El exitismo, el discernimiento y el partido Argentina–Inglaterra
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Por Daniel Fainstein
Faltan horas para que Argentina e Inglaterra vuelvan a enfrentarse en una semifinal de la Copa del Mundo. El resultado todavía es desconocido. Precisamente por eso, estas líneas no intentan anticipar quién ganará, sino reflexionar sobre un fenómeno mucho más profundo: el peligro del exitismo cuando una sociedad deposita en un acontecimiento deportivo un peso histórico y emocional extraordinario.
Argentina e Inglaterra no representan únicamente dos selecciones de fútbol. La historia compartida de ambos países, las Islas Malvinas y encuentros inolvidables de los Mundiales convierten este partido en algo que trasciende el deporte. Sin embargo, allí aparece el primer riesgo del exitismo: confundir el significado simbólico de un encuentro con una obligación absoluta de ganar.
El exitismo extremo reduce el valor de las personas y de los equipos al resultado. Cuando eso ocurre, el discernimiento comienza a perderse. Se juega con ansiedad, se juzga con pasión antes que con prudencia y el rival deja de ser un competidor para transformarse en un enemigo.
El discernimiento propone otra mirada. Ganar será una enorme alegría deportiva. Perder será una decepción. Pero ninguno de esos resultados modifica la historia de un pueblo, ni su dignidad, ni los valores que lo identifican.
Los futbolistas no son soldados. Representan a su país en una competencia deportiva y merecen ser evaluados por la nobleza con la que compiten tanto como por el resultado que obtengan.
Quizá la mayor enseñanza sea esta: el patriotismo necesita memoria; el deporte necesita competencia; el discernimiento impide que uno destruya al otro.
El verdadero triunfo será competir con excelencia sin perder el respeto por el rival. El verdadero fracaso no será una derrota deportiva, sino permitir que el resultado eclipse nuestros valores.