Bahía Blanca | Miércoles, 29 de junio

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Ante la hipocresía pacifista

“En nombre de la libertad, Estados Unidos y la OTAN invadieron Corea en 1950, en el 59 Cuba, en el 60 Guatemala, en el 74 el Congo...”

   “La única política imprescindible es la internacional” (Perón). Hoy resalta como tal Ucrania-Rusia, conflicto que deviene de la otrora estrategia “de la destrucción mutua asegurada” entre Estados Unidos y el ahora bloque euroasiático (Rusia más China). Si una potencia podía anular el ataque nuclear de otra potencia, podía destruir a esa potencia agresora. 

   Eso caducó. Es lo que le sucede a Rusia con Ucrania, ya que un ataque con cohete supersónico a Moscú (500 km) demora 5 minutos, mientras que la reacción demoraría 15 minutos. Ergo, Rusia descartó esa estrategia y desplazó 150.000 tropas a Ucrania, que es la línea roja para la Otan. Por eso Putin afirmó: “No puedo retroceder más”. Para todo esto, hay que prescindir de la “prensa mercenaria” y tener en cuenta el trabajo de Turbellen como periodista “trucker” o removedor de basura, que va desde las agachadas ilícitas de políticos locales de la mafia calabresa hasta la “financierización de la economía” a la que rinden pleitesía al recibir instrucciones de Rotschild, o la hipocresía de la Fifa, excluyendo a Rusia de los Juegos Olímpicos, después de haber convalidado el Mundial del 78 en la Argentina con una dictadura que aplicaba el plan Cóndor de Estados Unidos, Israel y Francia para desaparecer humanos desde aviones al mar. 

   Tampoco ignoran que los ucranianos tienen en su haber “lo suyo” como colaboradores de Hitler y cuyo nazismo racista ucraniano costó la vida de millares de judíos. Hitler recibía el apoyo explícito de su condecorado Henry Ford, que le suministraba camiones pa ra sus tropas. A todas las sanciones económicas de hoy a Rusia se aplica la formula de Mayer Amschel Bauer Rotschild que practica el FMI: “Dadme el control del suministro del dinero de una nación, y no me importará quien haga sus leyes”.

   Paul Craig Roberts demuestra en sus libros que “la Otan se ha burlado de la preocupación de Putin por evitar una guerra”. Pero 2022 puede ser el año en que Rusia, por autoprotección -“no tengo adonde retirarme”- invadió Ucrania y China aproveche Taiwán como forma de demostrar quién manda en Asia. Mientras tanto, en Occidente, todos compiten en querer demostrar lo inflexibles que son con Rusia, estupidez que cometen  porque están dirigidos por estúpidos. Muchos presidentes de EEUU fueron genocidas. 

   En nombre de la libertad, Estados Unidos y la OTAN invadieron Corea en 1950, en el 59 Cuba, en el 60 Guatemala, en el 74 el Congo, Camboya en el 70, Laos en el 73, después fue Vietnam, Granada en el 83, después fue Libano en el 84, Libia en el 86, donde volvieron en el 2011 y con sicarios asesinaron a Gadhafi en 2015; Nicaragua en el 80, Irán en el 87, en el 91 Kuwait, después Somalia, después Bosnia en el 94 y el 95, después  Afganistan, el Yemen en 2002. 

   En Irak y Yugoslavia asesinaron un millón de civiles. Venezuela era para Obama Hussein el mayor peligro para Estados Unidos. Trump se asoció con Macri para el golpe de Estado en Bolivia. Y así podríamos seguir. Todas las bravuconadas de Estados Unidos, Inglaterra y compañía se darán de bruces con un Putin líder de potencia euroasiática que solo exige que Ucrania no amplíe la base de la OTAN en la frontera Ucraniana con Rusia. 

   Más allá de lo que desinforman a diario los periodistas y agencias que Jauretche calificaba como “falaces defecadores de tinta”.