Bahía Blanca | Miércoles, 10 de agosto

Bahía Blanca | Miércoles, 10 de agosto

Bahía Blanca | Miércoles, 10 de agosto

Como cuando se va un grande

Todo es tristeza para quienes nos cruzamos en la vida con Daniel Cardone.

Por Sol Azcárate 

   Te juro que les vi llegar como con una ofrenda en las manos. La ofrenda del abrazo, de los acompaño, de conocí a tu viejo y era un tipazo, de con tu marido laburé como con nadie, con alegría y con generosidad. La generosidad fue lo que destacaron todo el tiempo, sí. Qué tipo generoso Daniel. Te daba el corazón al apenas conocerte. Qué excelente padre tuvieron, chicos. Qué gran compañero de vida disfrutaste, Mary. 

   Ayer el mundo se volvió un lugar insoportablemente injusto de habitar. El silencio de la madrugada helada acompañó con un poco más de respeto. Pero apenas empezó el ruido de la ciudad al despertar, fue absolutamente injusto que no se cortara la luz de todas las oficinas, que no dejaran de funcionar todos los semáforos, que no dejaran de arrancar los autos y que el transporte público continuara parada tras parada. Tampoco se explica cómo hubo camiones en las rutas, si ya no estaba el que le dedicó la vida al rubro. Fue injusto, muy injusto que todo siguiera funcionando, que el mundo siguiera inmutable e indiferente ante la muerte de un tipo fuera de serie.

   Hace rato que ya no creo en eso de que alguien sea el mejor en algo. Sobre todo porque todos creen que a los mejores los tienen ellos. Pero ayer de verdad que murió el mejor y no lo tuve yo. Ayer murió el mejor compañero de vida de María Rosa. El mejor papá de Franco, Santiago y Martín. El mejor hijo de Rita. El mejor amigo de tantxs. Si supieran... ¡El mejor jefe! Mientras dos de sus hijos estaban comiéndose el dolor más grande de estar en la casa velatoria haciendo todos los trámites, apenas un momento después de que el corazón más buenazo del mundo dejara de latir, afuera, a las 3 de la mañana de esa noche helada y desierta, estaban esperándolos los empleados de Daniel. 

   Porque sí hubo cientos, te juro que hubo cientos de personas que pararon su mundo en el lunes más difícil de todos y se acercaron durante toda la mañana como con una ofrenda en las manos. Qué excelente padre tuvieron, chicos. Qué gran compañero de vida disfrutaste, Mary. Pasaron una por una a repetir esos mantras y a abrazar a la familia de Daniel Cardone para hacerles saber que de alguna u otra manera, en lo personal o en lo laboral, ese tipo les ayudó, les abrazó, les escuchó, les dio una mano, les puso un plato de comida en la mesa, les dio laburo. 

   Ayer se fue un tipazo y no hay consuelo. No hay palabras que alcancen. No hay fe que aguante tanto dolor, tanta impotencia y la brutal certeza de que nada va a ser lo mismo sin él. Que no solo lo vamos a extrañar en cada momento que compartamos como el anfitrión que supo ser para su familia y amigxs, sino que Bahía Blanca lo recordará para siempre como una de las personas que más laburó y luchó para hacerla más accesible para las personas con discapacidad. 

   Y sí que lo sabemos en DUBa, pero queremos que lo sepan todxs. Porque sin dudas fue el que puso el alma y el cuerpo sin hacer ningún alarde. Por sólo ponerles un ejemplo, hasta el último momento, en el feriado por el 9 de Julio estuvo ahí. Se acostó a las 2 de la mañana después de cocinar el locro que le dará un respiro económico a la institución y se levantó a las 4:30 de la mañana para terminarlo, dividirlo en porciones y salir a repartirlo por toda la ciudad. Eran las 3 de la tarde y él seguía laburando por DUBa y así, por todas las personas con discapacidad. 

   No hay consuelo, no hay palabras que alcancen y no hay fe que aguante. Todo es tristeza para quienes nos cruzamos con Daniel Cardone. Sólo queda algún día aprender a vivir su recuerdo con la felicidad que compartimos la vida. Así como cuando se va un grande, cuando se va el mejor. Y nos queda homenajearlo, aprendiendo cada día a ser un poco como él, en familia y en DUBa. 

   Gracias por siempre, Daniel.