Con un ojo puesto en la cuarentena y otro en la grieta

25/7/2020 | 07:00 |

La columna semanal de Ricardo Salas, corresponsal de La Nueva. en La Plata.

NA y Archivo La Nueva.

Por
Ricardo Salas

   Paradójicamente en el momento de mayor crecimiento de la curva de contagios del Covid-19, la agenda política y mediática se reconfiguró en base a dos preocupaciones: economía e inseguridad.

   Sobre todo la estructural crisis de inseguridad ciudadana, otro problema endémico que tiene la Provincia, y que volvió a instalarse en primer plano a fuerza de casos resonantes, como el del jubilado que mató al ladrón que había entrado a robar por tercera vez a su casa.

   El caso expuso una situación de gran vulnerabilidad de una zona -en este caso, Quilmes- que bien podría extrapolarse a muchas otros distritos del Conurbano, sin distinción de quien los gobierne.

   Está preocupación está instalada también en la dirigencia, sobre todo en los intendentes del AMBA, que luego de ver cómo en marzo y abril las estadísticas cayeron a niveles suizos, en las últimas semanas volvieron a dispararse, y sobre todo llama la atención los niveles de violencia que se están viendo.

   Este tema lo retoma el gobernador Axel Kicillof, cuando intentó coordinar una reunión entre su ministro Sergio Berni, y su par de Seguridad nacional, Sabina Frederic, bajo la excusa de reorientar la política de seguridad ante la nueva etapa de la cuarentena flexible, pero que en realidad fue para apaciguar el nivel de enfrentamiento que ambos vienen sosteniendo en voz muy alta.

   El gobernador sabe que para enfrentar este tema no pueden coexistir dos miradas tan distintas como las que encarnan públicamente Berni y Frederic. Por lo menos deberán ponerse de acuerdo para coordinar en los municipios un trabajo que se presume muy difícil.

   “Es imposible generar un plan de seguridad sin un plan de contención social”, sostiene el mediático Berni. También plantea la necesidad de proyectar un trabajo en conjunto con los intendentes, fundamentalmente en una mirada de largo plazo para sacar a los delincuentes de las calles cuando llegue la hora de la pospandemia.

   Pero Kicillof también cree que hay un intento por responsabilizar al Gobierno del daño que provocó el coronavirus, y apuntó contra quienes “hacen política con la pandemia” instalando temas como la inseguridad en los últimos días ante un contexto de angustia e incertidumbre social.

   En la Provincia, tanto el gobernador como los principales referentes legislativos del Frente de Todos tienen “buen diálogo” con  Juntos por el Cambio (salvo algunos pocos “libres pensadores” que reprochan a distancia o “invitan” a romper la cuarentena, pero cuando llaman a La Plata para pedir algo puntual son pura amabilidad). 

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   Las “diferencias de fondo” son con los dirigentes de la plana mayor de JxC  “que no tienen responsabilidades de gestión” y “operan mediáticamente” sobre el malhumor social, cuestionan en las diagonales.

   Mientras la progresión diaria en los números de contagios y muertes sigue batiendo récords en el AMBA, la estrategia “aperturista” porteña de Horacio Rodríguez Larreta fue mirada con desconfianza por Kicillof y sus ministros en calle 6. 

   Sostienen que cualquier ola de rebrotes de contagios por Covid-19 se deba de forma casi segura a la flexibilización “recreativa” y comercial y el levantamiento de las restricciones de seguridad. Si los casos siguen creciendo, no hay más remedio que “volver atrás”.

   No hay dudas que en tierras bonaerenses también la mirada está centrada en la crisis pospandemia. La situación económica es otra de las preocupaciones centrales de la Gobernación, y por eso urge la aprobación de un nuevo endeudamiento en dólares y pesos que ya está siendo analizado en la Legislatura y es considerado de vital importancia para el futuro cercano. Sobre todo, como lo adelantó el ministro de Hacienda provincial, Pablo López, para la asistencia a los municipios en el pago de sueldos.

   Entretanto, desde Juntos por el Cambio balconean la situación, observando cómo los cortocircuitos internos en el Frente de Todos le hacen perder más energías de las que debería al propio presidente Alberto Fernández:

   Los opositores amarillos parecen haber llegado a un acuerdo de fondo, que consiste en permanecer juntos, sin importar cuánto se quieran unos a otros. Creen, con el consejo de algunos consultores, que el sólo hecho de permanecer unidos les garantiza un núcleo de apoyo, que algunos sostienen entre el 35 y 40 %.

   Con esta premisa de fondo, esperan que el oficialismo se trastabille o sufra el natural desgaste del poder, y entonces volver por una revancha en las legislativas 2021.

   Con estas coordenadas macro, los distintos espacios ya comenzaron a mover sus fichas mirando el próximo turno electoral. Y en este contexto, quien planteo un abierto desafío al Pro es el jefe bonaerense del bloque de diputados de JxC, Maximiliano Abad, al decir que el radicalismo se prepara para liderar el espacio opositor.

   Por otro lado, los dirigentes opositores que están en gestión, los intendentes, además de aportar a la construcción del espacio, tienen que lidiar con los avatares de sus propias administraciones.

   Algunos se sienten más cómodos siendo oficialistas, dicen en las diagonales. Lo fueron en tiempos de María Eugenia Vidal, y decidieron volver a ser oficialistas ahora, ya sin Cambiemos en el poder, cómo es el caso del intendente de Tornquist, Sergio Bordoni, quien decidió irse de Juntos por el Cambio y aterrizar en el Frente de Todos de la mano de otro alcalde vecinalista que reporta al massismo, Carlos Bevilacqua de Villarino.

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