Una pausa de invierno, antes del inicio del segundo tiempo
La columna semanal del corresponsal de La Nueva. en la capital de la provincia.
La actualidad política no da respiro frente a una coyuntura atravesada por permanentes roces políticos mezclados con una constante sensación de crisis económica. La poda de recursos nacionales hacia la provincia de Buenos Aires, por caso, ocupa buena parte de la agenda bonaerense, en paralelo con un significativo crecimiento de los movimientos de precalentamiento electoral en uno y otro lado de la grieta.
A horas del inicio oficial de las vacaciones de invierno en la Provincia, el contexto de ajuste económico aparece en todos los pronósticos ministeriales, pese a la amplia oferta turística del distrito. El receso de julio, junto al desenlace del Mundial, marcará el momento en que las cúpulas partidarias se meterán en zona de vestuarios para preparar el segundo tiempo del año, que inevitablemente estará marcado por el inicio de las primeras definiciones previas a 2027.
Mientras los libertarios ya activaron el dispositivo para impulsar la reelección del presidente Javier Milei por indicación de su hermana Karina, un arrebatado clima de tensión entre el cristinismo y el sector que responde al gobernador Axel Kicillof no cede dentro del universo peronista.
Pese a esos encontronazos internos, desde el entorno del mandatario provincial apuestan a polarizar contra aquellas cabezas visibles que tengan aspiraciones de ser candidatos a gobernador en representación de la alianza entre libertarios y macristas. “Santilli es Milei”, repiten en los pasillos, en un claro intento por meter al Jefe de Gabinete de la Casa Rosada en la lista de responsables por la quita de recursos de Nación a la PBA.
El kicillofismo, además, salió a reiterar su preferencia por continuar utilizando el método de las PASO como herramienta electoral para ordenar la competencia interna en Fuerza Patria, de manera de plantar un candidato único para enfrentar a Milei en las urnas del año que viene.
La postura no parece inapropiada. Se da en momentos donde el elenco libertario baraja distintas alternativas para reemplazar las Primarias por un esquema que habilite listas colectoras, una posibilidad que le permitiría atar acuerdos con gobernadores aliados y concentrar el respaldo presidencial en una candidatura única.
De a poco, la discusión por el calendario electoral vuelve a instalarse en la agenda política. Incluso alumbró en la Legislatura un proyecto de ley para impedir que las elecciones bonaerenses y municipales se realicen el mismo día que los comicios nacionales. La iniciativa apunta a que el desdoblamiento quede establecido por ley y se posicione como un nuevo frente de presión en la carrera por la sucesión gubernamental.
“Si hay algún sector que plantea que el campo popular tiene que ir dividido es porque quiere perder”, lanzó el ministro de Gobierno bonaerense, Carlos Bianco, poniendo en palabras el razonamiento de Kicillof y su mesa chica ante los camporistas que proponen competir con listas separadas en las presidenciales. En rigor, la relación entre el cristinismo y el kicillofismo atraviesa uno de sus momentos más delicados. El clima de hostilidad, los mensajes cruzados y las discrepancias públicas sobre el liderazgo del espacio reflejan una disputa que sigue escalando.
Tampoco ayuda a mejorar la convivencia interna que el diputado nacional y líder de La Cámpora, Máximo Kirchner, hable de “un hombrecito” en mensajes públicos que indirectamente apuntan contra el Gobernador. En ese contexto, no pocos ministros y legisladores que integran la coalición gobernante bonaerense cuestionan en voz baja el sólido apetito por lugares de poder que tienen varias espadas camporistas, casi como instinto de supervivencia.
Mientras la disputa política con el kirchnerismo puro se extiende y aún cuando probablemente se siga ampliando, la Gobernación de calle 6 parece no querer meter cambios en su gabinete para así impedir un quiebre formal.
Dicho en otras palabras, nadie quiere levantar la perdiz, pero todos saben que Kicillof cuenta en su equipo con varios funcionarios muy ligados con el entorno de la expresidenta Cristina Kirchner: son los casos de Juan Martín Mena (Justicia y Derechos Humanos), Nicolás Kreplak (Salud), Daniela Vilar (Ambiente) y Florencia Saintout (Instituto Cultural) además de funcionarios que están al frente de organismos claves, como el titular de la obra social estatal (IOMA), Homero Giles.
Tal vez sea una señal de que la convivencia institucional sigue vigente pese a las diferencias políticas, modificando “usos y costumbres” de la vieja política cotidiana.
Para después del receso invernal, se espera que la Legislatura bonaerense comience a ordenar y dinamizar un calendario de sesiones que durante el primer semestre mostró un ritmo dispar en ambas cámaras, y así comenzar el cierre de varios debates pendientes.
La atmósfera, se sabe, estuvo condicionada por las diferencias internas tanto en el oficialismo como en la oposición, con toda clase de gestos hostiles que inevitablemente postergaron la actividad en los recintos. En resumen, un cuadro de situación política que no sorprendió ni siquiera a los mozos de la cafetería del palacio legislativo.
De retomarse la actividad, entre las iniciativas que podrían ganar dinamismo figuran aquella discusión que tiene como objetivo completar la cobertura de vacantes ministeriales en la Corte bonaerense. Es una carta de negociación reservada que, aseguran varios, puede darle mayor gobernabilidad a Kicillof.