Bahía Blanca | Miércoles, 30 de noviembre

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Alejandro Pérez, un médico chivo

Hablar de él en el Club Atlético Liniers es nombrar a Liniers mismo.

   Iniciado en el club en 1909 como jugador, bien pronto, a los 14 años, era titular de primera división, y recibido de bachiller en 1915 (había jugado cuatro años en primera categoría) se trasladó a Buenos Aires donde lució la casaca de Porteño, entidad de golf, enfrentando a Peñarol, campeón uruguayo, y fue también integrante del seleccionado argentino estudiantil de fútbol.

   En 1923 se graduó de doctor en medicina y al poco tiempo regresó a su ciudad natal, a su querida Bahía Blanca.

   Dedicado a la cirugía fue pronto un hombre de excepción que lució sus dotes de gran médico y sobre todo puso al servicio del arte de curar un desinterés que muchos amigos de cartera grande no podían comprender. Contrajo enlace con Rosalía Fernández, con lo cual tuvo seis hijos: Héctor, Jorge, César, Enrique, Alejandro y María Elena.

   En 1925 era ya vicepresidente de Arturo Turra, su viejo compañero de 1912 y firmó para Liniers la escritura junto a Eloy de Robles del actual terreno por ausencia de Don Arturo.

   En 1926 y 1927 acompañó a Santiago Medina. Fue luego vicepresidente de Armando Antonietti entre 1928 y 1931, hasta que éste renunció y asumió la presidencia de Liniers que no dejó hasta 1958, siendo reemplazado por el doctor Héctor Pedro Castelli, su discípulo y amigo.

   Entre 1929 y 1935 Alejandro Pérez jugó al básquetbol y en 1930/32 en primera división. En 1930 y 1931 fue presidente de la Asociación Bahiense de Básquetbol y era a la vez en este último año presidente de Liniers, de la entidad matriz y jugador de aceptable rendimiento en el equipo que perdió ese año en la final de campeonato de primera división contra Estudiantes.

   La labor de Pérez como presidente fue de gran notoriedad. En el año 1933 inauguró la pileta que donó a su club. Una hermosa pileta a la que agregaría luego azulejos que la convertirían en algo muy importante.

   Bajo su presidencia se inauguró la tribuna oficial, costosa para la época, y para que ello ocurriera su señora esposa debió entregar el terreno que tenía gravado a su nombre en 25.000 pesos, sin contar con un solo centavo, como tampoco había cobrado interés alguno desde 1931.

   Se hicieron vestuarios para la pileta, el paredón; sobre la Avenida se pagó el asfalto y más tarde se construyeron la cancha de básquetbol, la ubicada en Rondeau y la actual, primero de polvo de ladrillo y luego fue embaldozada. Se construyeron dos hermosas canchas de bochas, una gran tribuna sobre 12 de Octubre y un fogón para socios y familias, y muchas otras cosas que hermosearon el field.

   Él fue el principal impulsor dentro de la institución del entendimiento con el Bahía Blanca Automóvil Club, de sus conversaciones con Bruno Zuntini surgió la pista de Midgets y Speedway.