Bahía Blanca | Sabado, 28 de marzo

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Una jugada de último recurso que va tomando fuerza en la PBA

La columna semanal del corresponsal de La Nueva. en la capital de la provincia.

Una semana corta con apenas 72 horas hábiles le cayó como anillo al dedo a la agenda política para ganar tiempo. En medio de la creciente confrontación política por la poda de recursos económicos que corresponden por ley a la provincia de Buenos Aires pero son retenidos por el Gobierno nacional, el conflicto parece agravarse entre el espacio libertario que conduce el presidente Javier Milei y la gestión gubernamental de Axel Kicillof.

El estancamiento económico y una serie de leyendas urbanas sobre “traiciones internas” detrás del caso $Libra que potencian la preocupación dentro del staff violeta por potenciales implicancias judiciales terminan de aderezar el menú que no pierden de vista en la capital bonaerense.

Con cuestionamientos sobre el rumbo económico y el impacto del ajuste nacional sobre la Provincia, Kicillof va preparando el terreno político. Necesita visibilizar el diagnóstico de asfixia económica ante la agenda mediática marcando un escenario de extrema gravedad institucional. Sabe que al Gobierno nacional tampoco le conviene un escenario de conflictividad social, principalmente, en el intensamente poblado Conurbano.

El Gobernador busca construir un gran frente con intendentes de distintos colores políticos para resistir el recorte de fondos con terapia grupal y búsqueda de caminos alternativos de sanación económica. Provincia y municipios comparten diagnósticos por problemas similares como trastornos de ansiedad por la llegada de fondos frescos para descomprimir la situación financiera.

“Sabemos que nuestra sociedad está padeciendo las consecuencias de las políticas económicas de Milei. En un contexto tan complicado, con un Gobierno nacional que está aplicando un ajuste feroz sobre la educación, la obra pública y las provincias”, explica el Gobernador, otra vez, necesitado de la asistencia de alcaldes con peso territorial para imponer su género discursivo.

No se trata de una caminata silenciosa, como la que organizaba tiempo atrás la exgobernadora del PRO María Eugenia Vidal durante aquellas jornadas de “retiros espirituales” para fomentar la meditación política dentro de su gabinete, mientras la población bonaerense transitaba momentos en incertidumbre por el malestar económico y social, según conmemoran en laboratorios peronistas.

El frente de tormenta financiera se oscurece aún más por la falta de acceso al crédito. La Provincia requiere de la autorización del ministro de Economía de la Nación, Luis “Toto” Caputo, para la ejecución de un endeudamiento que le permitiría contraer una deuda de hasta 3685 millones de dólares, según la ley de financiamiento que aprobó la Legislatura bonaerense a fines del año pasado por pedido de Kicillof. 

En ese endeudamiento es donde figura el famoso “Fondo de emergencia y fortalecimiento de la inversión municipal” que garantizaba importantes porcentajes económicos para los intendentes hasta 2027.

Hasta ahora, ni el más optimista de los funcionarios bonaerenses, cree que el Gobierno nacional que siempre mantuvo una postura renuente, vaya a autorizar la ejecución de un nuevo endeudamiento para que la PBA y los jefes distritales “hagan política a futuro” según agregan legisladores libertarios.

La reducción de recursos coparticipables y el desplome de la recaudación bonaerense afectan directamente también a las arcas municipales. Intendentes advierten que cada vez se vuelve más difícil sostener servicios esenciales, pagar salarios, mantener obras en marcha y neutralizar el aumento de la demanda social.

La reiteración de reuniones entre el gabinete ministerial de Kicillof en La Plata y los jefes comunales debería plantearse como una instancia de coordinación conjunta para definir medidas de contingencia frente al ajuste fiscal.  

La Provincia le reclama a Nación más de 22 billones de pesos en concepto de deudas por fondos coparticipables y freno de obra pública con financiamiento que la motosierra libertaria decidió cortar como parte de sus acciones de freno del gasto público.

En épocas de vacas flacas no pocos alcaldes piensan en otros planes para sostener el pago de salarios municipales en ciudades del interior. Algunos en voz baja plantean el recorte de sueldos a la planta política y, tal vez, a servicios no esenciales.

El común denominador entre los jefes comunales sin distinción de sello partidario, es convivir con situaciones económicas financieras al límite. Claramente identifican al Presidente con residencia en Olivos como el responsable de dicha estrangulación económica. También hacia él apuntan desde la sede gubernativa de calle 6.

Pero no sólo se trata de reuniones de catarsis grupal para desligar responsabilidades políticas sino para proponer alternativas posibles. Y una jugada de “último recurso” que va tomando fuerza es la de sugerirle a Kicillof la posibilidad de emitir una moneda propia. De ese modo, el recordado “Patacón” podría nuevamente salir a la cancha en lo que será uno de los partidos más difíciles de su historial.

“Es un mal necesario pero que permite hacer política en tiempos de alta morosidad bancaria y caída del consumo de productos alimenticios y comerciales en general” explican sobre las diagonales frente a un tablero económico de limitación extrema ante el ajuste fiscal impulsado por los hermanos Milei que agrava las cuentas bonaerenses, con una estrategia que apunta a qué “Buenos (vuele por los) Aires”, según interpretan alcaldes peronistas.

Aquella emisión de cuasimoneda fue emitida por la PBA entre 2001 y 2002 durante la gestión de Felipe Solá para afrontar la crisis financiera y pagar sueldos y deudas con proveedores del Estado bonaerense con una combinación de patacones y pesos.