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El enigma del edificio de la Aduana: entre cercos y promesas incumplidas

Si bien el armado exterior tiene las características de inicio de una obra, no existe proyecto en marcha para recuperar la parte edilicia ni darle uso alguno.

Fotos: Rodrigo García-La Nueva.
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Audionota: Juan Ignacio Zelaya

El sorpresivo retiro de la tela tipo media sombra que desde hace seis años cubría al edificio de la Aduana, en avenida Colón y Chiclana, y el desarme de la estructura de andamios que la sostenía, alentó la expectativa de un posible inicio de la puesta en valor y recuperación del histórico edificio. 

Nada más alejado de la realidad. No sólo no hay iniciativa de alguna intervención edilicia sino que el trabajo tiene que ver exclusivamente con el cambio del cerco existente por uno más convencional, materializado con parantes de chapa y un vallado con pantalla protectora. 

Si bien el armado tiene las características de un cerco de obra –incluso ocupará parte de la vereda— el mismo tendrá carácter “preventivo”, similar a los que rodean a la Escuela Nº 2, en la primera cuadra de calle Vieytes, y al inmueble que ocuparan varios hoteles y un Centro de Compras en avenida Colón y Brown. 

Esa es la respuesta en común encontrada para el mal estado de edificios que los convierte en zonas de riesgo para los caminantes por el posible desprendimiento y caída de revoques, mampostería o molduras. 

La extensión sobre la avenida Colón

Además del cambio de modelo, el cerco se ha extendido sobre la avenida Colón, cubriendo también el paredón sobre la línea municipal que forma parte del inmueble.

Vacío

Se recuerda que el edificio está desocupado desde 2018 debido a su regular estado general y los empleados trasladados a la sede de la Administración Federal de Ingresos Públicos (AFIP) de calle San Martín 145. 

A mediados de 2022 hubo una gestión del Concejo Deliberante para conseguir el edificio con la idea de mudar allí sus actuales instalaciones de Sarmiento y Estomba.

La inquietud parecía tener buen destino cuando la AFIP aceptó transferirlo a la Agencia de Administración de Bienes del Estado (AABE), lo cual permitiría tramitar esa solicitud. 

Sin embargo, la inmediata reacción de los empleados de la Aduana planteando su interés por volver a trabajar al lugar, llevó a la AFIP a dar marcha atrás con su decisión. No solo eso. En noviembre de aquel año visitó nuestra ciudad el titular de la entidad, Guillermo Michel, quien luego de recorrer el edificio se comprometió al inmediato inicio de las tareas de recuperación. 

A los pocos días se colocó en la ochava un modesto cartel anunciando la obra. En eso quedó todo. Nunca se tuvieron novedades y el funcionario renunció a su cargo meses después.

El cartel de una obra fantasma

Una nueva ilusión

“En relación al edificio de Bahía Blanca, consulté hace unos días. Apenas tenga una respuesta se la comento”. Esa fue la contestación que obtuvo La Nueva., en contacto vía Instagram, de quien en mayo último asumió como Director general de Aduanas, el abogado Eduardo Mallea.

Hubo además una consulta adicional por parte de este medio, buscando conocer si existía alguna relación familiar entre el funcionario y el escritor homónimo, nacido en nuestra ciudad en 1903, que fuera integrante del denominado grupo Sur junto a Victoria y Silvina Ocampo, Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares y autor de libros como Todo verdor perecerá y La bahía del Silencio.

“Un parentesco tengo. Mi madre mencionó alguna vez que el escritor era tío abuelo mío. Los Mallea vienen de San Juan y el primero, Juan Eugenio, ingresó con la expedición de Juan Jufré, conquistador español que participó en la expedición de Pedro de Valdivia a Chile. Según los historiadores, e incluso el propio Domingo Faustino Sarmiento, Juan Eugenio se casó con la hija del Cacique de Agnaco y se afincó en San Juan, donde nacieron sus hijos. De ahí venimos los Mallea”, señaló.

Detalle de la ochava

No es simple sin embargo desentrañar en detalle esa relación familiar. Los Mallea conforman una familia de muchísimos hijos e hijos de hijos, con una gran cantidad de Eduardo en sus filas. 

De hecho el abuelo del actual titular de Aduanas era también Eduardo Mallea Gil –abogado que llegó a ser secretario privado del presidente Domingo F. Sarmiento--, casado con Esther Albarracín y el padre era también Eduardo, en este caso Mallea Albarracín.

Eduardo Mallea, titular de Aduana

En nuestra ciudad, además del Eduardo Mallea escritor tuvo un papel destacado su padre, Narciso Segundo Mallea, uno de los primeros médicos locales, que fuera concejal y director del Hospital Municipal.

La vivienda de Lamadrid 116, obra del arquitecto Alberto Coni Molina y que ocupa desde hace décadas LU3 Radio del Sur, está inventariada como bien de valor patrimonial por haber sido el último hogar de la familia Mallea antes de mudarse a la Capital Federal.

El edificio

El edificio que ocupa la Aduana desde 1921 fue el primero en ocupar la denominada “Manzana fiscal”, propiedad el Estado Nacional. Fue construido como sucursal propia del banco de la Nación Argentina, según un proyecto del arquitecto noruego Alejandro Christophersen, con la ejecución a cargo de la empresa de Antonio Gerardi. 

El edificio en construcción, 1904

Inaugurado en 1904, a los pocos años quedó inadecuado para el gran número de clientes de la entidad. Cuando en 1921 el banco habilitó su nueva sede de Moreno y Estomba, el viejo edificio fue cedido a la Aduana.