Bahía Blanca | Domingo, 22 de marzo

Bahía Blanca | Domingo, 22 de marzo

Bahía Blanca | Domingo, 22 de marzo

La ciudad que no miramos: los edificios que sobrevivieron a la demolición y lograron reinventarse

Las viviendas no son solo edificios, sino lugares y espacios portadoras de memoria, identidad y sentido de pertenencia. Una demolición puede empobrecer el paisaje urbano y borrar historias barriales.

El Banco Alemán antes; el Concejo hoy. / Producción: Sección Fotografía La Nueva.

“Nuestras ciudades necesitan edificios viejos tanto como los humanos necesitamos la memoria. Sin ellos, el presente se siente vacío y el futuro no tiene cimientos”. (Jane Jacobs, divulgadora científica, teórica del urbanismo y activista sociopolítica canadiense, nacida en los Estados Unidos).

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Hay una ciudad que ya no existe, que ha sido borrada del paisaje urbano y que, en muchos casos, ni siquiera sobrevive en la memoria colectiva.

Es habitual asumir que la transformación de una ciudad es inevitable, porque es una creación artificial realizada por el hombre en base a sus necesidades, costumbres y gustos, los cuales cambian con el tiempo. Ese concepto, a veces, justifica demoliciones indiscriminadas, incapaz los edificios existentes de dar respuesta a los nuevos modos de habitar y de trabajar.

Sin embargo, las viviendas no son solo edificios, sino lugares y espacios portadoras de memoria, identidad y sentido de pertenencia. Una demolición puede empobrecer el paisaje urbano, borrar historias barriales y dañar la ciudad.

Aparece entonces la postura de la preservación y la rehabilitación de lo existente: reciclar para nuevos usos, integrar fachadas históricas a edificios contemporáneos, densificar sin destruir lo existente.

Esta introducción excede quizá el objetivo de esta nota, que es mostrar ejemplos locales de edificios que han sido adecuados a nuevos usos, y otros que han mantenido sus fachadas o realizado modificaciones respetando lo existente.

En una sucursal de Berlín, los ediles

En 1910 el banco Alemán Trasatlántico, con sede central en Berlín, Alemania, construyó su sede propia en Sarmiento y Estomba, diseñada por el arquitecto Carlos Nordman, autor —entre tantas obras— del palacio Tornquist en Sierra de la Ventana; el Torreón del Monje de Mar del Plata y la Galería Peuser en nuestra ciudad.

El banco alemán desocupó el inmueble en el año 1933, el cual fue adquirido por una financiera local, Crédito Capitalizar, que lo ocupó hasta 1949.

Comprado por el gobierno de la provincia de Buenos Aires, ubicó dependencias propias, hasta que en 2009 fue acondicionado y puesto en valor para servir como sede del Concejo Deliberante de Bahía Blanca.

La mueblería, la cochera

No pasa desapercibido el edificio de calle San Martín 453 que, más allá del lamentable estado de su fachada, muestra atractivas líneas art decó con un delicado rosetón superior.

Su estética sugiere la posible existencia de un cine, pero en el lugar se inauguró en 1937 la Mueblería Española, fundada en el año 1896 por Pedro Taberner.

La historia de ese comercio se cerró en la década del 70, para dar lugar a nuevos usos hasta terminar funcionando como cochera y dos locales al frente. Es bueno que el edificio haya sobrevivido, aunque es una pena que no se lo preserve de manera adecuada.

De máquinas agrícolas a artefactos del hogar

En la intersección de Brown y Fitz Roy se mantiene el edificio erigido —en el año 1938— por la firma Agar & Cross, dedicada a la venta de máquinas agrícolas, molinos, tractores, segadoras y demás.

El lugar se distingue por su frente completamente vidriado, dando prioridad a la exhibición de productos.

Con el retiro de la empresa, a mediados de los 60, alojó a un supermercado y desde 2018 una casa de electrodomésticos. En la esquina, sobre el frente, conserva grabado bajo relieve el nombre de la empresa original. Un guiño a la historia del lugar.

La gran sala

En la calle Chiclana 250 funcionó, entre 1945 y 1991, el cine Ocean, la cuarta sala más grande del país, con 2.500 butacas.

Tenía en el frente un cartel giratorio, iluminado con neón, que se imponía a la distancia. A diferencia de otras salas locales —Rialto, Palacio del Cine, Grand Splendid— que recurrieron al art decó, el Ocean ensayó líneas modernas, despojadas de toda ornamentación.

Abrió su historia con Las Modelos, con Rita Hayworth, y la cerró con un film de La Cicciolina. En septiembre de 1992, un año después de su cierre, se instaló una sala de juegos.

El lugar de las masas y el copetín

El edificio que ocupa en la actualidad una librería y un bar en calle Alsina 27 es el único que sobrevivió en la cuadra y mantiene sus líneas originales.

Fue construido en 1944, diseño del arquitecto Raúl Costa Varsi, y allí se instaló la confitería de Juan Faiazzo, La Central, un clásico de la época por sus masas, dulces, caramelos, empanadas y pasteles.

Sumó, además, en su planta alta un concurrido salón, lugar habitual de las tardes con el vermú o la noche con algún espectáculo musical.

La actual cartelería oculta, por completo, el balcón y parte de los ventanales.

La Parker y los secantes

“O’Higgins y Brown, donde estaba la librería Obiol”. La referencia era obligada y permitía la rápida identificación del lugar.

Han pasado más de tres décadas del cierre del comercio y las nuevas generaciones no saben de aquel sitio, de sus pisos de pinotea, el olor a papel, el orden y la variedad.

En realidad el edificio actual fue construido de cero, pero como mantuvo la misma escala uno puede imaginar a aquel histórico espacio contenido por las mismas paredes.

El lugar donde imprimir

No es fácil encontrar quien haga referencia al edificio de Donado 26 nombrando a quienes decidieron su construcción en el año 1928.

Allí funcionó —durante 50 años— la librería e impenta Panzini, de los hermanos José y Miguel Panzini, de oficio tipógrafos. En el salón al frente estaba el local de ventas, en la parte del fondo la imprenta, la más importante del sur.

En la fachada se destaca la figura de un hombre portando una antorcha, un par de cóndores y un medallón con las iniciales de los propietarios. Cerrado el local a mediados de los 80, funcionó una casa de juegos electrónicos, dos negocios de comidas rápidas y, ahora, una de deportes.

La fachada mantiene sus partes, el color elegido no es el adecuado desde el punto de vista patrimonial y resulta excesiva la cartelería.

Aire para las faltas

Desde el año 2023 el Tribunal de Faltas local ocupa el edificio en Brown y Misioneros, adquirido por la municipalidad de Bahía Blanca y adecuado a ese nuevo destino.

En el lugar funcionó La Oxígena SA, fábrica de oxígeno instalada en la década del 20. Si bien en la parte superior de la ochava se lee el nombre de la firma, lo particular es que el logo que se ve debajo, una especie de gran sol, es el emblema de Oxi-Luz, empresa que ocupó en principio el lugar.

La recuperación del inmueble, adquirido por la comuna, respetó la fachada y adecuó los espacios interiores a su nuevo destino.

El cine y el plástico

En la calle Chiclana 183 funcionaron —durante 41 años— dos cines: el Rialto, primero, inaugurado en 1926 y presentado como “la sala más moderna de Bahía Blanca”, y el Gloria, en 1954, dedicado en principio a la proyección de cine español.

El edificio de líneas art decó, diseñado por el ingeniero Norberto Arecco, cerró su historia en 1967. Un año después, completamente reformado, abrió casa Vitale, primer autoservicio de plásticos y hogar, con el slogan: “Si el futuro es el plástico, estamos en el futuro”. Hoy funciona un bazar.

Muebles en todos los estilos

En épocas en que la ciudad contaba con más de diez mueblerías de elaboración propia, Mueblería Bahía Blanca se ubicaba entre las más conocidas, en San Martín y Las Heras, que promocionaba sus productos con un jingle publicitario recordado por muchos.

Sin alteraciones en su frente, más allá de la unificación en un solo color, el edificio se adaptó como banco, una esquina que suele verse desbordada por jubilados que cobran sus haberes en el lugar.

Dónde un peso vale dos

En 1936, con la apertura de calle Drago, entre avenida Colón y O’Higgins, se construyeron varios edificios en la nueva cuadra, entre ellos el diseñado por Manuel Mayer Méndez y erigido por la empresa E. y P. Cabré, cuya planta baja fue ocupada por Casa Muñoz, dedicada a la venta de ropa masculina, una de las sastrerías más afamadas del país.

Su slogan "Casa Muñoz, donde un peso vale dos" marcó una época.

La casa funcionó durante 60 años, llegando a ocupar 100 empleados. Cerró en 1995 para dar lugar a la instalación de un café con ese nombre.

El lugar donde cantó Gardel

En la calle Brown 162 se ubica otro edificio que fuera sala de cine y que, desde hace años, funciona como bar y bowling.

Fue construido a principios del siglo XX para el teatro Coliseo. En 1922 fue modernizado por el empresario Max Glucksman, dueño del sello discográfico Odeón que, entre sus artistas, tenía a Carlos Gardel, quien se presentó en esta sala en 1924 (ya rebautizada Palace Theatre).

En 1936 nuevos propietarios lo renombraron cine Astral, el cual funcionó hasta 1967.

Despojado de todas sus molduras y ornamentos, el frente mantiene parte de sus formas originales.

El banco de Londres, locales

En Alsina y Chiclana se construyó en el año 1902 la sede del banco de Londres y Río de la Plata.

Un edificio de líneas clásicas, con acceso por la esquina, que la entidad ocupó hasta 1990, ya reconvertido en el Lloyds Bank.

Con el edificio desocupado comenzó la adaptación de la planta baja para alojar locales comerciales y, en una situación poco habitual, también se adecuaron los pisos altos.

El edificio conserva su estética, la cartelería de los locales es medida y el conjunto mantiene un único color en la fachada, todos detalles que hacen al respeto por el lugar.

El gran dilema

En el año 1909 se inauguró en la ciudad el hotel Sudamericano, el más amplio y lujoso de Sudamérica, en el palacio construido por la compañía de seguros La Previsora en avenida Colón y Brown.

Luego del Sudamericano lo ocupó el hotel Atlántico y cerró la historia el Ocean Hotel. El interior fue modificado en 1987 para dar lugar al Centro de Compras de la Cooperativa Obrera, que ocupó todas las plantas.

Cuando dejó en lugar, en 1997, el edificio comenzó a languidecer, estando hoy rodeado de un cerco preventivo, en lamentable estado y sin destino a la vista.

El Palacio art decó

Luego de años de descuido y maltrato, la fachada del ex Palacio del Cine, una verdadera joya art decó en Chiclana 174, recuperó su esplendor de la mano de una cadena de tiendas.

No solo se puso en valor el frente, incluso respetando unas columnas vidriadas y con una cuidada cartelería, sino que además incorporó a la que fuera la sala como salón de ventas.

En el interior, un detalle no menor: en el sector de las cajas se mantuvo la guarda art decó que rodeaba el escenario.

De depósito a centro creativo

Construido en la década del 30 como depósito de las Empresas Eléctricas de Bahía Blanca, de la Compañía Ítalo Argentina.

Se trata de dos naves ladrilleras, típico lenguaje industrial. En manos de la municipalidad sirvió durante años para el acopio de vehículos secuestrados en operativos de tránsito.

En el año 2017 fue recuperado y puesto en valor como un espacio educativo. Fue Infinito por descubrir, Centro de Innovación César Milstein y, actualmente, BHI UB, “un espacio de desarrollo colaborativo vinculado con la tecnología y la innovación”.