Bahía Blanca | Domingo, 14 de agosto

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Omar Morán, un señor, un apasionado, un talentoso: su legado en pocas fotos

Sencillo, humilde, talentoso. Dejó un legado enorme, desde lo personal y desde su labor profesional.

Mario Minervino / mminervino@lanueva.com

 

   Tenía la humildad de los grandes. Porque parecía sonrojarse y hasta avergonzarse cuando uno le refería su condición de verdadero "prócer" de la historia local, sobre todo, claro, con sus fotografías relacionadas con el básquet.

   De cada una recordaba en detalle cómo se fueron dando, producto de su atención, de su decisión, de su búsqueda pero también de su talento.

   Hace unas semanas terminó de armar un cuadro con la foto que es emblema del básquet bahiense, aquella de Fruet y De Lizaso gritando un doble en la final de un provincial.

   El cuadro lo hizo al cumplirse 50 años de esa foto. Y pidió a algunos allegados que le escribieran algo relacionado con esa imagen. Así lo armó, con opiniones de Mario Rennier, Alfredo Monachesi, Atilio Fruet, José I. De Lizaso, Sergio Alcalá, Rafael Emilio Santiago, Jorge Cortondo y quien escribe estas líneas. El flaco no escribió nada: puso la foto, nada más. Luego se encargó de obsequiar su trabajo con una dedicatoria. Lo hizo como un homenaje al básquet, a su mística, a sus jugadores. No era por su logro ni por su foto. Era por todos.

   Nunca tuvo problemas en regalar sus fotos. Ni siquiera las más famosas, la del retiro de Fruet con la camiseta de Cabrera, la de los tres monstruos abrazados en el medio de la cancha luego de ganarlo al Gulf Oil, la de Cabrera que se puede ver en el estadio Osvaldo Casanova. Era algo así como que esas fotos no le pertenecían, que eran de todos y para todos.

   La última vez que hablé con él fue cuando murió De Lizaso, no hace mucho. Estaba consternado por su muerte y porque un día antes había hablado con el Negro para decirle que le mandaba el cuadro con su firma.

   Es muy triste decirlo, pero se han ido varios de quienes escribieron las horas tan gloriosas de nuestro basquetbol. La trilogía, el loco Gómez, el conde Coleffi, el negro Santiago, Brussa, Ferrandi y Morán. Porque esa historia que se escribió en la cancha no hubiese sido la misma sin el acompañamiento de quien contaba la historia, de quien la relataba, de quien la fotografiaba. Todos fueron parte de ese gran milagro deportivo. Coincidieron en tiempo y espacio.

   Hace unos años hizo una exposición con sus trabajos en la Cooperativa Obrera. Unos días después me dejó en la portería del diario varias de las fotos que había expuesto. Un obsequio que hoy comparto, como muestra contundente de su legado, de su talento, de su pasión.

   El flaco Morán murió del corazón en tiempos de COVID. Se lo vio y escuchó impecable hasta su último minuto. No es fácil asumir que ya no está.