Bahía Blanca | Sabado, 21 de marzo

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La garita de Frascaroli

Durante casi 40 años estas garitas formaron parte de la geografía urbana del centro

Hace 89 años, en marzo de 1937, se colocó en O’Higgins y Brown una nueva garita destinada a dar cobijo y protección a los encargados del controlar el tránsito vehicular.

Desde principios de siglo hubo que disponer agentes en las principales esquinas del centro para ordenar un tránsito cada vez más caótico. Los primeros inspectores se desempeñaban en medio de la calzada, con una suerte de varita en sus manos dando indicaciones que no siempre resultaban fáciles de ser interpretadas.

La propuesta con las garitas era disponer de un habitáculo que diera resguardo y protección a los agentes –por entonces miembros de la policía bonaerense— durante las horas que desempeñaban su labor.

Las primeras dos garitas fueron habilitadas en octubre de 1936, donación de la firma de cigarrillos Imparciales.

El oficial se ubicaba dentro de un habitáculo cilíndrico, parado sobre una tarima y protegido con un techito circular. “El tráfico se va organizando de acuerdo con la importancia de la ciudad", se dijo.

En el caso que evocamos la donación corrió por cuenta del comerciante Pío Frascaroli, representante de la firma Cinzano y titular de una agencia marítima, y se ubicó en O’Higgins y Brown, uno de los cruces que mayor cantidad de accidentes.

"Esta innovación agrega al aspecto urbano una nueva nota y los agentes se encuentran con comodidades que no tenían, particularmente ahora que se aproxima la estación del frío", indicó este diario.

Las garitas fueron parte de la geografía urbana hasta mediados de los 60. También era habitual verlas volcadas sobre el pavimento, sea porque el viento las tiró o porque eran chocadas por conductores desaprensivos.

Su historia comenzó a cerrarse con la instalación del primer semáforo, justamente en O’Higgins y Brown, por entonces llamado el “tricolor luminoso”.