Una señal positiva: se comenzó a trabajar en los techos de la Aduana
El histórico edificio, patrimonio arquitectónico de la ciudad, ya lleva más de 6 años sin uso. Hace pocos días se iniciaron las tareas de impermeabilización de la cubierta.
Es periodista, ingeniero civil y docente de la Universidad Nacional del Sud en materias relacionadas con el Patrimonio arquitectónico y el planeamiento urbano. Ha publicado notas en revistas Vivienda, Todo es Historia, Obras & Protagonistas y Summa +. Participa en varios micros radiales referidos a la historia de Bahía Blanca. En dos ocasiones recibió primera mención por parte de ADEPA en el rubro Cultura e Historia.
En septiembre de 2018 la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP) decidió rodear con un cerco preventivo al edificio que hasta unos meses antes ocupó la Aduana Nacional en la esquina de avenida Colón y Estomba.
El vallado buscaba alejar a los transeúntes del frente, considerando que existía el riesgo de desprendimiento y la caída de partes del revoque, molduras u ornamentos. Desde entonces ha permanecido cercado y durante mucho tiempo oculto detrás de una gran tela.
Casi siete años han pasado desde entonces, sin que la entidad diera señal alguna en relación a la reparación del edificio, un verdadero despropósito para un bien que es patrimonio arquitectónico de la ciudad y que en este estado afecta de manera negativa el paisaje urbano del lugar.
Ahora, finalmente, se ha comenzado a revertir esa situación ya que la AFIP, que a fines de 2024 dejó de operar bajo esas siglas para convertirse en Agencia de Recaudación y Control Aduanero (ARCA), comenzó con las tareas de impermeabilización de la cubierta, un primer paso indispensable para posteriores arreglos interiores y puesta en valor de la fachada.
Los trabajos, ya en marcha, están a cargo de Ingeniería Sudamericana SRL, empresa contratada en su momento para colocar el cerco. La obra se licitó en octubre del año pasado y en diciembre se adjudicó en $ 79.914.264 con un plazo de ejecución de 90 días.
La intervención comprende la impermeabilización del histórico edificio, aunque no incluye al conjunto de oficinas ubicadas en la parte posterior.
El salón principal de esquina tiene cubierta plana, sobre la cual se asegurará su aislación y estanqueidad. Para eso se procederá al retiro de la membrana de aluminio existente y de las partes sueltas de la carpeta sobre la cual se asienta. Se reconstruirá la carpeta de cemento y sobre esta se aplicará membrana liquida acrílica.
El mismo trabajo se hará en el sector donde se ubican los tanques de reserva y de incendio. En todos los casos se trabajará con cuidado en impermeabilizar los sectores donde se ubiquen ventilaciones, desagües pluviales y las cargas perimetrales.
Una tarea similar se hará sobre la cubierta de chapa, Se mantendrá la membrana geotextil existente, con una limpieza profunda y reparaciones de sectores dañados. Luego se aplicará una membrana líquida acrílica.
Finalmente se realizará la limpieza de todo el sistema pluvial, canaletas y embudos.
En los muros de carga será removido el revoque, se sellarán sus fisuras con sellador de color similar a la fachada, de modo que resulte imperceptible. Luego se aplicará la capa hidrófuga, el revoque grueso y fino.
Con el edificio estanco, se supone la entidad planteará su adecuación interior y la recuperación del frente.
Si bien no se tienen precisiones, se supone que el lugar volverá a ser ocupado por la Aduana, que hoy funciona en San Martín 145, lugar que, de acuerdo a manifestaciones de sus empleados, resulta incómodo e inadecuado para su trabajo.
Banco Nación
En 1926 el edificio de la Aduana quedó fuera de la escala en relación a los nuevos edificios de la manzana. Luego de ser el único edificio del lugar durante 17 años, comenzó la construcción del palacio de Tribunales; estaba habilitado el banco Nación en la esquina de Moreno; se había terminado la sede del banco Hipotecario (avenida Colón y Vicente López) y se encontraban en obra los edificios del Correo y de la biblioteca Rivadavia.
Por eso el director del organismo, Juan Gómez Acevedo, le pidió al diputado Enrique González que gestionara una partida para ampliar el edificio.
“El inmueble que no se corresponde con las obras construidas en la misma manzana. Es necesario uno nuevo, que haga juego con los bellos palacios vecinos. Hoy, ubicado entre ellos, constituye un adefesio”.
El planteo se repitió en 1959, cuando se mencionó que resultaba inadmisible para “una esquina privilegiada de la ciudad” y que constituía “un factor de retroceso en el progreso”.
Se pedía entonces construir otro edificio, “moderno y en altura”, de modo de impulsar “el adelanto edilicio de la ciudad”.
El edificio de la Aduana fue inaugurado en 1904 como sede del banco de la Nación, pero fue tan pobre la intuición de los directivos en cuanto a su funcionamiento que a poco de habilitado quedó chico. En 1913 era evidente esa situación, dejando en claro, según se señaló, “cuan intensa y rápida ha sido la evolución progresista de la ciudad”.
Ese año, el movimiento de un mes de 1905 equivalía al de un día de 1913. Todos los días se podía ver a los clientes esperando en la esquina ya que el salón no podía contenerlos.
Se mencionó entonces utilizar el terreno vecino para ubicar un nuevo edificio. Se aseguró que “una posible falta de recursos” era “improcedente” para un banco del estado y que pensar en estrecheces financieras eran “mezquindades inaceptables”.
“Debe ser un palacio digno de la entidad y del porvenir grandioso de Bahía Blanca”, se dijo. Cuatro años después, en 1917, comenzó la ejecución de la nueva sede.