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La Ría, un tesoro oculto de la naturaleza de nuestra región

"Recuerdos de un viaje fantástico", se denomina el escrito de la estudiante de Literatura, Lias Jose Thornton (*).

Fotos: Gentileza Guillermo Miconi

"La ría es un lugar al que sin duda podría categorizar como “fantástico”. Es algo tan cercano y lejano a la vez, casi imposible creer que forma parte de nuestra realidad, de nuestro espacio. 

Recuerdo el día que con mi madre la recorrimos, junto con los guardaparques, y bajamos a la Isla Bermejo. 

Ya desde el momento en que llegamos al puerto, con el sol saliendo, las fábricas despertando y la marea dorada subiendo de a poquito, podía sentirse en el aire la emoción. 

Al subir a la lancha, el primer rugido del motor ya me hacía cosquillas en la panza. “Espero poder grabarlo” decía mamá con la cámara de super8 ya en mano.

La primera hora de viaje fue por el canal principal, yo estaba atento a escuchar lo que decía Leandro, el biólogo, sobre las marismas y unas huellas de puma que habían encontrado días antes.

Juro que estaba concentrado, pero una vez que empezamos a adentrarnos en los brazos de la ría me perdieron.

Nunca creí posible ver con mis propios ojos un lugar tan llano, tan bello, tan puro. 

Al principio solo nos seguían las gaviotas, volaban cerca buscando los peces que el motor alejaba, pero después la magia comenzó a subir. 

Una manada de Toninas seguía el mismo camino que nosotros, mostrando sus aletas y camuflándose con las olas; aparecieron los flamencos con su plumaje rosa y los guanacos trotando por la orilla de nuestro destino.

A medida que nos acercábamos a la Bermejo el cielo se despejaba. Las nubes dejaban huecos que permitían al sol pasar como un rayo celestial, cual pintura religiosa con un ángel cayendo al mundo. Mamá reía emocionada con el ojo en la mirilla de la cámara.

Al bajar de la lancha ya no quedaban nubes. El sol pegaba sobre los trajes que nos prestaron para caminar por el agua y no mojarnos en el intento de llegar a tierra. 

Yo tuve que llevar la heladerita y el trípode. Subí a un pequeño banco de tierra y pude ver la isla completa. Todo era nada, tan vacío y a la vez tan lleno de todo eso que no se ve. 

El yuyaje amarillo y verde seco, una única casa abandonada apenas hacía relieve con los eucaliptos quemados por rayos. Estaba tan despejado el cielo que incluso a lo lejos se podía ver las sierras de La Ventana bien chiquitas.

Filmamos los cangrejos que nos picaban los pies entre las Salicornias, las huellas, a nosotros. Caminamos hasta la casita por un camino que no había. Al asomarme por el hueco de una puerta, me invadió una sensación pesada. 

La mugre, los esqueletos de las literas, la mesa con el truco a medias, la caca que dejaban los pájaros y los murciélagos que anidaban entre las paredes, las botellas de vino vacías. 

Era como tocar la soledad con las manos.

Cuando volvimos a la orilla mamá empezó a grabar algunas entrevistas con los guardaparques en lo que yo preparaba el mate. Mirando el mar entré en trance. 

La lancha ahí, sola, flotando en el agua que parecía terminar a tan solo unos metros adentro. Un cangrejo se subía entre mis dedos, pero no podía apartar los ojos del mar. 

Como se movía, como vivía. Rezaba para que la cámara pudiera hacerle un mínimo de justicia al revelar el rollo.

Me despabiló el llamado para juntar todo, había que apurarse antes de que la marea bajara y no pudiésemos volver. 

Después de guardar las cosas y subirlas a la lancha arrancamos con sanguchitos en mano. 

Cuanto más nos alejábamos más nubes volvían, como si intentaran ocultar aquel lugar, aquel mundo aparte, protegerlo de ojos impuros. 

Estuve todo el viaje de vuelta mirándolo, en parte para no perderlo, y en parte para retrasar la llegada a la ciudad con exceso de relieves. 

No quiero olvidar nunca esa experiencia. La sensación entre lo desolador y lo acogedor solo terminaban de confirmar lo que ya sabía: este es un lugar fantástico".

(*) Estudiante de Literatura y Escritura de la Universidad del Arte, con antepasados en Bahía. En 2025 estuvo en la ciudad y recorrió el lugar.