Una obra de Olga Corrales

Una esquina de Bahía donde el arte tiene mucho que decir

17/5/2021 | 07:00 |

En el edificio de oficinas ubicado en Rondeau y Tucumán se generó un espacio en el cual se ha colocado una escultura que muestra la figura de una mujer.

Fotos: Pablo Presti-La Nueva.

Por Mario Minervino / mminervino@lanueva.com

   En cuestión de proyectos de arquitectura, la resolución de las esquinas siempre conforma un desafío a la hora del diseño. Por varios motivos.

   Por ser sitios singulares dentro de la estructura urbana, adoptados muchas veces como referencias, por conformar el encuentro de dos calles ofreciendo dos posibilidades de frente y porque son una singularidad dentro de la manzana.

   Estas y otras cuestiones llevan a exigir un pensamiento distinto al de una edificación entre medianeras o a mitad de cuadra. Además del compromiso que siempre significa una obra de arquitectura en su relación con la ciudad, señalada por algunos estudiosos como “el arte inevitable”, que está ahí, a la vista de todos, que va conformando el paisaje urbano.

   Un ejemplo sin dudas distinto en este sentido es la resolución adicional adoptada para el edificio de oficinas ubicado en Rondeau y Tucumán, donde la esquina se pliega hacia adentro para generar un espacio en el cual se ha colocado una escultura que muestra la figura de una mujer, generando un hecho artístico semi público que no pasa inadvertido y genera distintas sensaciones entre los caminantes.

   La obra comprende un edificio de oficinas construido por la empresa Zona Urbana SA, de acuerdo a un proyecto del estudio de arquitectura Othaz & Vecchi, con la dirección técnica a cargo del ingeniero Mariano Molfino.

   “Nos parece importante generar en nuestros emprendimientos un lugar para que artistas lo decoren o expongan sus obras. En este caso la encargada fue Olga Corrales, de quien conocíamos sus trabajos. La idea que nos inspiró fue devolver a la ciudad algo de lo que nos da”, señaló Martín Ojeda, de la firma desarrolladora. 

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Una mujer, una azucena

   La escultura tiene una escala monumental, con cinco metros de altura y una leve inclinación hacia el frente que parecer querer interactuar con sus ocasionales observadores. También impacta el brillo del acero inoxidable, que varía de acuerdo a la hora del día.

   Su autora es la artista bahiense Olga Corrales, con varias obras realizadas en la ciudad y con la particularidad de ser el trabajo realizado para este edificio el primero que trabaja con acero inoxidable, lo cual la llevó a aprender a cortar y soldar un material al que define como “mucho más difícil de trabajar” que el acero común.

   Explicó, además, el sentido de este trabajo.

   “Es una obra con mucha carga emocional, es parte de mi biografía. Simboliza la fortaleza y la sensibilidad de las niñas y las mujeres en el transcurso de nuestras vidas,  que nunca perdimos y que mantenemos para levantarnos incluso bajo la violencia machista y el sistema patriarcal. Es una historia personal muy grande, eso es lo que busco transmitir”.

   Olga refirió que la figura se inspira en una vivencia de su infancia, cuando siendo una niña “muy pequeña y muy inocente” se escapaba a un baldío “que era como una selva” y podía oler las flores y explorar ese mundo.

   La escultura mide cinco metro y la mujer-niña está frente a una azucena, que muestra su color por las noches, con una colorida iluminación, y no tiene nombre.

   “Me gusta jugar con el asombro que provoca, que cada persona pueda interpretarla a su manera. Es asumir que el arte es decorativo pero además es un reflejo de la historia, de cosas que están ocurriendo”.

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