El partido más difícil de Franco Cuello en La Armonía: “Hay riesgo de vida, pero quiero seguir jugando”
Al volante central criado y formado en el velezano le detectaron una trombosis profunda en la rama venosa del gemelo izquierdo y lleva un mes y ocho días alejado de su otra “enfermedad”, la que, y parece mentira, le da salud y ganas de vivir: el fútbol.
Egresado del Instituto Superior en Ciencias de la Comunicación Social. Cronista de la sección Deportes de La Nueva. desde el 9 de octubre de 1995, especializado en fútbol. Entre 2002 y 2018 cubrió a Olimpo en Primera división. Trabaja en televisión y radio. Además, integró el equipo periodístico de "El Diario del Mundial", que se emitió en La Nueva Play.
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Lo conozco desde que empezó a dar sus primeros pasos con la pelota y sé perfectamente que, por más que intente naturalizar que es una enfermedad que va a superar sin consecuencias, su mente, su corazón y hasta su alma le avisan a diario, con crudeza y realidad, que es todo lo contrario. Y lo ponen frente a un panorama donde las decisiones son flechazos directos hacia un destino que puede caer en manos de Dios o… Mejor lo voy a dejar ahí.
“Si tengo que abandonar el fútbol me muero”, fue la reflexión inicial de Franco Cuello, hasta no hace mucho capitán y patrón de La Armonía, afectado por una trombosis profunda en la rama venosa del gemelo izquierdo.
“Después del partido ante san Francisco, que ganamos 2-1 (fecha 5 del Apertura de la A liguista, el domingo 12 de abril), empecé a sentir un intenso dolor en la pierna izquierda, desde el tobillo hasta la pantorrilla. Pensé que era una contractura, había corrido bastante, pero el martes me sentí peor y el miércoles, directamente, no podía pisar ni caminar”, entró en tema “Franquito”, quien lleva un mes y medio de tratamiento y se perdió los duelos ante Bella Vista, Libertad y Sporting.
“Cuando me fui a hacer la ecografía, el diagnóstico fue claro y preciso; trombosis y edema difuso en el gemelo interno, la misma patología que atravesé en 2021”, relató mientras el aire, en la zona de vestuarios del estadio velezano, se tornaba cada vez más denso y ya no había sombras que iban y venían a nuestro alrededor.
“Si no la trato, es una enfermedad grave, porque es crónica y la voy a tener para siempre. La vengo frenando con tratamiento y por eso puedo seguir jugando, aunque la dosis de anticoagulantes que recibo ahora es mayor a la de hace cinco años. Es como que ahora me afectó más fuerte, con otros síntomas y dolores más prolongados”, indicó el volante central que siempre defendió los colores de su amado La Armonía.
“Mientras dura el tratamiento, que es de tres meses, solo puedo trotar, evitando roces e impactos. Hace una semana volví a entrenar con mis compañeros, pero todavía no puedo hacer nada con pelota ni exigirme en lo físico”, resaltó quien cumplió 124 partidos en la mayor de la V.
Según la ciencia, la trombosis en sí misma no se hereda, pero sí se puede heredar una condición genética llamada trombofilia.
También leí que “La trombosis es un buen ejemplo de enfermedad compleja, donde la acción de múltiples genes y su interacción con factores ambientales determinarán en cada individuo el grado de susceptibilidad a padecer un coágulo de sangre que, si se detecta a tiempo, puede ser absorbido para evitar que crezca y se traslade a otras partes del cuerpo, previniendo así complicaciones graves”.
“Es así. Por lo que me dijeron, es una enfermedad hereditaria, no es casualidad que a mi papá (Rodolfo, actual DT de la primera de Larmo), también le haya agarrado ahora en una de las piernas. Fito (con él en la foto) es un guerrero y no se queja nunca, pero también se está haciendo tratar”, contó invadido por la preocupación y la incertidumbre.
“Corro el riesgo de no poder seguir jugando al fútbol y lo sé. En 2021, cuando me detectaron la trombosis, llevaba tres partidos en Primera y el hematólogo me había aconsejado dejar porque era peligroso, pero algunas consultas a profesionales de Buenos Aires y a flebólogos de otras ciudades me dieron crédito, con una dosis chica y poco riesgosa de anticoagulante, para que lo siga intentando”, avanzó con cautela.
--Y pasaron cinco años…
--Sí, los síntomas fueron parecidos a aquella vez. Ahora el informe de mi hematólogo (Martín Beccacece) fue más preciso y acentuado: que avalué bien que voy a hacer con el fútbol, porque ya jugué bastante y no sería una locura retirarme a los 24 años (en la foto con su novia Catalina Piangatelli).
--Primero la vida y después el fútbol, aunque muchas veces vos y tu familia han trocado el orden de prioridades.
--Mi mamá (Natalia Garberi) prefiere que cuelgue los botines, aunque a mí no me entra en la cabeza tener que retirarme tan joven. Existe un riesgo de vida, es una realidad, pero el fútbol es mi otra enfermedad, la buena, y no lo puedo largar.
“Me queda un mes y medio para el próximo eco Doppler. Si la vena se destapó y está todo bien, voy a jugar, caso contrario seguiré con el tratamiento hasta que las piernas recuperen el flujo sanguíneo normal”.
--No es una enfermedad común entre futbolistas, ¿pudiste hablar con algún colega?
--Lo charlé con el Profe nuestro, Marcos Galeano, que estuvo mucho tiempo en Olimpo y trabajó con planteles de Primera división, pero él me aclaró que nunca vio un caso parecido al mío, que jamás un jugador le manifestó que padecía de trombosis y no podía entrenar. Del único que me acuerdo es de Nicolás De la Cruz, volante de River que sufrió los mismos síntomas que yo en 2021. Después, no conozco otros casos.
--¿Se sufre mucho viendo los partidos desde afuera?
--Los nervios me matan, me tiembla el cuerpo y aliento como puedo. Soy enfermo de La Armonía y lo único que quiero es que al club le vaya bien.
--Y si dentro de un mes y medio te dicen: “No podés jugar más al fútbol”, ¿cómo reaccionarías?
--Después de resucitar tras la noticia, hago como Emiliano Díaz con su padre (Ramón) y me convierto en ayudante de campo de mi viejo. Sería un tercer auxiliar, porque a “Pelusa” (Pérez) no lo sacó ni con una amoladora de al lado de Fito.