Fue arquero récord en Olimpo, convirtió un gol de arco a arco y era el peluquero de Carlitos Balá
En 1977 saltó del fútbol amateur al profesional, llegó a Arsenal de la mano de un joven Jorge Ledo y mantuvo una estrecha y larga amistad con Julio Humberto Grondona. Vive en Buenos Aires, veranea en Necochea y no se olvida de Bahía. “Si algo me enseñaron en la vida fue a ser agradecido”, dice Miguel Angel “Melele” Rivera.
“Olimpo se caracterizó siempre por contar con excelentes arqueros, algunos formados en el club y otros traídos desde afuera, pero históricamente fue un puesto muy bien cubierto”.
Dueño de una memoria prodigiosa, a los 68 años Miguel Angel Rivera le sigue sacando brillo a los datos que lo condecoraron en su década como futbolista profesional y, fiel a su costumbre, le agrega más jugo a sus ricas experiencias cuando hace hincapié en alguna de esas anécdotas que te sumergen de lleno en un pasado que despierta ese “¡Cómo me hubiese gustado estar ahí!”.
“Melele” Rivera, leyenda viva de la vida de Olimpo, voló a de palo a palo entre recuerdos que lo marcaron para siempre y dejó su impronta de hombre agradecido y persona de bien en el programa El Diario Deportivo, que se emite, de lunes a viernes, de 15 a 16, por La Nueva Play.
Nació el 23 de noviembre en la localidad rionegrina de Darwin (“En ese entonces contaba con 300 habitantes”, aportó a modo de estadística), a los 7 años, su papá, ferroviario de ley, pidió el traslado a nuestra ciudad y el primer deporte que practicó fue básquet, en el club Argentino y acompañado por sus hermanos Pedro y Daniel.
“No me gustaba, me aburría, y un amigo que siempre me bancó acá en Bahía, Darío Bonjour (foto), me invitó a ir a Olimpo. Cuando fiché, en 1970, fue para la séptima B y mi gran maestro del puesto era Osvaldo Pérez, quien atajaba en la Primera y el que me allanó el camino para que yo pueda crecer y realizarme como arquero”, se explaya el golero que en 1977 llenó el “libro Guinness” de los Récords en la Liga del Sur.
Ese año, después de debutar en la mayor del olimpiense tres temporadas antes, el 1 que vive en la misma casa del barrio bonaerense de Sarandí desde que se casó, hace ya 45 años con Gabriela Bansi, consiguió el récord de 665 minutos sin recibir goles. Fue entre la fecha 2 y 10 del torneo Oficial de la A liguista (del 3 de julio al 21 de agosto), racha que se inició con Pacífico de visitante, continuó frente a Comercial, Huracán, Sansinena, Rosario, Sporting, Villa Mitre y se cerró con el verde bahiense en el estadio Carminatti.
Justamente esa cifra, que se prolongó sin sometimientos cercanos durante 49 años, se cortó el domingo que pasó, con la presentación de Olimpo ante Alvarado por la novena programación del Federal A. En ese partido, el de nuestra ciudad cayó 2-0 pero el 1 de la Mungoneta, Juan Pablo Lungarzo, consiguió superar el número de “Melele”.
“Pilu”, actual guardameta titular olimpiense, llegó a 807 minutos (a los 7 de la segunda etapa le marcó Santiago “Sapo” Gutiérrez) sin recibir goles, convirtiéndose en el arquero de Olimpo que más tiempo mantuvo el arco invicto en la historia de la institución, que va camino a su 116 aniversario.
“Es un honor que me destrone un chico tan joven y que ataja en Olimpo, por su puesto. Le veo condiciones y mucho progreso, sé que va a llegar lejos”, calificó Rivera sobre el cuidapalos de Chivilcoy.
A rigor de verdad, la racha de Lungarzo fue entre dos certámenes de una misma categoría, en este caso el Federal A, entre 2025 y el ciclo actual, mientras que la de Rivera fue en un mismo torneo.
Volvamos a 1977: el 2 de octubre “Melele” metió un gol de arco a arco (en el Carminatti, a Valpardo, arquero de Pacífico) en la segunda final por el título local, que quedó a manos del aurinegro por esa “perlita” única y, todavía hoy, irrepetible en el fútbol de nuestro medio.
“Iban 14 minutos del primer tiempo, agarré la pelota, lo miré a Yaconis, quien me hizo una seña, y le pegué fuerte, sin tanta altura pero con mucha velocidad; Valpardo miraba a los atacantes nuestros, a ver quien iba a ir a buscar el envío, pero cuando se dio cuenta, el balón picó en el punto penal y se le metió”, rememoró sobre aquella conquista, en el arco de calle Chile, que le dio el campeonato al dueño de casa.
“Fue mi último partido en Olimpo, porque al otro fin de semana me fui a probar a Independiente. El técnico era Omar Pastoriza, quien me dijo ´Lo quiero dejar en el plantel, pero tenemos todo arreglado con el whitense Héctor Baley´. Una lástima”.
“Entonces, Julio Humberto Grondona, un dirigente de lujo y, además, amigo, ni lerdo ni perezoso, me llevó a Arsenal, donde manejaba todo el fútbol”, admitió el peluquero jubilado, que perseguido por serias lesiones de rodilla alcanzó a atajar, después de Arsenal, en Gimnasia La Plata, Chacarita (1981-1983, donde ascendió de la C a la B y de la B a la A), Deportivo Español (“Ahí viví del fútbol”, aclara), El Porvenir (1985), San Lorenzo (1986) y Atlanta (´87-´88, donde se retiró).
“Sigo manteniendo mi peluquería, en el barrio de Recoleta, pero solo corto a clientes que siempre confiaron en mi. Voy a la mañana, hasta el mediodía, porque ahora la prioridad es mi familia”, afirmó antes de hablar de Jorge Eduardo Ledo: “Fue mi segundo papá, un ser humano que dejó su salud por un sueño llamado Olimpo”.
Había una anécdota que no podía faltar y “Melele” largó una amplia y larga sonrisa antes de empezar a contar: “Uno de mis clientes preferidos, que nunca dejó de venir, fue Carlitos Balá, aparte de Patricia Bullrich y el Cholo Simeone, por tirar algunos que me vienen a la mente ahora, pero Balá llegaba, se cortaba y se quedaba largos ratos haciendo reír a la gente”, detalló.
Y siguió: “Cuando Carlitos entraba y no lo veían, sobre todo el que estaba leyendo o lavándose la cabeza, iba hasta la pileta, se ponía atrás del cliente y seguía lavándole la cabeza él. Cuando terminaba le preguntaba, ´¿Y, cómo quedó?´, vaya pase al sillón que esta listo para el corte´. ¡Cuando lo veían!; la pucha, lo que lo extraño, fueron momentos felices e inolvidables, me hizo divertir mucho, ya no escucho el famoso ´suncutrule´, que le hacía a cada uno que entraba a la pelu”.
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