Bahía Blanca | Martes, 27 de enero

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Una luz en el Atlántico

Todavía se está a tiempo para que el faro siga en pie y que esta luz histórica del Atlántico siga alumbrando el balneario y la noche de los navegantes. 

El faro al amanecer. Foto con drone de Jorge Tirabasso

Cuando decidí publicar la imagen del Faro Recalada derrumbado, tenía claro el impacto que provocaría y también a qué me exponía al hacerlo.

Al observar la recreación de la IA de ChatGPT del faro abatido quedé perplejo frente a una encrucijada recurrente en nuestra profesión: ¿debía difundirla o no? ¿Era un asunto de interés público o una forma de sensacionalismo?

En más de medio siglo de oficio enfrenté muchas veces este dilema. Y siempre los resolví con la misma brújula, la única que no falla: confirmar que el tema sea de interés público y actuar de buena fe.

Decidí publicarla. Creí —y creo— que era la mejor manera de llamar la atención, de contribuir al debate urgente para que el Faro Recalada a Bahía Blanca sea reparado antes que colapse.

En las redes, la crónica acompañada por la imagen generada por IA alcanzó cien mil visualizaciones. Como si más de treinta teatros Gran Rex se llenaran para escuchar el reclamo silencioso del faro en el centro del escenario.

La publiqué convencido que el estado crítico del Faro es de interés público. Afecta a la comunidad de vecinos del balneario Monte Hermoso y a miles de turistas para quienes este faro, la playa de Monte Hermoso y Atlántico no son simples postales. El faro es lo primero que vemos cuando llegamos de vacaciones y lo último que veremos por el espejo retrovisor cuando dejamos atrás la historia que vivimos. El Faro es memoria viva de historias en familia, donde se corporizan los afectos ausentes. Somos nosotros, nuestros hijos y los nietos. El Faro es testigo de las emociones que atesoramos ante cada atardecer maravilloso desde la reposera frente al mar. 

Sabía también que la imagen de la IA generaría críticas. Bienvenido pensar distinto y expresarlo, demuestra madurez, no flaqueza.

Sí quiero detenerme en quienes desestiman la utilidad del faro porque el GPS lo habría vuelto obsoleto.

Todos tenemos en casa una linterna o una luz de emergencia por si se corta la electricidad. En el mar ocurre lo mismo: si falla la telefonía o el satélite, un pescador o cualquier embarcación quedan a la deriva. El faro es eso: la luz de emergencia de los navegantes.

Pero además hay algo más profundo. Es símbolo de identidad del balneario, está de pie desde antes de su fundación.

Mantener el Obelisco de la Ciudad de Buenos Aires tiene costo. Se pinta cada cuatro años y no cumple ninguna función práctica, salvo la de ser emblema de la Capital. A nadie se le ocurre dejar de pintarlo o derribarlo porque "no sirve".

Lo mismo sucede con el Cabildo, en desuso desde hace dos siglos porque el gobierno funciona en la Casa Rosada. Mantenerlo cuesta dinero. ¿Eso lo vuelve prescindible? ¿Dejaríamos que se convierta en una tapera?

Preservar el patrimonio histórico —edificios, museos, monumentos— siempre cuesta dinero. En todos los países del mundo se invierte en ello porque es lo que nos diferencia, lo que nos ancla a un lugar, nos da identidad.

El Faro fue declarado Monumento Histórico Nacional y es el primero de la Argentina con el Emblema Azul de la UNESCO en 2014, protegiéndolo bajo la Convención de la Haya de 1954. 

Todavía se está a tiempo para que el faro siga en pie y que esta luz histórica del Atlántico siga alumbrando el balneario y la noche de los navegantes.