Bahía Blanca | Sabado, 21 de mayo

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Hicieron más de 300 kilómetros a caballo para conocer Monte Hermoso

Omar tiene una escuela de equitación criolla en Venado Tuerto. Junto con 10 alumnos, cerraron las actividades del año cabalgando desde Carhué hasta la costa. “Fue una experiencia única”, dijeron.

El grupo a pleno. Tardaron 12 días en cabalgar desde Carhué a Monte Hermoso. Fotos: Agencia Monte Hermoso y Facebook.

Audionota: Gino Mondino

Agencia Monte Hermoso / laregion@lanueva.com

   Unos 325 kilómetros separan a la ciudad de Carhué de Monte Hermoso. Parece una distancia muy larga para recorrer en otra cosa que no sea un vehículo automotor, pero no para Omar y 10 de los alumnos de su escuela de equitación criolla: juntos la recorrieron a caballo, durante casi dos semanas, atravesando algunos de los paisajes más hermosos que brinda esta región.

   “Nuestra travesía comenzó con una primera etapa desde Venado Tuerto, donde vivimos, a Carhué. Esta parte la hicimos en vehículos, tanto los caballos como nosotros. De ahí en más cabalgamos recorriendo distintos pueblos, parajes y caminos, hasta llegar a Monte Hermoso”, contó el instructor.

   La etapa inicial fue corta: 561 kilómetros en menos de un día. La segunda fue mucho más intensa: 325 kilómetros a caballo, durante 12 jornadas. 

   “Conocimos las ruinas de Epecuén, después iniciamos un raid por las Sierras de la Ventana (sic) y terminamos el recorrido en Monte Hermoso.

   Viajamos sin nada armado, improvisando un campamento en cada lugar al llegar la noche, con nuestras propias carpas, a veces parando en estancias y, otras, en los pueblos”, contó. 

   “Por suerte siempre hemos sido muy bien recibidos y nos dan cobijo para los caballos”, añadió.

El grupo, en una de las paradas camino a Monte Hermoso. Sólo falta Francesco, quien tomó la fotografía.

 

   El grupo de este año estuvo compuesto por 11 personas. Omar, además de ser el profesor, es el único adulto. El resto del grupo lo conforman Magalí (de 17 años), Margareth (9), Maura (12), Clara (12), Celeste (11), Faustina (9), Sofía (14), Agustín (13), Francesco (14) y Máximo (11).

   “Como parte de una escuela de equitación criolla, todos los años formamos un grupo y salimos a hacer este tipo de actividades a algún destino del país. Hemos estado en las sierras de Córdoba, San Luis, provincia de Buenos Aires. A veces se repiten los participantes, pero los grupos cambian todos los años”, señaló Omar.

   “Este año nos habíamos propuesto llegar al mar. No sabíamos si iba a ser en Monte, o Pehuen Co, pero la idea era llegar a la costa”, añadió Magalí Malis, integrante del grupo.

“La logística es sencilla, porque viajamos sólo con lo indispensable. Las comodidades son lindas, pero en este tipo de viajes uno aprende acerca de lo poco que se necesita para tener experiencias de vida tan fuertes", reflexionó Omar.

   Maximiliano, otro de los participantes, dividió a la cabalgata en dos etapas.

   “El viaje por las sierras estuvo lindo, pero no había mucha señal (de celular), se complicaba llamar y había pocos lugares para comprar cosas.

   Después el paisaje se hizo más aburrido, todo por caminos rurales, hasta que llegamos a Monte y se puso bárbaro“, describió.

   En Monte Hermoso se alojaron en el Complejo Americano.

La foto grupal en el Complejo Americano, donde se alojaron  en Monte.

 

   “No nos imaginábamos que íbamos a terminar así, en un lugar con piletas, toboganes de agua, con la playa ahí nomás. Nos encantó”, refirió el niño.
Omar destacó que al complejo turístico llegaron “casi por casualidad”.

   “Fue casi un milagro. El día que arribamos a Monte había perspectiva de tormenta, se estaba haciendo de tarde, no teníamos nada reservado y nos empezamos a asustar un poco. Entonces un conocido llamó a la Municipalidad y nos contactaron con la gente del complejo”, señaló.

   “La respuesta fue excelente. Nos ofrecieron las instalaciones y nos atendieron de la mejor forma, tanto a nosotros como a los caballos”, destacó. 

En Venado Tuerto el grupo se reúne semana a semana para dominar el arte de montar a caballo. “Algunos integrantes tienen su propio caballo -refirió Omar-. Juntos hacemos cabalgatas de 3 o 4 horas, y a fin de año, cuando terminan las clases, hacemos un viaje".

   En el grupo había varios chicos que, por vivir en el sur de Santa Fe y no viajar mucho, no conocían el mar. 

   “Algunos se emocionaron mucho cuando lo vieron por primera vez; y con lágrimas, en algún caso”, contó Omar, con una sonrisa.

Los propios chicos debían asistir y atender a diario a sus propios caballos.

 

   En cuanto al comportamiento de los chicos, dijo que fue “ejemplar”.

   “Todos se portaron muy bien y, sobre todo, soportaron estoicamente el viaje. Hubo días de marcha forzada, muy cansadores, pero nadie se quejó.

   Incluso hubo jornadas en que nos costó llegar a algunos pueblos para comprar comida, y lo soportaron de la mejor forma”, recordó.

   “De cualquier forma, no son travesías extrañas para nosotros -aclaró-. Hemos recorrido San Luis de punta a punta, viajando por días, sin tener un destino fijo ni un número exacto de días para llegar o volver. Este viaje, de hecho, lo teníamos previsto hacer en 10 días, y nos llevó varios más”.

   Las travesías a caballo -añadió- ofrecen “una manera única de viajar”. 

   “No es comparable a nada. Eso sí, no hay que ser ansioso: se hacen 25 a 30 kilómetros por día; a veces 40, o 60 en un día extremo. Para llegar a Monte Hermoso tardamos 12 días. Hay que disfrutar el trayecto tanto como el destino”.

   “El caballo es un medio y un modo de vida para mí. Vivo de los caballos, y mi manera de vivir es con los caballos. Me hace feliz estar con estos animales. Me da armonía”, contó.

   El grupo regresó a Venado Tuerto esta semana. Lo hizo en vehículos que llegaron desde esa ciudad, equipados para transportar personas y caballos.

Cabalgaban entre 25 y 30 kilómetros por día, aunque en la última jornada hicieron 60. Sólo paraban para acampar. 

   “Volvimos así porque a caballo habría sido muy largo y cansador, y además todos tenemos trabajos y obligaciones”, contó Omar.

   El retorno -añadió Magalí- le costó a todos los chicos.

   “Daban ganas de quedarse, pero en algún momento tenemos que regresar. Eso sí, vivimos cada día al máximo. Algunos de los chicos se levantaban bien temprano y se metían al mar a las 6.30 de la mañana, y después no querían ni salir”, refirió entre risas.