La “39 Grande”, el gigante dormido de White que aún resiste al olvido
La histórica locomotora a vapor que supo unir Bahía Blanca con Constitución permanece abandonada junto a las viejas cantinitas de Ingeniero White.
Subjefe de la Sección Deportes con especialización en temas deportivos. Más de 30 años comentando fútbol y otro tipo de actividades; además de haber realizado coberturas en todo el país con la incursión de los elencos bahienses en la elite del fútbol nacional. También coberturas del seleccionado Argentino en acontecimientos como Copa América y amistosos internacionales.
Por momentos parece apenas un montón de hierro vencido por el tiempo. Quieta, castigada por el óxido y las inclemencias del clima, la vieja locomotora descansa desde hace años junto a la calle Guillermo Torres, en el sector de las tradicionales cantinitas de Ingeniero White.
Sin embargo, detrás de esa estructura deteriorada sigue latiendo una historia enorme, como es la de la “39 Grande”, una de las máquinas más imponentes que recorrieron el sur argentino.
La Vulcan Foundry clase 12E Nº 3.913 fue durante décadas orgullo del Ferrocarril del Sud. Con sus 22 metros de largo, 150 toneladas de peso y una potencia capaz de alcanzar velocidades cercanas a los 150 kilómetros por hora, encabezó los trenes expresos de pasajeros que unían Bahía Blanca con Plaza Constitución.
No era una locomotora cualquiera. Era la máquina que atravesaba estaciones emblemáticas como Saavedra, Tornquist, Sierra de la Ventana, Coronel Suárez, Olavarría o Cañuelas antes de llegar a Buenos Aires. En épocas donde el ferrocarril era el gran articulador del país, miles de pasajeros confiaban en ella para viajar por trabajo, estudios o vacaciones.
Quienes la vieron pasar todavía la recuerdan como un espectáculo imposible de olvidar. El silbato atravesando la estación, el vapor cubriendo los andenes y aquella mole negra avanzando sobre los rieles daban una sensación de fuerza difícil de describir.
En Ingeniero White, la llegada y salida de aquellos trenes formaba parte de la vida cotidiana. Los bares cercanos a la estación, las fondas de puerto y las cantinitas se llenaban de ferroviarios, foguistas y pasajeros que esperaban el horario de partida.
El humo de las locomotoras se mezclaba con el olor a mar y cereal que llegaba desde los muelles y elevadores.
La “39 Grande” también supo ser protagonista de una época dorada del ferrocarril, cuando Bahía Blanca tenía una de las playas de maniobras más importantes de Sudamérica y el movimiento ferroviario -tanto local como de larga distancia- marcaba el ritmo económico de toda la región.
Hace algunos años, la posibilidad de rescatarla estuvo muy cerca. El proyecto contemplaba trasladar la locomotora al museo Ferrowhite para iniciar tareas de restauración junto a ex ferroviarios, ferroaficionados, docentes y alumnos de escuelas técnicas. La intención era recuperar la cabina, reconstruir piezas y preservar la estructura exterior para convertirla en una pieza histórica viva.
Todo estaba preparado. Las vías existían y la máquina iba a ser cedida. Pero faltó lo mínimo, apenas 5 mil pesos para montar un pequeño tramo de rieles y concretar el traslado. La falta de esos recursos dejó truncó un proyecto que buscaba preservar una pieza clave del patrimonio ferroviario local.
Desde entonces, la “39 Grande” siguió deteriorándose. En los últimos años sufrió actos vandálicos e incluso incendios que agravaron aún más su estado.
Aun así, para muchos ferroviarios y vecinos de White continúa siendo un símbolo de una época en la que el tren era sinónimo de trabajo, progreso y movimiento constante.
Porque alrededor de aquellas locomotoras no sólo giraban los viajes. También crecieron barrios, talleres, estaciones y familias enteras vinculadas al ferrocarril y al puerto.
El sonido del tren formó parte de la identidad cotidiana de Bahía Blanca durante gran parte del siglo XX.
Hoy, mientras otras ciudades del mundo recuperan antiguas máquinas a vapor para circuitos turísticos y paseos históricos, en White todavía persiste el sueño de volver a escuchar el silbato de una locomotora encendida.
Tal vez sea imposible devolverle la vida completa a la “39 Grande”, porque el desgaste de la caldera y el paso de los años hacen inviable su funcionamiento original. Pero conservarla, protegerla y transformarla en patrimonio vivo todavía parece una deuda pendiente.
Aunque ya no eche humo ni arrastre vagones, la vieja locomotora sigue contando una historia de un tiempo en que Bahía Blanca crecía al ritmo del ferrocarril y en que el vapor marcaba el pulso de toda una ciudad.