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La cruda realidad del comercio bahiense: “Hay días en que no entra nadie al local”

Facundo Borri, presidente de la Cámara del sector, describió un escenario de negocios que cierran todos los meses, empresarios que se van y venden hasta los maniquíes y salarios que se pagan en cuotas.

Las liquidaciones aparecen en casi todos los comercios. / Fotos: Rodrigo García y Emmanuel Briane-La Nueva.
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Audionota: Romina Farías

“La gente no tiene plata”.

La crisis económica golpea con fuerza al comercio de Bahía Blanca y la preocupación del sector crece mes a mes. El presidente de la Cámara de Comercio local, Facundo Borri, definió así el panorama alarmante sobre la situación que atraviesan los comerciantes, en medio de una caída sostenida del consumo, aumento permanente de costos, presión impositiva, alquileres difíciles de sostener y una fuerte sensación de agotamiento generalizado.

“Hoy el problema no es si vendés caro o barato. Directamente no hay plata circulando”, resumió Borri al intentar explicar por qué, incluso, las liquidaciones agresivas y las promociones ya no logran mover las ventas.

Según contó, la recesión que atraviesa el país lleva más de siete meses consecutivos y en Bahía Blanca el impacto se profundizó por las consecuencias de la inundación y los eventos climáticos recientes.

“Nos endeudamos para arreglar negocios, vehículos y viviendas creyendo que esto iba a tener un horizonte de mejora. Pero la caída de ventas fue muchísimo peor de lo que imaginábamos”, afirmó.

El dirigente aseguró que el escenario actual ya supera, incluso, momentos críticos recientes. “Estamos vendiendo menos que en la pandemia y menos que en el mes de la inundación. Muchos comerciantes atraviesan jornadas completas sin abrir caja; hay días que no entra nadie a un negocio”, remarcó.

Uno de los aspectos más preocupantes, según Borri, es el cierre sostenido de locales comerciales en distintos sectores de la ciudad. Estimó que entre cuatro y seis comercios bajan la persiana cada mes y advirtió que la situación viene agravándose desde diciembre, especialmente en cada cambio de temporada.

Facundo Borri, presidente de la Cámara de Comercio local.

“Uno aguanta esperando que venga la nueva temporada y se reactive algo, pero nadie se anima a invertir porque no sabés si vas a vender la mercadería”, explicó.

Borri contó, además, su propia experiencia personal. Después de décadas en el rubro comercial, confirmó que este mes cerrará el último negocio que le quedaba abierto, el de calle O’Higgins. “Imagináte esos locales de O’Higgins 8 y 10, que hacía 20 años que no se desocupaban”, aseguró.

“Ahí te das cuenta la recesión que estamos teniendo, que hay ocho locales en el microcentro en alquiler que no se alquilan, hay 30 comercios que quieren vender su llave que no se venden… Es estar todos los días ahí y ver que cierran las persianas”, agregó.

“Es muy triste porque nos hemos reinventado de un montón de formas, como en pandemia. Pero cuando vos decís ‘estoy vendiendo menos que en la pandemia; estoy vendiendo menos que en el mes de la inundación’, ya no sabés qué hacer”, aseveró.

“A partir de 2015 empezamos a ver que esto no tenía salida y nos fuimos achicando. Hoy ya estamos liquidando todo”.

La imagen que más se repite en los comercios que bajan la persiana, según describió, es la venta total del mobiliario.

“Antes guardabas las cosas por si volvías a abrir. Hoy se vende hasta las perchas y los maniquíes porque ya no se quiere saber más nada”, sostuvo.

El presidente señaló que detrás de cada cierre hay una cadena mucho más profunda que afecta a familias enteras.

“Cerrar no es bajar la persiana y listo. Quedan indemnizaciones, impuestos, deudas bancarias, alquileres, cargas sociales y proveedores que dependen de vos”, explicó.

Incluso, reveló que en muchos casos los comerciantes deben elegir qué abonar primero. “Hoy muchos están pagando sueldos en cuotas. Llega un momento donde tenés que decidir si pagás el alquiler, la luz, un cheque o un salario”, lamentó.

“El comercio se funde trabajando”

Borri insistió en que el principal reclamo del sector pasa por la presión tributaria y financiera. Según explicó, la carga impositiva atraviesa toda la cadena comercial y termina impactando en el precio final de los productos.

“Todo tiene impuestos, como el IVA, impuesto al cheque, débitos, créditos, cargas bancarias. El fabricante vende con IVA, el mayorista vende con IVA y el comerciante vuelve a vender con IVA. Terminás con una carga enorme imposible de sostener”, afirmó.

A eso se suman los costos financieros y las promociones bancarias. “Muchas veces los descuentos de los bancos los termina absorbiendo el comerciante. Entonces hacés un 30 % de descuento y prácticamente vendiste perdiendo plata”, señaló.

El dirigente sostuvo que el problema actual ya no pasa únicamente por los precios altos. “Hoy, aunque vendas al costo no alcanza. La gente no tiene capacidad de compra”, aseguró.

En ese contexto, reclamó medidas urgentes para aliviar al sector.

“No pedimos subsidios ni que regalen plata. Pedimos poder trabajar. Necesitamos baja de impuestos, créditos accesibles, moratorias y que se suspendan ejecuciones e inspecciones para darle aire al comerciante”, expresó.

También cuestionó que Bahía Blanca no haya recibido beneficios especiales luego de la inundación. “Esperábamos moratorias, suspensión de juicios o alivio impositivo y no llegó prácticamente nada desde Nación ni Provincia”, afirmó.

La comparación con 2001

Durante varios tramos de la entrevista, Borri comparó el presente con la crisis económica de 2001 y 2002. “Esto me hace acordar muchísimo a esa época. Los negocios vacíos, sin ventas y la incertidumbre permanente”, dijo.

Sin embargo, marcó una diferencia importante respecto de aquel contexto. “En ese momento no había inflación constante, ni estos aumentos permanentes de servicios y costos. Todo estaba frenado”, recordó.

Incluso, contó que en aquellos años llegó a conseguir seis meses de gracia para alquilar un local debido a la situación económica general.

“Hoy parece que nadie ve la crisis. Muchos propietarios siguen aumentando alquileres aunque el local esté vacío”, criticó.

En ese sentido, el dirigente describió un escenario extremadamente complejo para quienes alquilan locales comerciales. Según explicó, en muchos casos los aumentos quedan “a criterio del propietario” y no necesariamente siguen la inflación real.

“Hay propietarios conscientes que ayudan, pero son muy pocos. Muchos te aumentan porque el local de al lado se alquiló más caro”, remarcó.

También recordó que durante la pandemia y la inundación muchos comerciantes debieron seguir pagando alquiler completo, aun con los locales cerrados o bajo agua. “Muy pocos dieron meses de gracia o ayudaron realmente”, dijo.

Además de los alquileres, mencionó el aumento constante de los servicios públicos. “La luz aumenta todos los meses y afecta directamente los costos. Llegamos al punto de ahorrar hasta en detergente o papel para no tocar personal”, explicó.

Competencia desigual e informalidad

Otro de los puntos que más preocupa al sector es la competencia con productos importados y plataformas extranjeras. Borri aclaró que muchos comerciantes locales ya se adaptaron a las ventas online y que trabajan, incluso, con Mercado Libre.

“No le tenemos miedo a las plataformas. Después de la pandemia todos nos aggiornamos”, afirmó.

Sin embargo, señaló que la preocupación principal pasa por los productos que llegan desde China y los grandes pools de compra.

“Es imposible competir con esos precios si nosotros pagamos todos los impuestos”, aseguró.

También habló del crecimiento de comercios manejados por comunidades chinas y de grandes tiendas multiproducto. “Mientras paguen impuestos y estén en regla, la competencia es bienvenida”, aclaró.

“Hoy el problema no es si vendés caro o barato. Directamente no hay plata circulando”.

No obstante, reconoció que la situación económica está empujando a la informalidad. “Muchos cerraron el local y venden desde su casa o por redes sociales, porque sostener un negocio formal es cada vez más difícil”, señaló.

En ese sentido, advirtió sobre la proliferación de ferias y ventas informales sin controles. “No puede venderse mercadería trucha o sin control mientras el comercio formal paga todo”, resumió.

“Hoy un comercio que está con la soga al cuello tiene que afrontar los despidos, las indemnizaciones, las moratorias que traes de AFIP, de ARBA; la deuda que tenés generada, porque nada es gratuito y porque el sistema que tenemos tributario te acompaña todo el tiempo para tus ventas y las futuras ventas que aducen o calculan que vas a tener”, resaltó.

“Pero en un momento de recesión como el actual se debe acompañar también al emprendedor, al comerciante y la gente. ¿Cuál sería una buena medida? Buscar alternativas para que la gente tenga más plata en el bolsillo. Una sería bajando impuestos.... ¿De qué manera? Con moratorias a muy largo plazo, con créditos blandos para poder afrontar las deudas. No tenemos crédito y hay récord de cheques rechazados y negocios cerrados. Si estás viendo este panorama general y políticamente no hacemos nada, en lo inmediato todo va a terminar muy mal”, describió.

Centro, barrios y cambio de consumo

Borri también analizó cómo cambió el movimiento comercial de la ciudad en los últimos años. Reconoció que el centro perdió parte de su peso histórico debido al crecimiento de polos barriales y a las nuevas formas de consumo. “La gente hoy consume más cerca de su casa y también mucho por redes sociales”, explicó.

Sin embargo, sostuvo que el centro sigue funcionando como punto de encuentro y defendió las actividades organizadas junto al municipio para atraer público. Entre ellas mencionó La Noche del Centro y La Noche de Villa Mitre o el reciente descuento en los shoppings a nivel nacional.

“Sabemos que no solucionan la crisis, pero ayudan a generar movimiento y darle un respiro al comerciante”, señaló.

En ese aspecto, destacó el acompañamiento del municipio local y el diálogo permanente, algo que, según dijo, no ocurría en anteriores gestiones. “Hoy tenemos diálogo, nos escuchan y nos reciben. Antes eso no pasaba”, afirmó.

También valoró la decisión de llevar eventos culturales y comerciales a distintos lugares de Bahía para fomentar el consumo.

Transporte, horarios y empleo

Otro de los temas abordados fue la posibilidad de modificar horarios comerciales para ahorrar energía o adaptarse a los problemas del transporte urbano.

Borri rechazó esa alternativa y sostuvo que reducir horarios solo empeoraría la situación laboral. “Cerrar más temprano perjudica muchísimo a la gastronomía y al empleo. Es algo que ya se probó y no funcionó”, aseguró.

Además, cuestionó que el funcionamiento comercial dependa de los horarios del transporte público.

“No puede ser que una ciudad limite su actividad económica porque no hay colectivos; eso sería pensar en un sector y no en el resto de los trabajadores. Hay que buscar soluciones para que la gente pueda trabajar y su trabajo se vea recompensado”, expresó.

“Después de la pandemia cambió la mentalidad y la gente si tiene un peso lo gasta. Por eso la salida pasa por devolver capacidad de compra; necesitamos que haya más plata en el bolsillo para mover el consumo”.

Según explicó, el comercio local ya intentó todo tipo de estrategias, como promociones, descuentos, ventas online, eventos y liquidaciones permanentes. Pero advirtió que, sin una recuperación económica general, será muy difícil revertir la situación.

“La sensación es que estamos cada vez más metidos en los problemas políticos y menos en los problemas reales de la gente”, reflexionó.

Finalmente, dejó una definición que resume el clima que atraviesa hoy gran parte del sector comercial bahiense: “No queremos que nos regalen nada. Queremos poder abrir la persiana, trabajar y vender, como se hizo toda la vida”, concluyó.