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Coronel Suárez: Dora, Ricardo y el secreto para cumplir 60 años de casados 

Cumplieron hace poco sus Bodas de Diamante. Pasaron por situaciones difíciles, complicaciones de salud y zozobras, pero también hubo muchos momentos felices para poner en la balanza.

Fotos: Agencia Coronel Suárez

   No son muchos los matrimonios que llegan a cumplir sus Bodas de Diamante: son nada más ni nada menos que 60 años de vida en pareja en los cuales se mezclan tristezas y alegrías y, sobre todo, el amor perdura. Es cierto, no existe una receta única para alcanzar ese tiempo, pero indudablemente en el caso de Ricardo Kromberger y Dora Góngora, el condimento especial para transcurrir tantos años juntos fue y sigue siendo el compañerismo. 

   Han pasado muchos años pero aún hoy, a sus 82 años, Ricardo se emociona y recuerda con lágrimas en sus ojos el momento en el que se perdió de subir a una montaña en el sur argentino junto a un grupo de amigos -en una recorrida que había sido planificada durante años-, por quedarse junto a su mujer quien, por un problema en la pierna, no podía seguir avanzando. 

   Hoy los dos miran hacia atrás y hay mucho más que 60 años de matrimonio: encuentran anécdotas, dos hijos y tres nietos, momentos muy difíciles como el cáncer que tuvo que atravesar Dora poco después de tener a su primer hijo, o la amputación de una pierna que sufrió hace 7 años producto de las secuelas que le dejó el tratamiento.

   Por supuesto: también hay momentos que hoy recuerdan con una sonrisa, como cuando Dora lo obligó a Ricardo a elegir entre una novia que él tenía en Pigüé o ella.

   “Nos casamos el 3 de diciembre de 1960. Nos habíamos conocido durante un viaje en tren entre Pigüé y Coronel Suárez; yo ya conocía a mi cuñada y tenía una novia en Pigüé en ese momento. Charlamos mucho ese día el tren, en un febrero en tiempos de carnaval; por eso, a su pedido, decidí acompañarlas al baile para que no vayan solas”, cuenta Ricardo.

   Joyero y relojero por tradición familiar, recordó que “en ese entonces vivíamos compartiendo los fondos de nuestras viviendas, pero sin saberlo”. Entonces, decidió buscarla. Sabía que ella trabajaba en una farmacia, pero como en aquel entonces las mujeres solo atendían a clientas mujeres, “estuve dando muchas vueltas porque siempre que iba me atendía un varón”. 

   No fue todo tan simple: por ejemplo, Dora recordó que el padre de Ricardo no lo dejó casarse hasta que cumplió los 22 años, edad en la que por entonces se alcanzaba la mayoría de edad. “Cumplió los años en noviembre y en diciembre nos casamos en Mar del Plata”, contó.

   Como fruto de esta unión, tuvieron dos hijos; Daniel, el más grande, casado con Laura y padre de los trillizos Ana Julia, Mariano y Julián, y Pablo, el más chico. 

   En cuanto a la construcción del matrimonio, Ricardo dijo que “siempre fue bien, con sus altibajos, como cualquier otro, pero siempre buscamos los puntos en común y seguir juntos para adelante”.

   “No hay recetas; solo saber aguantar los momentos de flaqueza de la pareja y tener fe en Dios”, resumió.

   El diagnóstico de cáncer de Dora fue un golpe muy duro que recibió con 24 años de edad y un hijo de apenas un mes. Recibió el cuidado de los médicos de La Plata e inauguró la bomba de cobalto, un sistema agresivo para el tratamiento de la enfermedad. 

   “Ese tratamiento le salvó la vida pero contaminó su pierna: hizo que tuviera problemas de por vida y que terminara perdiendo la pierna hace unos años, postrándola a una silla de ruedas”, cuenta. A casi 60 años de ese episodio, hoy lo miran con otra perspectiva, incluso con la alegría de haberlo concluido y tenido otro hijo después. 

   Para Ricardo, “Dora es mi compañera en las buenas y en las malas; es lo único que tengo, estamos juntos y seguimos así después de muchas dificultades”. Dora fue más poética aún: “Ricardo es el compañero que me salvó de todo lo demás”. (Agencia Coronel Suárez).