El "Hospital de Bicicletas" sobrevive a los efectos de la pandemia
El proyecto solidario que llevan a cabo Silvina Chisu y Carlos Peña entregó más de 200 rodados en dos años.
Por Pablo Andrés Alvarez / palvarez@lanueva.com
Con cualquier bicicleta que llega a sus manos dan inicio a un proceso que conlleva bastante tiempo extra a sus actividades laborales y familiares y que termina con conmovedores fines solidarios.
Así funciona el proyecto denominado “Hospital de Bicicletas” al que Carlos Peña y su esposa Silvina Chisu le dan forma desde hace poco más de dos años, tiempo en el que ya entregaron alrededor de 200 rodados a familias de bajos recursos.
“La idea es reciclar bicicletas en desuso y entregarla a los niños de barrios carenciados”, explicó Carlos, quien se desempeña como policía.
Para ello, una vez que la recepcionan, la desarman completamente, le cambian los accesorios que ya no funcionan, la vuelven a armar, la “tunean” y, finalmente, la entregan en forma gratuita.
“Por efecto de la pandemia, el grupo de trabajo se redujo notoriamente. Por ejemplo, ya no las podemos pintar porque no pudimos reemplazar a Rodrigo (Puchetta)”, contó Silvina Chisu, empleada del servicio de emergencias Siempre (107).
Esa situación de quedarse sin tantas manos colaboradoras, obligó a Carlos y Silvina a adoptar decisiones para reducir y optimizar los tiempos.
Así, dejaron de rescatar las bicicletas “en grave estado”, por el esfuerzo y el dinero que insume ponerlas en condiciones, y se enfocaron en las que aún “pueden sobrevivir” con algunos arreglos.
“Antes de retirarlas, le pedimos a la gente que nos mande una foto del estado actual. La verdad es que, al ser tan pocos, no podemos dedicarle mucho tiempo a ponerla en condiciones, porque eso también demora las entregas”, explicó Carlos.
“Hay mucha gente solidaria, que quiere regalar bicicletas viejas. El tema es que si están en muy mal estado, nos insumen mucho tiempo y mucho dinero repararlas. Por eso estamos implementando una especie de filtro para centrarnos en las bicicletas que requieran un poco menos de trabajo”.
Llevan entregadas más de 200 bicicletas, la mayoría para niños y niñas.
“En la pandemia comenzamos a incluir a los adultos, porque muchos necesitaban para movilizarse al trabajo, pero la prioridad siempre la tienen los más chicos”.
Para ello, antes de regalarla, realizan un estudio previo.
“Básicamente, que haya una necesidad y que la familia no tenga recursos para adquirirla. No nos da el tiempo para satisfacer todos los pedidos, que realmente son muchos. Así que vamos categorizando por necesidad, en un trabajo que también intervienen las iglesias, distintas ONG y hasta servicios sociales del municipio”.
Por ejemplo, en el Hogar de Abrigo Cantilo obsequian un rodado a aquellas adolescentes que egresan al cumplir los 18 años.
Y también, por si ésto fuera poco, realizan remodelaciones en sillas de rueda.
“Llevamos 30 entregadas a distintas instituciones. La mayoría van al Penna, pero también hemos arreglado para Ayuda-Le o el Club de Los Peladitos”.
Hay mucha gente que se ofrece a ayudarlos, pero a veces no cuenta con la constancia o el tiempo libre que se precisa para asumir el compromiso.
“Nosotros lo hacemos a pulmón, en los tiempos libres que tenemos en nuestros respectivos trabajos. Así y todo, nos demanda alrededor de 4 o 5 horas diarias a la semana poner en condiciones una bicicleta, que consta de revisar las cámaras y las cubiertas, regular los cambios; cambiarle el cable y la vaina de los frenos y lubricarle la cadena, entre otras cosas”.
“Por más que lo nuestro es ad-honorem, la labor conlleva una responsabilidad muy grande. No podemos fallar en las entregas que ya tenemos pactadas y allí se complica sumar gente al proyecto que no termina de comprender del todo lo que es un trabajo voluntario”.
Los recursos, obviamente, son muy acotados.
“En varios momentos tuvimos que poner plata de nuestro propio bolsillo, resignando cosas familiares, o bien con el aporte de algunos padrinos. En algunos casos, reciclábamos las partes de las bicicletas. De tres, armábamos una, por ejemplo”.
“Actualmente, modificamos un poco esa parte y comenzamos a organizar rifas con bicicletas antiguas que nos hayan donado. Seguimos recibiendo de vez en cuando algunas donaciones de parches o cámaras, que siempre son necesarias. En ese sentido, nuestras redes sociales siempre están abiertas”.
Admiten que no esperaban semejante repercusión.
“Hay semanas que estamos sobrepasados, pero ver la alegría de los chicos cuando reciben una bicicleta es impagable”.
Entre los dos tienen cuatro trabajos y una hija (Luisana, de 5 años).
“Es una realidad que estamos postergando proyectos familiares por éste solidario. Por eso, necesitaríamos gente que quiera sumarse, que tenga el mismo espíritu nuestro y continuar este programa sin que nosotros estemos tanto en el día a día”.
El contacto, tanto para donar como para brindar ayuda de alguna manera, se puede realizar por redes sociales.
“Estamos en Facebook e Instragram como Hospital de Bicicletas Bahía Blanca. Para aquel que duda en ayudar, lo único que les puedo decir que es impagable ver las caras de los chicos cuando reciben las bicicletas. La alegría de esa familia es la que motoriza todo ésto”, cerró Carlos.
Sólo buscan darle felicidad a un chico con algo que a otro ya no lo usaba o no le servía más. Y vaya si lo logran...