Bomberos voluntarios: entre la vocación y el desafío diario
El reconocimiento a quienes dedican su vida al servicio comunitario también pone en evidencia una realidad compleja: mantener un cuartel operativo exige recursos cada vez mayores
Recibido en 1993, acumula 28 años de trayectoria en el periodismo local. Ex jefe de la sección Deportes y La Ciudad y actual secretario de Redacción de La Nueva. Ex profesor de los dos institutos de Periodismo de la ciudad. Especialista en temas deportivos, sociales y gremiales.
Cada 2 de junio, Argentina celebra el Día Nacional del Bombero Voluntario, una fecha destinada a reconocer a miles de hombres y mujeres que, de manera desinteresada, están dispuestos a dejarlo todo para acudir cuando la comunidad los necesita.
Sin embargo, detrás de cada sirena que suena y de cada emergencia atendida existe una realidad menos visible: la de instituciones que deben afrontar crecientes costos operativos para sostener un servicio esencial y que dependen, en gran medida, del compromiso de la sociedad para seguir funcionando.
En Ingeniero White, el jefe de los Bomberos Voluntarios, Norberto Colace, conoce esa realidad como pocos. Lleva 44 años vistiendo el uniforme, aunque asegura que su historia con el cuartel comenzó mucho antes.
"Yo llevo 44 años como bombero voluntario. Más allá de los años, yo voy al cuartel desde que me llevaba mi papá, cuando tenía 2 o 3 años", cuenta.
Los festejos por el Día del Bombero Voluntario estuvieron cargados de emoción. Como ocurre cada año, comenzaron con una ofrenda en el monumento que homenajea a quienes integraron la institución y continuaron con un acto en el cementerio para recordar a los bomberos fallecidos. El cierre fue un almuerzo familiar donde se entregaron reconocimientos por antigüedad y trayectoria.
"Son días muy especiales donde se empiezan a encontrar los sentimientos, de todo tipo. De hecho, para nosotros los actos que organizamos son bastante emotivos", señala Colace.
Pero más allá de la celebración, la realidad cotidiana presenta desafíos cada vez más exigentes.
"No es un momento sencillo el que atravesamos. Tenemos que hacer malabares para aprovechar lo máximo posible la plata que se recauda y, por otro lado, hay gente que antes con un trabajo se arreglaba y ahora tiene que hacer alguna changa y eso va resintiendo al personal. Si no hay un apoyo atrás, de la familia, es muy complicado poder ser bombero voluntario", explica.
Actualmente el cuartel whitense cuenta con alrededor de 70 integrantes activos, una cifra que se ha mantenido estable durante los últimos años. Sin embargo, la demanda de intervenciones creció de manera significativa.
"En el cuartel somos alrededor de 70, que es un buen número y que se mantiene bastante constante a lo largo de todos los años. Lo que sí cambió es que la actividad aumentó bastante", sostiene.
En ese contexto, una de las noticias más alentadoras es la incorporación de nuevas generaciones. Hoy son 22 los jóvenes que atraviesan la etapa final de capacitación para sumarse al cuerpo activo.
"Actualmente hay un grupo de 22 jóvenes que están en vía de terminar la capacitación y poder sumarse al cuartel. No deja de sorprender que gente joven quiera incorporarse a esta actividad, sobre todo porque los bomberos voluntarios no reciben ningún ingreso; es una tarea que se realiza ad honorem", destaca.
Estar preparados
La vocación es indispensable, pero no alcanza para sostener una institución que debe estar preparada para responder ante incendios, accidentes, rescates e inundaciones.
Según datos del sector, mantener operativo un cuartel puede demandar cerca de 10 millones de pesos mensuales entre combustible, mantenimiento de móviles, seguros, servicios, equipamiento y gastos administrativos.
A ello se suma que gran parte de los elementos que utilizan los bomberos son importados y tienen costos muy elevados. Un equipo autónomo para ingresar a un incendio puede valer entre 3.500 y 5.000 dólares, mientras que un equipo estructural completo ronda los 2.000 dólares.
"Un cuartel cuesta muchísimo dinero mantenerlo en forma, en equipamiento. Sobre todo porque todo el equipamiento que usan los bomberos es muy caro y no se fabrica en el país", explica Colace.
Para afrontar esos gastos, los Bomberos Voluntarios de Ingeniero White combinan distintas fuentes de financiamiento.
"Por suerte también tenemos una comisión directiva, que también es voluntaria, que trabaja mucho y administra muy bien. Nosotros recibimos algunos subsidios de Nación, de Provincia y una tasa ambiental de la ciudad. Después hay algunas donaciones que recibimos de la comunidad, que por la situación económica actual tampoco se le puede pedir mucho", comenta.
La ubicación estratégica de White también permite generar algunos ingresos adicionales mediante servicios y capacitaciones brindados a empresas del sector industrial.
El compromiso de todos
A pesar de las dificultades económicas, los proyectos de mejora continúan. Aunque algunos planes de renovación de equipamiento debieron postergarse tras los temporales de los últimos años, la institución sigue apostando a fortalecer su capacidad de respuesta.
"En líneas generales estamos bien en equipamiento. Pero nosotros siempre estamos mirando un poco más y siempre pensando en mejorar", afirma el jefe de bomberos.
La frase sintetiza el espíritu de quienes integran los cuerpos de bomberos voluntarios en todo el país: personas que dedican tiempo, esfuerzo y hasta recursos propios para estar disponibles cuando alguien los necesita.
Por eso, pasado el reconocimiento del Día del Bombero Voluntario, el homenaje más importante tal vez sea comprender que detrás de cada intervención existe una institución que necesita sostenerse día a día. Y que cada aporte, cada colaboración y cada gesto de la comunidad contribuyen a que esos hombres y mujeres puedan seguir cumpliendo una función indispensable para la seguridad y el bienestar de todos.
Un golpe duro
Si hubo un episodio que puso a prueba la capacidad de respuesta y el compromiso de la institución fue la histórica inundación del 7 de marzo de 2025.
Mientras el agua avanzaba sobre Bahía Blanca e Ingeniero White, los bomberos no solo debieron asistir a cientos de vecinos, sino que también enfrentaron los daños sufridos por el propio cuartel y por sus familias.
"Una de las situaciones más difíciles que atravesamos fue la inundación de 2025. En la mayoría de los casos en los que actuamos nosotros no nos vemos afectados, pero esa situación afectó a casi todos y sin embargo la gran mayoría del personal se acercó al cuartel para salir y dar una mano", recuerda.
La emergencia provocó la pérdida de equipamiento y dejó fuera de servicio dos vehículos, aunque pudieron recuperarlos en poco tiempo.
"Nosotros en ese momento perdimos equipamiento. De hecho, perdimos dos vehículos, que los recuperamos bastante rápido", señala.
Durante aquellos días, cerca del 90 por ciento del personal trabajó sin descanso, muchas veces sin saber qué estaba ocurriendo en sus propios hogares. El cuartel se convirtió además en refugio para familias evacuadas, reafirmando un rol social que va mucho más allá de las emergencias.
"La reacción fue magnífica. Fue una situación muy atípica, que nunca habíamos vivido", resume Colace.