Parque de la Ciudad, un espacio distinto con un pasado de remate
En 1941 la firma González Martínez inauguró su quinta de remates y ferias. Desde 1994 es uno de los parques de la ciudad.
Es periodista, ingeniero civil y docente de la Universidad Nacional del Sud en materias relacionadas con el Patrimonio arquitectónico y el planeamiento urbano. Ha publicado notas en revistas Vivienda, Todo es Historia, Obras & Protagonistas y Summa +. Participa en varios micros radiales referidos a la historia de Bahía Blanca. En dos ocasiones recibió primera mención por parte de ADEPA en el rubro Cultura e Historia.
En 1994, a partir de la propuesta del entonces jefe comunal Jaime Linares, y con el visto bueno del Concejo Deliberante, la municipalidad adquirió parte del predio donde durante por más de 50 años funcionó el lugar de ferias y remates ganaderos de la firma González Martínez –entre Castelli y 9 de Julio, Manuel Ugarte y Kloosterman-- dotando a ese sector de un nuevo paseo, al que se bautizó parque de la Ciudad.
Si bien la génesis del espacio no tenía que ver con servir como paseo, su función inicial exigió un pensamiento relacionado con ese destino, ya que era un lugar donde cada miércoles se realizaban muy concurridos remates ferias, punto de ventas pero también de encuentro y sociabilidad. Por eso estaba equipado con todos los servicios y hasta un edificio destinado a funcionar como bar y restaurant.
La quinta fue habilitada en 1941 y González Martínez se encargó de dotarla de una nutrida forestación que son hoy añosos ejemplares que aportan sombra y calidad al paisaje.
La firma
La historia de González Martínez se remonta a 1883, como continuadora que fue de la casa de remates fundada por Luis Caronti, destacado comerciante y político local.
En el tiempo fue modificando su nombre, a José Ochoteco, Elizalde y Cía; luego a José Louge y Schuel y desde 1918 Avelino González Martínez, que luego sumó a Modesto y Prudencio González Martínez. la actividad de la firma era variadísima, desde la comercialización de haciendas, cereales, alfalfa y la realización de remates-feria, pasando por compra y venta de campos, administración de establecimientos rurales, venta de lanas y cueros en los mercados Victoria y Central de Buenos Aires y de hacienda en los de Liniers y Avellaneda.
La empresa cerró su historia en 1994. Su actividad marcó toda una época de la historia local y regional.
La quinta
En 1941 la quinta se extendía hasta el camino de Circunvalación. Un pintoresco edificio dominaba la escena al ingresar a la quinta –el cual todavía se conserva—que funcionaba como bar restaurant, escritorio y dependencias.
Luego estaba la estructura necesaria para la actividad de los remates, desde los rings de ventas con sus respectivas tribunas, el sector de balanza para el pesaje de los vacunos, una sección destinada a lanares, un tanque australiano, algún molino de viento y demás dependencias.
Jaime Linares, impulsor de la compra del lugar, recuerda hoy que hubo alguna resistencia al principio en cuanto a la operación, pero finalmente logró el visto bueno del Concejo. “Lo que salió a la venta en 1993 era un predio más grande, de 25 hectáreas, pero nos aprobaron la compra de 15. Recuerdo que había una tribuna de madera muy linda que no pudimos comprar y se desarmó, hubiera quedado preciosa. Si bien hoy el lugar necesita algo de inversión es muy usado por la gente y su calidad como paseo es espectacular”, señala quien fuera tres veces intendente electo.
El presente
El parque de la Ciudad fue poco a poco encontrando su destino. Los fines de semana en particular tiene un interesante movimiento, con una concurrida feria, un sector de fogones, un adecuado equipamiento de bancos y mesas, mucha sombra y una pista de baile donde suelen tocar bandas en vivo. Funciona además el Museo de Ciencias y hay una atractiva muestra de aves.
Si se accede por calle Vieytes se pasa por la zona de los corrales, testimonio de aquella actividad original. También en proximidad del museo existe otro pequeño corral evocativo.
Los bancos de la avenida Alem
Un aporte adicional que ofrece la quinta es un grupo de bancos similares a los que existen en la avenida Alem.
Todos en magníficas condiciones, con un color gris claro que, a diferencia de los de Alem, está muy cerca del tono original al no estar afectado por la contaminación vehicular.
Considerando que los de la avenida se colocaron en 1942, es factible que los de la quinta hayan sido adquiridos al mismo fabricante.