Bahía Blanca | Miércoles, 30 de noviembre

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Entre enredaderas y trepadores

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   ¡Empezó la primavera! Plantas flores, arbustos, árboles, empiezan a florecer recobrando el esplendor como si el invierno hubiera detenido un proceso. Pero hay excepciones porque las enredaderas parecieran inmunes al frío.

   Como toda planta trepadora, crecen rápidamente, cubren superficies y esa es precisamente su característica distintiva. Si bien le aportan humedad al ambiente y en épocas de floración se percibe un agradable aroma también albergan una cantidad de insectos que destruyen poco a poco el resto del jardín a la vez que impide que otras especies crezcan en los alrededores.

   Ahora bien, ¿Existen personas trepadoras? ¿Crecer para algunos implica ocupar espacios y arrasar con lo que se presenta en el camino?

   Trepar significa subir a un lugar elevado, a veces de difícil acceso, valiéndose generalmente de pies y manos; en el caso de las plantas es necesario una pared, reja o elemento que sirva de soporte. Con las personas en ocasiones y especialmente en ámbitos laborales se da un efecto similar, puesto que de forma inescrupulosa, se valen de cualquier medio o “escalón” para prosperar.

   Conocidos como “arribistas”, apelan a todo para lograr su cometido en un corto plazo, la voracidad y la ansiedad son las notas distintivas. Seductores, aduladores, se valen del engaño y de rasgos cautivantes trepándose y enredando a todo cuanto hay a su paso; compañeros inteligentes aunque de perfil bajo y jefes vulnerables son los peldaños que pisotean en su afán por crecer.

   Simpáticos y comedidos, graciosos y divertidos se muestran generosos, pululan buscando lugares de privilegio sin tiempo que perder o instancias que superar, la particularidad es que saben detectar en una estructura quienes detentan el poder para ganarse su beneplácito y confianza. La ciencia los define como seres vacíos, con muy poco para ofrecer.

   Como las plantas trepadoras no les importa corromper o destruir lo que hay a su paso y al igual que dicha especie, que al cabo de un tiempo sirve de morada para insectos, las personas trepadoras albergan sentimientos de inseguridad, envidia y resentimiento.

   Son ávidas de atención, aspaventosas, con escasa capacidad de análisis y egocéntricas. Concentran sus energías en impedir que otros crezcan a su alrededor y a veces terminan enredándolos en sus propios ramas.

  Nadie está exento de cruzarse con este tipo de especie por eso habrá que ser precavido, prudente y paciente. Las  artimañas y mentiras no se pueden sostener por largo tiempo. Evitar el contagio, no caer en el juego y sobre todo permanecer con los ojos abiertos preserva de terminar convertido en el próximo escalón a ser pisado. 

   Mantener la calma y sin perder de vista el propio valor permite advertir la presencia de estos personas que socavan, trepan y enredan. Tal vez allá que cortarlas de cuajo o bien alejarse, pues sabemos que para trepar a una roca los reptiles siempre se arrastran.