Bahía Blanca | Viernes, 20 de mayo

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Destejer las disputas familiares

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   Las disputas entre hermanos o entre los integrantes de una misma familia son tan antiguas como la existencia en sí, siempre al hablar de rivalidades y grietas cabe recordar a Caín y Abel.

   Tal vez las rencillas que quedaban reservadas al plano íntimo o privado, hoy salen a la luz, se intensifican si hay reparto de bienes y cobran trascendencia mediática cuando los actores principales o pertenecen al mundo del espectáculo o tienen grandes fortunas.

   Como todo sistema en el que se tejen relaciones y vínculos, no existe familia que esté exenta de atravesar conflictos, crisis, disputas y problemas, solo que cuando no se abordan oportunamente y se resuelven crecen como una bola de nieve; el resultado final es que los integrantes del sistema quedan re-sentidos.

   Llegado a este punto que pareciera de “no retorno”, lo que se advierte es un modelo de relación disfuncional en el que los vínculos están regidos por el enojo, el rencor, la imposibilidad de dialogar y solucionar, incluso surgen hasta sentimientos de odio. Sostenido y sin resolución a lo largo del tiempo tiene como resultado final “una foto rota” y mucho dolor.

   Salvador Minuchin, pionero de la terapia familiar, realiza grandes aportes. Según el experto cuando en un sistema hay alguien resentido o dolido en apariencia es un solo integrante, pero al detenerse a analizar el sistema se advierte, se tejen alianzas y coaliciones entre otros integrantes que toman parte sosteniendo y profundizando el problema.

   Tomar parte refuerza el problema, se retroalimenta el circuito comunicacional y no hay lugar para exponer fundamentos, negociar, entender, procesar, perdonar y hasta olvidar. A veces los integrantes del sistema que no están implicados en el conflicto, lejos de colaborar en dar vuelta la página y cerrar una historia terminan agregando nuevos capítulos.

   Las causas son variadas. No sentirse valorado y respetado por los familiares, que no se puede confiar en el grupo de pertenencia, ser catalogado como la oveja negra, hijos que se sienten desvalorizados, que pasan desapercibidos porque en ocasiones el destinatario de los halagos es otro integrante.

   Descalificaciones y etiquetas como torpe, burro, haragán, humillaciones, ausencia cuando se necesitaba presencia, traiciones, engaños, son algunas de las conductas que alimentan la disfuncionalidad del sistema familiar.

   ¿Cómo resolver o tejer nuevos vínculos?

   Primero normalicemos, estos conflictos son comunes y frecuentes en el ámbito familiar, involucra a víctima, victimario o espectador que hasta tomó parte en el escenario de conflicto. Lo importante es recordar que el sentimiento negativo persiste en el recuerdo y por eso se vive tragando veneno.

   Fácil es decir que el perdón sería la solución, pero no es algo que se logre con facilidad. Reparar vínculos resquebrajados requiere de tiempo y de un deseo de querer superar el conflicto. Tramitar el dolor y poder hablar son los primeros pasos para desvanecer rencores.

   Soy de las que promueve las instancias de reparación y perdón, pero también si la intención es unilateral tal vez sea momento de poner punto final y aceptar.