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El suelo, un aliado silencioso ante el cambio climático

En el Día Nacional de la Conservación del Suelo, especialistas de la UNS advirtieron que proteger este recurso es clave para producir alimentos, reducir el impacto de las inundaciones y garantizar agua para las próximas generaciones.

Mientras el cambio climático multiplica los fenómenos extremos y ciudades como Bahía Blanca todavía intentan adaptarse a inundaciones cada vez más severas, hay un recurso natural que suele pasar inadvertido y que puede convertirse en uno de los principales aliados para reducir sus efectos: el suelo.

Con ese eje, el Departamento de Agronomía de la Universidad Nacional del Sur organizó la jornada de divulgación "Conservación de suelos: El suelo que cuidamos es la vida que sembramos", realizada en el Campus Palihue con motivo del Día Nacional de la Conservación del Suelo.

La actividad reunió a investigadores, docentes, productores, estudiantes, organismos públicos y vecinos para reflexionar sobre el valor estratégico de un recurso del que depende buena parte de la vida cotidiana, aunque pocas veces ocupe el centro del debate ambiental.

"El suelo es un componente esencial; el 95% de los alimentos que consumimos vienen de él. Pero también hay suelos urbanos. Cualquier espacio que no esté impermeabilizado funciona como un amortiguador de los cambios climáticos. El suelo purifica el agua e integra el ciclo global de nutrientes", explicó el ingeniero agrónomo Oscar Bravo, uno de los organizadores del encuentro.

Mucho más que producir alimentos

El Día Nacional de la Conservación del Suelo fue instituido en 1963 en homenaje al investigador estadounidense Hugh Hammond Bennett, considerado el padre de la conservación de suelos tras impulsar políticas para combatir la devastadora erosión que sufrió Estados Unidos durante la década de 1930.

La efeméride busca concientizar sobre un problema que también afecta a la Argentina. Se estima que alrededor del 75% del territorio nacional presenta distintos procesos de erosión y degradación, una situación que compromete tanto la producción agropecuaria como los servicios ambientales que brindan los suelos.

Precisamente, la jornada organizada por la UNS buscó acercar ese conocimiento científico a la comunidad.

"Fue una jornada que tuvo tres ejes: uno tuvo que ver con suelo y resiliencia al cambio climático; el otro con suelo y ambientes sustentables; y finalmente suelo, conservación y recuperación. Son ejes transversales a toda la sociedad y nuestra intención fue mostrar lo que hace el área de Suelos y Agua del Departamento de Agronomía a la comunidad de Bahía Blanca", señaló Bravo.

Las conferencias abordaron investigaciones sobre captura de carbono, lombrices como bioindicadores de calidad ambiental, cultivos de cobertura, biocarbones, fertilización y buenas prácticas agropecuarias. También participaron representantes del INTA, el Ministerio de Desarrollo Agrario bonaerense y la Municipalidad de Bahía Blanca.

Un escudo natural frente a las inundaciones

Uno de los mensajes centrales de la jornada fue que conservar el suelo también significa prevenir desastres ambientales.

Para Bravo, la calidad del suelo influye directamente en la capacidad de absorber las lluvias intensas y disminuir el escurrimiento superficial.

"Si tenemos un suelo con buena estructura, conservado y con vegetación, ese suelo infiltra agua y evita que el agua de las partes altas de la cuenca baje violentamente. El objetivo es retener el agua en el sitio donde cae, que se infiltre, porque eso beneficia tanto a la ciudad como al campo, transformándose luego en rendimientos de cultivo", sostuvo.

El concepto adquiere especial relevancia para Bahía Blanca, que en poco más de un año sufrió dos fenómenos meteorológicos extremos: el temporal de viento de diciembre de 2023 y la histórica inundación de marzo de 2025.

La expansión urbana suele asociarse con una mayor superficie asfaltada o cubierta por cemento. Sin embargo, los especialistas advierten que esa transformación reduce la capacidad natural del suelo para absorber el agua.

Consultado sobre esa aparente contradicción, Bravo sostuvo que el crecimiento urbano puede compatibilizarse con una mayor presencia de espacios verdes.

"Podés tener calles asfaltadas, pero también podés crear espacios verdes. Cuantos más espacios verdes creemos, mejor será la relación. Otra opción son los techos verdes. También es fundamental la separación de residuos orgánicos para compostaje", afirmó.

El ingeniero comentó que en su propio hogar realiza compostaje desde hace tres décadas, reduciendo considerablemente la cantidad de residuos enviados a disposición final y generando un abono rico en nutrientes.

El desafío del agua

Otro de los temas abordados fue la creciente escasez de agua dulce, considerada uno de los principales desafíos ambientales del siglo XXI.

"La disponibilidad de agua dulce es limitada; apenas representa el 0,01% del agua disponible. Tendríamos que tomar políticas de regeneración, almacenamiento y purificación. No puede ser que estemos tirando agua dulce al mar", planteó Bravo, al referirse también al agua que actualmente escurre hacia la ría a través del Canal Maldonado.

En ese sentido, sostuvo que Argentina necesita avanzar en políticas integrales de conservación del agua y del suelo, recordando que existe una ley nacional sobre esta temática desde 1983 que, salvo algunas excepciones provinciales, tiene escasa aplicación.

El especialista también buscó desterrar la idea de que producir y conservar son objetivos incompatibles.

Según explicó, el problema no radica en la agricultura sino en los sistemas de monocultivo que empobrecen progresivamente el suelo.

"Se puede producir bajo sistemas con rotaciones, cultivos de cobertura y prácticas de conservación. Argentina tiene algunos de los suelos más ricos del mundo y justamente por eso debemos cuidarlos", concluyó.

Acercar el suelo a la comunidad

Además de las conferencias, la jornada incluyó postas demostrativas donde los asistentes pudieron observar perfiles de suelo, técnicas de análisis de muestras, procesos de compostaje y aplicaciones de drones para monitorear movimientos de agua y erosión hídrica.

También se exhibieron veinte pósters científicos elaborados por seis grupos de investigación del Departamento de Agronomía, en una propuesta abierta y gratuita que permitió acercar el conocimiento académico a productores, estudiantes y vecinos interesados en comprender por qué, debajo de nuestros pies, se encuentra uno de los recursos más valiosos para enfrentar los desafíos ambientales del presente y del futuro.