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El Día de las Américas y el panamericanismo

En nuestra primera entrega recordamos las circunstancias y narramos algunas anécdotas de la Primera Conferencia Internacional Americana celebrada en los Estados Unidos en 1889. Veremos ahora cómo se desplegó la idea del panamericanismo durante el siglo XX.

La última década del siglo XIX marca a fuego los sucesos del siglo siguiente. Aproximadamente desde 1880 una nueva cultura política se instala en el Nuevo Continente: es el año que se relaciona ideológicamente con el positivismo y el darwinismo social (el predominio del “más fuerte”) y con la instalación de regímenes políticos conexos como el roquismo en la Argentina, la constitución del Brasil como república bajo la bandera del “orden y el progreso” poniendo fin al imperio y –por fin– el esclavismo y la instalación del “porfiriato” en México, una dictadura encabezada por Porfirio Díaz que gobernará -como Roca, de hecho–, más de tres décadas. 

Así como en nuestro país concluye la llamada “campaña al desierto” también en los Estados Unidos termina la “Conquista del Oeste” doblegando a las últimas tribus indias rebeldes de comanches y sioux y sus jefes más mentados como Toro Sentado, Nube Roja o Caballo Loco, versiones “pielrroja” de nuestros Calfucurá, Sayhueque, Inacayal o el indómito Pincén.

Esta definitiva organización territorial que anexiona de modo definitivo territorios a los nuevos grandes estados, como la Patagonia a la Argentina, la Amazonia al Brasil y las grandes llanuras de Texas, Chihuahua u Oklahoma a los Estados Unidos va de la mano de una nueva división mundial del trabajo que ubica a los países periféricos como productores y exportadores de materias primas y a los metropolitanos o centrales como imperios industrializados de productos manufacturados. 

El imperialismo británico lidera el mundo conjuntando capitales financieros e industriales y multiplicando sus inversiones por el mundo y otros países, como Prusia (Alemania), Francia, Italia, Holanda, Bélgica y Rusia disputan el control de esos mercados.

La realización de la Primera Conferencia Panamericana –en la que participaron 18 de 19 estados nacionales– no fue por lo tanto casual. 

En 1899 los Estados Unidos se consolidan como nueva potencia imperialista, interviniendo de forma armada en dos de las últimas posesiones coloniales españolas: la cercana Cuba y el distante archipiélago de más de mil islas e islotes que conforman las Filipinas, en el sur del Pacífico asiático. 

Estas luchas por el predominio imperial y el control de los mercados culminan desatando en 1914 la Primera Guerra Mundial. 

¿América para los americanos? 

El “destino manifiesto” de los norteamericanos reunidos en los “Estados Unidos” había tenido una temprana formulación allá por 1823 con la llamada “Doctrina Monroe”, sintetizada en la frase “América para los americanos”, elaborada por John Quincy Adams de la que se apropió históricamente el presidente James Monroe que establecía que cualquier intervención de los europeos en América sería vista como un acto de agresión que requeriría la intervención de Estados Unidos de América. 

Recuérdese que, justamente, es 1823 el año en que Estados Unidos reconoce al gobierno de las Provincias Unidas y que al año siguiente concluye la campaña de la independencia americana de San Martín y Bolívar con la batalla de Ayacucho liderada por el mariscal Sucre en el sur del Perú.

La doctrina fue presentada por el presidente Monroe durante su quinto discurso al Congreso sobre el Estado de la Unión. Recibida inicialmente con dudas y luego con entusiasmo, constituyó un momento decisivo en la política exterior de Estados Unidos. La doctrina fue concebida por sus autores, en especial John Q. Adams, como una proclamación por parte de Estados Unidos de su oposición al colonialismo en respuesta a la amenaza que suponía la restauración monárquica en Europa y la Santa Alianza tras las guerras napoleónicas.

Antecedentes en América latina

“Fue en América latina –señala Guillermo Napp– donde primero se formularon los conceptos básicos del movimiento interamericano”, validado por el famoso “Congreso Anfictiónico” celebrado en Panamá a instancias de Simón Bolívar. Estas ideas derivan en la realización de cinco congresos hispanoamericanos entre 1826 y 1865. 

“Los tratados de unión y confederación firmados en ellos aunque no ratificados por los signatarios, requerían la colaboración y la ayuda recíproca para el mantenimiento de la paz y la salvaguarda de la seguridad de las partes. Los principios, estructuras y procedimientos del sistema –destaca este autor– eran asombrosamente similares a los de la actual OEA. De los intentos que durante estas etapas embrionarias de la idea panamericana se hicieron para aplicar nuevas teorías nacionales políticas y jurídicas a los problemas de la paz, la seguridad y el bienestar, surgieron los propósitos y principios fundamentales, la ideología, si se quiere, de lo que es hoy nuestro sistema regional”.

El autor de estas líneas, escritas en 1980, no podía prever que solo dos años después el “sistema panamericano” pasaría por su prueba más difícil al desatarase la guerra por las Malvinas y que, en contra de todos los postulados (teóricos y firmados), los Estados Unidos brindarían su expreso apoyo a Gran Bretaña en todos los foros internacionales, además de un nítido respaldo tecnológico, militar y de inteligencia. 

En la oportunidad, ni los acuerdos fundadores de la OEA (Bogotá, 1948) ni, menos aún, lo previamente acordados por el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR, Río de Janeiro, 1947), firmados ambos en la inmediata posguerra mundial, fueron de utilidad a los legítimos reclamos de soberanía de un país americano: los imperios cerraron filas entre sí para enfrentar a un país que reclamaba sus derechos con plena justificación histórica y geográfica aunque la OEA, es justo recordarlo, asumió una posición solidaria con la causa argentina. Aunque realzó un complicado equilibrio fue en especial importante las gestiones de mediación realizadas por el peruano Javier Pérez de Cuellar que, a la sazón, era Secretario General de la ONU.

El día panamericano y la OEA

Como señalamos en el artículo anterior la Primera Conferencia Internacional Panamericana que sesionó en Washington, culmina sus labores en 1890 y establece la Unión Internacional de las Repúblicas Americanas fijando su secretaría permanente, la Oficina Comercial de las Repúblicas Americanas, precursora de la OEA, en la capital de los Estados Unidos y frente mismo a la Casa Blanca. 

En 1910, esta organización se convirtió en la Unión Panamericana que el 7 de mayo de 1930 instituyó el 14 de abril como “Día de las Américas”.

El 30 de abril de 1948, las naciones del hemisferio –ahora serán ya 21 países– se reúnen en Bogotá, Colombia y adoptan la Carta de Organización de los Estados Americanos, con la cual confirmaron su respaldo a las metas comunes y el respeto a la soberanía de cada uno de los países.

La OEA tuvo una inauguración turbulenta, ya que la IX Conferencia Panamericana debió ser trasladada a los campos del Gimnasio Moderno por los disturbios populares que hubo en la ciudad el 9 de abril conocidos como “Bogotazo”, como consecuencia del magnicidio al líder del Partido Liberal, Jorge Eliécer Gaitán.

La OEA se opuso a Estados Unidos durante los conflictos marítimos entre los Estados Unidos y el Ecuador y el Perú a finales de la década de 1960, y durante la invasión militar de los Estados Unidos a Panamá en diciembre de 1989 que culminó con el desplazamiento y apresamiento del dictador Manuel Noriega.

En la segunda mitad del siglo XX se conformaron bloques regionales como el Pacto Andino, el Mercosur, la CELAC (Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños)​ o los más recientes como el ALBA (Alianza Bolivariana para los pueblos de América) y la Alianza de Países de América Latina y el Caribe contra la Inflación, así como se tejieron otros acuerdos bilaterales, como los de libre comercio de Chile y México con los Estados Unidos. 

Pero la unión panamericana continúa como un sueño irrealizado. Tampoco las internacionales intersindicales tuvieron éxito. Como señala Julio Godio, “Entre 1936-1946 se constituye y desarrolla la CTAL, la única experiencia de central unitaria latinoamericana, experiencia que fracasa por efectos de la guerra fría entre Estados Unidos y la URSS a partir de 1947.  

Desde esa fecha hasta ahora se ha incrementado la presencia de organizaciones y corrientes sindicales internacionales en América Latina: la CIOSL-ORIT, la CMT-CLAT y la FSMCPUSTAL tienen presencia a través de sus afiliados nacionales y Secretarios Profesionales.

La CIOSL ha logrado éxitos, particularmente por la actividad de apertura del sindicalismo socialdemócrata europeo. Pero su filial ORIT, hegemonizada por la AFL-CIO (EE.UU.) no ha logrado prestigio”.

Ya sea por vía de los estados, de las organizaciones sociales y políticas, por los acuerdos económicos y/o culturales, por los proyectos de investigación  científicos y tecnológicos y por el interés común del correcto uso de los inmensos recursos naturales y de las reservas del continente –como las tan estratégicas de agua dulce o de la minería–, el desafío panamericano, en el siglo XXI sigue planteado y golpea nuestras puertas para que actuemos con generosidad y perspectiva internacionalista que no termine abonando la dependencia de los grandes centros metropolitanos e imperiales y, por el contrario, construya un sistema de cooperación y armonía en beneficio recíproco de toda Latinoaméríca.

En la “Guerra fría”, la Séptima reunión de consulta

Se realizó en San José de Costa Rica y fue convocada en 1960 para estudiar los medios adecuados que fortalecieran el sistema interamericano y, en particular, la cooperación en caso de agresión extracontinental. 

La Declaración de San José condenó todo tipo de intervención que pudiera poner en peligro la solidaridad continental, rechazó toda forma de totalitarismo y resolvió que las controversias entre los estados miembros fueran resueltos siempre por medios diplomáticos y pacíficos. 

Sin embargo, en 1965 los Estados Unidos, con el pretexto de enfrentar al comunismo, invadieron militarmente la República Dominicana desplegando sus “marines” en su capital, Santo Domingo, a pesar de la repulsa de muchos países miembros de la OEA.

El Che Guevara en Punta del Este

La Octava Reunión de Consulta se llevó a cabo en Punta del Este, Uruguay, en el invierno de 1962 y fue convocada conforme al tratado de Río de Janeiro. Se aprobó una resolución declarando incompatible con el Sistema Interamericano la adhesión de cualquiera de los miembros de la OEA al sistema marxista-leninista.

En consecuencia, el gobierno de Cuba, que por boca de Fidel Castro se había identificado con esa ideología fue declarado incompatible para su pertenencia al sistema interamericano excluyendo a su gobierno de la organización. Adicionalmente se suspendió el comercio y el tráfico de armas y todo otro tipo de material defensivo a la isla caribeña. El representante de Cuba en las sesiones fue el argentino nacionalizado Ernesto “Che” Guevara que era por entonces ministro de Industrias.

En su discurso señaló: “Nosotros, señores delegados, llamamos a la Alianza para el Progreso, la alianza para nuestro progreso, la alianza pacífica para el progreso de todos. No nos oponemos a que nos dejen de lado en la repartición de los créditos, pero sí nos oponemos a que se nos deje de lado en la intervención de la vida cultural y espiritual de nuestros países latinoamericanos, a los cuales pertenecemos. Lo que nunca admitiremos es que se nos coarte nuestra libertad de comerciar y tener relaciones con todos los pueblos del mundo, y de lo que nos defenderemos con todas nuestras fuerzas es de cualquier intento de agresión extranjera, sea hecho por la potencia comercial o sea hecho por algún organismo latinoamericano que englobe el deseo de algunos de vernos liquidados”.

Sus palabras merecieron aplausos de buena parte de los delegados presentes pero la decisión de separar a Cuba estaba tomada. A su regreso, Guevara hizo un paso por la Argentina el 18 de agosto y se reunió casi clandestinamente con el presidente Arturo Frondizi, lo que le trajo serios problemas al presidente con las Fuerzas Armadas que cuestionaron ese encuentro.