas de corrupción y eso lo distingue del conjunto de la clase política. La posibilidad de que llegue a ser presidente dependerá no sólo de las variables políticas y económicas sino de la influencia social que ejerza su figura en un país en crisis, no sólo económica sino también social, cultural y moral.

La racionalidad del economista y el carisma que irradia hacia la población son dos aspectos contradictorios que conviven en Kicillof. Según Max Weber, considerado uno de los padres de la sociología, el carisma “rechaza toda economía racional”. El líder carismático encarna una misión que dista de los intercambios materiales. La perseverancia del gobernador en señalar hay otro camino en clara referencia al gobierno nacional y al presidente Javier Milei, encarna la tarea de crear la alternativa política que la nación necesita.

Honestidad y responsabilidad parecen valores anticuados en un país que, al menos en parte, naturalizó a un presidente que insulta comportándose como el contraejemplo. Asistimos a una realidad impensada pocos años antes; el 19 de noviembre de 2023 una mayoría relevante votó no sólo por un outsider del campo político sino por una persona que no respeta su propia investidura. La ruptura con la tradición no sólo dejó afuera de la coalición triunfante a los dos partidos históricos, el radicalismo y el justicialismo, sino que dio paso a un presidente que agrede mediante expresiones cínicas y violentas.

¿Qué distingue a Kicillof? Su pasaje de ministro de economía a gobernador de la provincia de Buenos Aires demostró que vivir para la política está primero que vivir de la política. Nos dice Weber que la profesionalización implica ambas cuestiones, pero, en la acción y los gestos del gobernador prima claramente la primera, expresada en su vocación de servicio hacia un orden más justo. A esto contribuyen su honestidad y ética personal.

Inmersos en la experiencia libertaria, se evidencia el enfrentamiento entre dos formas de pensar, hacer y sentir respecto de la acción de gobernar. En forma clara y sin especulaciones inherentes a la clase política, Kicillof confrontó con el ejecutivo nacional y su batalla cultural desde el principio. En sus discursos manifiesta “no nos van a convencer de que los mensajes deben ser breves, superficiales y violentos y que no existe un interés más allá de eso” y además “A Milei hay que ganarle, no hay que imitarlo en nada”, para concluir “La extrema derecha no tiene absolutamente nada que enseñarnos”. La alternativa política para el próximo año se orienta en sentido opuesto.

Vayamos a ejemplos concretos, Kicillof se distingue manteniendo el único Ministerio de mujeres de toda la Argentina, priorizando dentro de sus políticas públicas la igualdad entre géneros y las tareas de cuidado. Ante el retraso legislativo en nuestro país de estos temas, comparando con dos países cercanos como Uruguay y Brasil, esta podría ser una política pública prioritaria en un futuro gobierno nacional encabezado por el gobernador. Se reconocería no sólo la necesidad de esta política pública sino también el porcentaje de 10% más de mujeres que rechazan las políticas de Milei respecto a los varones.

Kicillof también se distingue por el recorrido habitual, inédito en un gobernador, de los 135 partidos de la provincia de Buenos Aires. Este año visitó la localidad de San Jorge, distrito de Laprida, en ocasión de la promesa a la bandera. Fue un hecho histórico ya que se convirtió en el primer gobernador en visitar esta pequeña localidad de poco más de trescientos habitantes. A su vez, dio valor a cada niño o niña, ya que eran sólo cuatro de los 230.000 de toda la provincia, los que compartieron esta actividad que honra a Manuel Belgrano con las máximas autoridades de la provincia y a la vez con su intendente, Alfredo Fisher. Sin dudas, un día inolvidable.

En la plaza San Martín de San Jorge, entre el frío, el verde intenso propio de ese pequeño pueblo, los rayos del sol y los colores patrios, pudo observarse algo más, otro rasgo del líder: la capacidad de comunicarse con la comunidad a través de la sensibilidad, la cercanía y la conexión con los otros. Al gobernador se le corta la voz cuando se emociona y eso ocurre en puntos claves de su discurso, en este caso, hablando del amor y fidelidad a nuestra bandera.

Estamos frente a un pueblo dañado y dominado por las desigualdades solitarias a las que se refiere François Dubet, sociólogo contemporáneo que se plantea qué hacer frente a una sociedad que, a diferencia de la crisis del 2001, le cuesta organizarse en demandas colectivas. En ella, prima la creencia de que la injusticia social es un problema individual. La construcción de fraternidad y solidaridad, indispensables para la cohesión social que requiere la democracia puede encontrar en Kicillof un actor clave que conjuga la acción política con capacidad de diálogo y empatía hacia el otro. La sociedad es un proceso de creación continua que depende de todos, pero en el cual los líderes ejercen influencia sobre el conjunto, concluye Dubet.

La decencia es una riqueza, y un valor nada habitual para alguien que pertenece hace tiempo a la clase política, forma parte de un partido tradicional y comparte historia con el kirchnerismo. Obviamente esto no alcanza para que Kicillof se transforme en alternativa presidencial, máxime con la dificultad de seguir gobernando la provincia de Buenos Aires en un contexto socioeconómico muy adverso, pero sí podría comenzar a iluminar ese otro camino en nuestra sociedad, el de la esperanza en un futuro que suene distinto a los oídos de los argentinos.

(*) Directora de articulación interjurisdiccional Interior Sur, Jefatura de Asesores del gobernador
lauragarciavazquez.bahia@gmail.com