Monumento al “hombre que no podía ser espectador”
A 25 años de su designación como “Justo entre las Naciones”, la memoria de Florín Manoliú, diplomático que salvó a mas de 4 mil judíos húngaros y vivió más de 20 años en Bahía Blanca, quedó perpetuada en el Cementerio Británico de Buenos Aires.
Enclavado en el corazón del Cementerio Británico de Buenos Aires en el que descansan sus restos, quedó inaugurado el pasado domingo un monolito que homenajea la memoria del rumano Florín Manoliú, a 25 años de su declaración como “Justo entre las Naciones”, máxima distinción que Israel otorga a quienes salvaron judíos durante la Segunda Guerra Mundial.
Nacionalizado argentino en 1951, comparte ese mérito con personalidades históricas de la talla del empresario checo Oskar Schindler (en cuya historia se basó el film La Lista de Schindler galardonado en 1994 con siete premios Oscar) y vivió durante más de dos décadas en Bahía Blanca, donde ejerció la docencia y ocupó cargos directivos en la Universidad Nacional del Sur, hasta su fallecimiento, sucedido en abril de 1977.
“Desconocíamos que semejante héroe de la humanidad había sido enterrado aquí, hasta que en febrero de este año, tras un artículo publicado en “La Nación” en el que se mencionaban algunas de las muchas figuras ilustres aquí inhumadas, el periodista bahiense Gustavo Mandará nos puso al tanto de una historia formidable y digna de ser atesorada y destacada”, expresó John Hunter, presidente de la Comisión Directiva que administra los destinos de esta singular necrópolis, contigua a La Chacarita, quien tuvo a su cargo la apertura del acto y, junto a otros directivos de la institución como Andrew Gibson, promovió este significativo tributo.
De la ceremonia, desarrollada en el atrio de la capilla del cementerio, también participaron el embajador de Rumania, Dan Petre; el embajador de Israel, Eyal Sela; la presidente de B’Nai B’rith Argenina, Susana Chalon y los bahienses Raúl Woscoff, Arturo Guevara y Gustavo Mandará.
Integrantes del “Centro Raoul Wallenberg- Muestra Permanente del Holocausto”, fundado en 1999, Guevara y Woscoff fueron quienes en 2004 aportaron a Mandará, por entonces redactor de La Nueva Provincia, los primeros datos que daban cuenta de la enorme labor humanitaria desarrollada por Manoliú a partir de cuya valentía, no sólo se pudo salvar a mas de 4 mil judíos húngaros de ser deportados desde Budapest mediante la entrega de salvoconductos, si no también traer a Occidente el primer informe mecanografiado que dio cuenta del funcionamiento del campo de concentración de Auschwitz-Birkenau en el que la maquinaria de exterminio nazi, asesinó e incineró a millones de personas.
Hasta allí, el mundo desconocía por completo la dimensión del genocidio mas grande del siglo XX.
En “El hombre que no podía ser espectador”, un extenso artículo publicado por este diario el domingo 3 de octubre de ese año, con profuso sustento documental y testimonios de quienes lo conocieron, por primera vez en nuestro país, se revelaron hechos hasta allí solo registrados en documentos académicos y enciclopedias especializadas: una misión secreta cumplida por Manoliú, quien aprovechó su condición de representante de un país “neutral” durante la contienda, para viajar hacia el Este europeo y desarrollar una extraordinaria labor humanitaria durante la que arriesgó su vida y, en varias ocasiones, estuvo cerca de ser detenido por oficiales de la Gestapo y las temibles “S.S” alemanas.
A la hora de las alocuciones el embajador Petre, historiador de profesión, realizó una profunda autocrítica por el maltrato y la injusticia que su país, en procura de negar u ocultar su pasado colaboracionista con el Tercer Reich, cometió con Manoliú a quien, según sus palabras, “traicionó dos veces”: la primera al no ayudarlo a salvar vidas inocentes y la segunda, al ser perseguido por el régimen comunista que, encabezado por el infame dictador Nicolae Ceausescu, tomó el control del país tras la ocupación soviética y lo llevó a huir de su patria y refugiarse en Argentina.
Por su parte, su colega Sela, mencionó la relevancia que para su país adquieren los legados de los “Justos entre las Naciones” y remarcó “el valor universal de quienes como Manoliú, eligieron no quedarse cruzados de brazos y actuar frente al horror”.
Acto seguido, Mandará dio detalles sobre la investigación que le valió ser distinguido en 2005 con el premio nacional ADEPA de Periodismo y Derechos Humanos y destacó que “todos podemos necesitar en algún momento de alguien como Manoliú o, mejor aún, todos tenemos la posibilidad de intentar ser como él y ayudar a quienes necesitan ser salvados, incluso sin necesidad de estar en un contexto tan extremo como una guerra”.
A su turno, Raúl Woscoff, se refirió al dato para nada casual de que no haya diplomáticos argentinos en el listado de mas de 28 mil “Justos entre las Naciones”, como si hay españoles, italianos y suecos, entre otras procedencias.
“Esto se debió a una circular emitida a finales de la década de 1930 por la Cancillería Argentina en la que se instruía a todas las embajadas para que arbitraran los medios que evitaran que personas consideradas ‘indeseables’ pudieran llegar a nuestro país en búsqueda de refugio como consecuencia del conflicto bélico que afectaba a Europa”, explicó.
Según el ex presidente del Concejo Deliberante y ex intendente interino de nuestra ciudad, esto no hace más que realzar la actuación de Manoliú, quien por haber adoptado la ciudadanía argentina, puede ser considerado el único compatriota que integra tan selecta nómina. También destacó y valoró “el compromiso y la dedicación puestos de manifiesto por el Cementerio Británico para recoger el guante y mantener la vigencia del accionar heroico de Manoliú”.
Por último, el contador Arturo Guevara, quien por haber sido alumno y ayudante de cátedra de Manoliú, fue designado para asumir la representación del rector de la UNS en el acto, repasó la trayectoria del homenajeado como docente y directivo de dicha casa de altos estudios (de la que llegó a ser vicerrector en forma interina) e hizo votos para que, finalmente, “tanto la Universidad como la ciudad de Bahía Blanca”, imiten la actitud de las autoridades del Cementerio Británico y salden la deuda de realizar un merecido y necesario reconocimiento a este gran hombre.
Tras una emotiva invocación religiosa a cargo del gran Rabino de la AMIA, Eliahu Hamra y una interpretación de “La Oda a la Alegría”, a cargo del trompetista Rubén de los Santos, la ceremonia se cerró con el descubrimiento del monumento, que contiene una referencia con un “código QR” que permite a los visitantes acceder a un resumen biográfico del héroe.
La construcción fue erigida en un punto central de un predio caracterizado por una profusa arboleda, cuidados senderos enmarcados por floridos canteros y una arquitectura funeraria de gran belleza que atesora las memorias de personalidades muy destacadas de la historia argentina.
Entre ellas, los restos de Cecilia Grierson (primera médica del país); Alexander Hutton (considerado el introductor del fútbol como deporte en nuestro país); Melville Bagley (fundador de la fábrica de alimentos que lleva su nombre); el cineasta Leopoldo Torre-Nilsson, las escritoras Poldy Bird y María Elena Walsh; Natalio Botana (fundador del diario “Crítica”); el pionero de Tierra del Fuego, Thomas Bridges; Chub Ford, primer Gran Maestre de la Masonería Argentina; Fanny Haslam, abuela materna de Jorge Luis Borges; el piloto Kenneth Charney, conocido como “El Caballero Negro de Malta”, nacido en nuestro país y héroe de la aviación británica de la Segunda Guerra Mundial y Sara Ecclestone, la educadora estadounidense contratada por Domingo Faustino Sarmiento para reformar la enseñanza y fundar los primeros Jardines de Infantes.
El cementerio, que, con 206 años de historia, se considera la institución civil mas antigua del país, está ubicado en la avenida Elcano 4568. Puede recorrerse en forma libre y gratuita y se ofrece gran cantidad visitas guiadas con diversas temáticas a cargo de divulgadores especializados