Querido Nelson: ojalá D’Arienzo esté contigo
Ahora que te escribo ya no podés leerlo porque el temporal me robó esa posibilidad y a vos, la vida.
Licenciada en Comunicación Social egresada de la Universidad de La Plata. Docente en nivel superior. Redactora de La Nueva desde 2010. En LU2 Radio Bahía Blanca tiene la columna "Buenas buenas" y se desempeña como redactora creativa. Es especialista en cubrir historias humanas de superación. Además, es profesora de yoga.
Hola. Te escribí "Hola" por WhatsApp con la ilusión de que no fueras vos.
Nelson Zinni, 48 años, otra de las víctimas.
Me lo comentó un amigo, espantado. Yo me negué a creerlo y te escribí. Pero en tu perfil ya no habia foto. Y nadie contestó. Y no me quedó otra que asumirlo. Y se confirmó.
Te fuiste, querido Nelson. Siempre me decías "amiga esto, amiga lo otro, amiga vos siempre me tratabas tan bien". Y yo pensaba... y por qué alguien te trataría de otra forma y por qué, si eras tan amable, siempre memorioso, atento y de sonrisa dispuesta.
Trabajamos juntos varios años y nunca, ni una sola vez, tuvimos un desencuentro o te vi con mala cara. Siempre estabas cantando. Aun cuando tantas veces, en este medio que puede ser cruento, no suele haber muchos motivos.
Por eso no quise, no pude, hacer esta nota en tercera persona, amigo. Estuve a punto de mandarte un mensaje hace unos días para pedirte si me dabas una mano con un tocadiscos que mi hijo Mateo quería hacer andar porque sabía que si alguien podía hacerlo con gusto y esmero eras vos.
El día pasó con su vorágine y no te escribí. Y ahora que te escribo ya no podés leerlo porque el temporal me robó esa posibilidad y a vos, la vida.
Qué será de los 20 mil discos de tu colección, qué será de los oyentes de LU3 qué te seguían en Con ruido a púa. Te van a extrañar seguramente.
El último mensaje que me enviaste es un poema con tu voz y editado con música. Siempre me preguntabas de tus piezas grabadas, que en código radial llamamos "enlatadas", ¿te gusta como quedó? Y yo no era quien para opinar sobre sonido pero tu humildad era grande.
Una vez me hiciste una consulta sobre algo específico en tu estilo de vestir. Te contesté que cada uno tiene que vestirse como le plazca. Tiempo después nos cruzamos y me di cuenta de que te habías comprado esos pantalones que tanto te gustaban y ¡te habías animado a usarlos! Y hasta los estrenaste con el maestro Rodrigo García posando feliz entre tus discos cuando fuimos a entrevistarte por tu colección. Así te voy a recordar. Con esa sonrisa de un niño entre sus juguetes.
Esta es mi despedida. Con el deseo de que Carlos Gardel te esté cantando un tango o D’Arienzo te haya recibido con un abrazo y la mejor versión de su más noble orquesta.
Que así sea, querido guardián de los sonidos.