Agronomía de la UNS: un futuro entre reformas académicas y salto tecnológico
“Más allá del desafiante contexto de crisis presupuestaria, queremos construir puentes sólidos con el sector agroindustrial”, dijo el Ing. Agr. Rodrigo D. Bravo, decano de la carrera.
Periodista. Círculo de Periodistas Deportivos de Bahía Blanca. Fue redactor de la revista Encestando (1985-2000). Desde 1987 trabaja en el diario La Nueva Provincia (hoy La Nueva.). Pasó por las secciones Deportes, La Región y La Ciudad, donde se desempeña actualmente. Está especializado en periodismo agropecuario desde 2001. Miembro de la Asociación Bonaerense de Periodistas Agropecuarios. Responsable de las páginas webs de la Asociación de Ganaderos (AGA) y de Abopa.
“Desde el Departamento de Agronomía estamos planificando diferentes estrategias de vinculación con el medio. El objetivo es identificar necesidades reales que nos ayuden a mantener vigente la impronta regional que nuestros planes de estudio deben tener y sostener el alto nivel de los graduados. También, es nuestro desafío hallar estrategias de retención de talento humano y modernización del equipamiento. A su vez, como la demanda de formación continua es clave, vamos a avanzar con diplomaturas y cursos cortos de perfeccionamiento para que los profesionales respondan con éxito a un entorno de cambios permanentes”.
El Ing. Agr (Mg.) Rodrigo D. Bravo, decano de la carrera de Agronomía de la Universidad Nacional del Sur (UNS), analizó la puesta en marcha del nuevo plan de estudios 2026; la integración de la inteligencia artificial en las aulas y el desafío de formar profesionales en un contexto de crisis presupuestaria.
“Puntualmente, lo que queremos es construir puentes sólidos con el sector agroindustrial”, añadió.
En diálogo con La Nueva., Bravo también destacó la preocupante brecha salarial de los docentes (y no docentes) frente al sector privado y la urgente necesidad de recursos para investigación e infraestructura.
—¿Qué tan profunda es la brecha, ahora, entre un académico de alto nivel y quienes trabajan en el sector privado?
—La situación es crítica porque son los docentes y no docentes quienes sostienen el sistema a pesar de todo. Hoy, un docente universitario con la máxima antigüedad, doctorado y dedicación exclusiva, percibe un salario equivalente al de un supervisor medio o, incluso, al de muchos operarios de una planta agroindustrial, quienes además suelen contar con pluses por productividad.
“Es importante entender que el docente no solo dicta clases: debe mantener programas actualizados, gestionar recursos para investigación, diseñar y monitorear ensayos, escribir artículos científicos y dirigir tesis de grado y posgrado. Además, participamos activamente en el cogobierno de la institución. Este ahogo genera un descontento tan alto que se vuelve difícil exigir cambios estructurales adicionales cuando el sistema está en semejante nivel de presión económica”.
—Más allá de los salarios, ¿cómo afecta la falta de financiamiento a la investigación cotidiana?
—Sin recursos serios es extremadamente complejo plantear ensayos de campo, realizar análisis de laboratorio o asistir a congresos para compartir resultados con pares. El financiamiento es vital para el mantenimiento de la infraestructura y la renovación de equipamiento técnico. Aun así, la producción científica del Departamento sigue siendo significativa, lo que demuestra el compromiso de nuestra comunidad.
—Se habla de una renovación en la carrera de ingeniería agronómica. ¿En qué consiste y cuándo se verán los resultados?
—Estamos en un proceso de cambio necesario. En 2023, la Coneau (Comisión Nacional de Evaluación y Acreditación Universitaria) solicitó a todas las facultades de Agronomía del país iniciar la acreditación de la carrera. En este marco, nuestro Departamento, a través de su comisión curricular y el acompañamiento del plantel docente se propuso rediseñar de fondo el plan de estudios que ya tenía más de 20 años y 11 versiones de mejora. El Consejo Superior Universitario finalmente lo aprobó y comenzó a regir en este 2026.
“El objetivo principal fue reducir sustancialmente la carga horaria, reorganizando contenidos mínimos para ganar eficiencia, y poniendo en valor el tiempo total que necesita un estudiante. Si al finalizar el cursado de una asignatura no pudo aprobar de manera completa, entonces hay que reflexionar y barajar de nuevo. Por supuesto que no todos tienen el mismo desempeño académico, pero la mayoría debería poder cursar y aprobar una materia en un plazo de un cuatrimestre. Si en planes de más de 40 asignaturas, cada curso excede ese tiempo, no hay manera de cumplir con los plazos propuestos.
“Desde hace tiempo, la enseñanza enciclopedista colapsó. Tenemos un rol protagónico en enseñar no tanto contenido, sino capacidades de observación, análisis que permitan tener un criterio profesional adecuado para interpretar diversos contextos con toda la información abrumadora que existe en diversos medios. También la Tecnicatura Superior Agraria en Suelos y Aguas (TSASyA) reformuló su plan durante 2025 y lo inaugura este año”.
—El Departamento ha incorporado recientemente tecnología de punta como, por ejemplo, drones con sensores especiales. ¿Qué impacto tiene esto en la región?
—Es fundamental para mantenernos vigentes. Gracias a un proyecto desarrollado con el IPCVA (Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina) sobre manejo de recursos hídricos en cuencas con riesgo de erosión, un grupo de investigadores adquirió un drone con cámara multiespectral y antena RTK. Esta tecnología permite hacer levantamientos planialtimétricos de altísima precisión para sugerir la construcción de terrazas de absorción o cultivos de servicio, capitalizando el agua y reduciendo la erosión del suelo. Este equipo ya está operativo y al servicio de la investigación y de la docencia.
—¿Cómo visualizás el rol de la inteligencia artificial en la agronomía?
—La IA nos atraviesa y debemos emplearla con sabiduría. He evaluado alumnos permitiéndoles usar IA y el resultado fue satisfactorio, pero con una advertencia: los algoritmos aún no pueden razonar sobre escenarios específicos.
“Por ejemplo, si se pide una recomendación para cortar pasto llorón en nuestra zona, quizás la IA sugiera una máquina de gran capacidad basada en datos genéricos, pero no sabrá que, si vas a más de 10 km/h en un terreno con heterogeneidad y pozos de peludos, las vas a romper. El conocimiento empírico sigue siendo irreemplazable. Pero, sin dudas, está inserta en múltiples aplicaciones, softwares que pueden integrar múltiples variables y muchos docentes se encuentran involucrados en tratar de compartir con sus estudiantes las potencialidades que ofrece”.
Por menos tiempos de graduación
El Departamento de Agronomía de la UNS atraviesa otro un momento de contrastes. Según un reciente diagnóstico académico, la unidad cuenta actualmente con una oferta diversificada que incluye la carrera de Ingeniería Agronómica, dos tecnicaturas (Tecnicatura Superior Agraria en Suelos y Aguas y Tecnicatura en Parques y Jardines) y estudios de posgrado como el magíster en Ciencias Agrarias y el doctorado en Agronomía.
Los indicadores académicos de la última década para Ingeniería Agronómica revelan una tendencia de crecimiento sostenido en el ingreso. Mientras que en 2016 se registraron 69 ingresantes, la cifra ascendió paulatinamente hasta alcanzar un pico de 216 inscriptos en 2024, aunque se observó un ligero descenso a 175 en lo que va de 2026.
Sin embargo, el número de graduados no ha seguido el mismo ritmo de expansión. En los últimos diez años, la cantidad de egresados anuales ha oscilado mayormente entre los 40 y 60 profesionales, registrando su punto más bajo en 2022: solo 35 graduados.
A pesar de que hoy el Departamento cuenta con más de 800 alumnos activos, el diagnóstico advierte sobre problemas críticos que afectan la eficiencia académica. Los factores identificados incluyen:
—Tiempos de graduación prolongados: el promedio para finalizar la carrera de grado ronda actualmente los 9,5 años, una cifra que las autoridades califican como desalentadora.
—Deserción temprana: el principal obstáculo identificado es el desgranamiento, o abandono, durante los primeros años de cursada.
—Factores externos: se mencionan la fluctuante demanda del sector y las dificultades económicas de los estudiantes de la región para costear su manutención durante los estudios.
Las tecnicaturas y posgrados
Si bien poseen una matrícula más reducida, las tecnicaturas presentan un comportamiento similar al de la carrera de grado en cuanto a sus indicadores. Por otro lado, el panorama en los posgrados es preocupante. Se ha detectado una baja notoria en el interés por realizar maestrías o doctorados, vinculada directamente a la falta de recursos económicos para financiar los estudios, la experimentación y la realización de cursos especializados.
“Los indicadores (de matrícula) no son buenos y trabajamos para revertirlos, pero hay que analizarlos con lupa”, sostuvo Bravo.
“Por ejemplo, este año ingresaron 175 alumnos a Ingeniería Agronómica (cumplieron el requisito), pero solo 130 están cursando efectivamente; muchos abandonan antes de empezar por razones ajenas a la unidad académica. Este no es un dato menor cuando se evalúan indicadores académicos”, indicó.
“Por otra parte, tenemos alumnos activos que solo aprueban un final cada dos años. Este tampoco es un rendimiento saludable y es algo que debemos mejorar seriamente”, aseguró.
Algo personal, más allá de las raíces rurales
Hijo de productores agropecuarios de la zona de Viedma, en la provincia de Río Negro, Rodrigo Bravo creció en el ámbito rural y se formó en una escuela agrotécnica. En el año 2001 se trasladó a Bahía Blanca para ingresar a la Universidad Nacional del Sur, logrando en 2007 un hito personal y familiar: convertirse en la primera generación de graduados universitarios en su familia al recibirse de ingeniero agrónomo.
Su camino académico no estuvo exento de sacrificios. Para costear los estudios, Bravo desempeñó diversos oficios que nada tenían que ver con la agronomía: trabajó como cadete, ayudante de pinturería, albañil, vendedor de agua, limpiador de cines y profesor particular de matemáticas, biología y química, aprovechando cualquier tiempo libre para sostener su manutención.
Aunque el plan inicial tras graduarse era regresar a su pueblo o trabajar en la agroindustria, una experiencia como ayudante alumno en 2007 despertó su pasión por la enseñanza. Alentado por referentes regionales como los doctores Hugo Mario Arelovich y Hugo Eduardo Laborde, decidió apostar por la carrera académica en la UNS.
Para alcanzar los máximos escalafones docentes, Bravo comprendió que la formación de posgrado era esencial. Mientras trabajaba en cargos de baja dedicación y realizaba tareas como asesor agropecuario y administrador de campos, completó su Magíster en Ciencias Agrarias en la escuela de posgrado de la UNS.
Su formación también incluyó estancias internacionales en la Universidad Federal de Minas Gerais (Brasil) y en el INIA Estanzuela (Uruguay). Y el ascenso en la universidad lo llevó a ganar, por concurso, el cargo de profesor con dedicación exclusiva en asignaturas clave como Fisiología y Nutrición Animal, Nutrición de Rumiantes y Forrajes Conservados.
Sin embargo, su impacto más tangible se dio en la gestión institucional: durante ocho años estuvo al frente de la administración de los campos de la UNS, formando parte de los equipos de gestión de los decanos Roberto Rodríguez y Miguel Adúriz.
Bajo su coordinación, se lograron hitos significativos para el Departamento de Agronomía:
—Modernización de infraestructura: inversiones en viviendas, perforaciones, bombas solares y reservorios de agua, entre otras instalaciones y equipamientos.
—Mejora productiva: optimización de los índices reproductivos del rodeo y majada, aumento de siembra de áreas con pasturas perennes, incremento de superficie bajo riego y áreas productivas.
—Vinculación académica: incentivo de prácticas de campo para estudiantes, y fomento de distintos docentes que han realizado diversas investigaciones que permitieron, luego, desarrollar más de 20 jornadas de capacitación e intercambio para productores y profesionales del sector.
Hoy, desde su rol como decano, Bravo continúa aplicando la misma dedicación que lo llevó desde la albañilería y el trabajo rural hasta la conducción de uno de los departamentos más relevantes de la Universidad Nacional del Sur.