Por qué no se come carne roja en Viernes Santo
Aunque no tiene un mandato bíblico explícito, la Iglesia sostiene esta práctica como un gesto de penitencia que recuerda la muerte de Jesucristo.
La abstinencia de carne roja durante el Viernes Santo es una de las prácticas más extendidas dentro de la tradición cristiana.
Aunque no surge de un mandato bíblico explícito, se sostiene desde hace siglos como una norma de carácter simbólico vinculada al duelo, la penitencia y la reflexión espiritual.
La Semana Santa conmemora la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo. Dentro de ese calendario, el Viernes Santo recuerda su crucifixión y es considerado un día de recogimiento. En ese marco, la Iglesia Católica establece la abstinencia de carne como una forma concreta de expresar ese luto.
Según el derecho canónico, la abstinencia de carne es obligatoria para los fieles a partir de los 14 años, mientras que el ayuno —que implica reducir la cantidad de comidas— rige entre los 18 y los 59 años. Estas normas también se aplican el Miércoles de Ceniza, marcando el inicio de la Cuaresma.
Históricamente, la carne roja estuvo asociada al festejo, la abundancia y el consumo cotidiano de mayor valor. Por eso, dejar de consumirla no es casual: representa una renuncia a algo significativo. El gesto apunta a imitar, en una escala simbólica, el sacrificio de Cristo.
Distintos especialistas en teología coinciden en que el eje no está en el alimento en sí, sino en el sentido espiritual de la práctica. En ese sentido, la abstinencia puede entenderse como un ejercicio de autocontrol, reflexión y empatía con el sufrimiento.
En cuanto a la alimentación, el pescado se convirtió en el reemplazo más habitual. Esta elección tiene también un trasfondo histórico: en la antigüedad, no se lo consideraba "carne" en el mismo sentido que la de animales terrestres. Así, su consumo quedó permitido durante los días de abstinencia.
El bacalao, en particular, adquirió protagonismo en muchos países debido a su conservación en sal, que facilitaba su almacenamiento en épocas sin refrigeración. Hoy se suman opciones como merluza, atún o salmón, además de platos vegetarianos a base de legumbres, verduras o cereales.
Desde el punto de vista nutricional, profesionales de la salud señalan que reemplazar la carne por pescado, mariscos o proteínas vegetales no implica riesgos si la dieta es equilibrada. Las legumbres, por ejemplo, aportan proteínas, fibra y minerales, mientras que el pescado es fuente de ácidos grasos esenciales.
Más allá de las diferencias culturales o del grado de cumplimiento, la abstinencia de carne en Viernes Santo sigue siendo una práctica vigente en gran parte del mundo. Para millones de personas, no se trata solo de una costumbre alimentaria, sino de una forma de expresar fe, tradición e identidad religiosa.