¿Quién se atreve a salir?

19/7/2020 | 06:30 |

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Por
Guillermina Rizzo

   Como si fuera un juego, avanzamos y retrocedemos por las distintas fases que enmarcan esta pandemia. "De oca a oca y tiro porque me toca" reza el juego, mientras, en la vida cotidiana y de fase en fase, salgo cuando “me toca”, cuando la necesidad es imperiosa y “el protocolo” lo permite.

   Como en todo juego, están quienes mediante argumentos y artimañas transgreden las reglas y salen; también están quienes cumplen con el reglamento establecido.

   La normalidad se acerca y se aleja dependiendo de curvas, contagios, “R”, casos, camas, síntomas y asintomáticos, volver a la calle con “aparente normalidad” parece imposible y hasta implica permanecer “guardados” sin saber hasta cuando…

   ¿Alcanza con “el permiso” o se requiere estar preparado psicológicamente? ¿Quién se anima a transitar despojado de miedos, sin inmunidad?

   Muchas ciudades retoman sus prácticas habituales, sin embargo muchas personas aseguran tener miedo y experimentan gran inseguridad ante el Covid-19. El temor corroe y persiste tal vez disimulado bajo un encierro prolongado; ante lo incierto del comportamiento del virus, ante las posibilidades de contagio y ante la imposibilidad de que desparezca o se debilite por sí solo, no son pocos los que deciden “permanecer en su casillero”.

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   Desde marzo seguramente un gran porcentaje creyó tener coronavirus, pues la sugestión es propia en toda pandemia; a su vez la hipocondría, esa creencia de estar enfermo sin motivos reales y objetivos acompañada de pensamientos recurrentes, son característicos en estos días.

   Quedarse adentro, no salir aun cuando está permitido, es una forma de “preservarse” ya que atravesar la puerta de la casa implica enfrentarse a estados de ansiedad acompañados de temblores, aceleración de la frecuencia cardíaca, tensión muscular, mareos y sudoración fría; perder el control del cuerpo, ingresar en una crisis de angustia son la antesala de los ataques de pánico.

   Si bien muchos ansían tener encuentros y reuniones una gran parte se siente abrumada y con estados de tristeza; a su vez los problemas financieros y la recesión ocasionan angustia, depresión y se abona aún más el círculo de aislamiento.

   Evidentemente los efectos colaterales de la pandemia son muchos y variados; personas seguras de sí han experimentado cambios, por ende no se deben minimizar relatos y argumentos de quienes dicen tener miedo de salir o de retomar sus rutinas.

   Es fundamental no aislarse, permanecer cerca de familiares y amigos a través de canales virtuales evita efectos psicológicos nocivos. Una forma de vencer el miedo es realizar las primeras salidas a lugares abiertos, los entornos naturales, los parques y plazas suelen evitar la aparición de pensamientos catastróficos y el contacto con la naturaleza es relajante.

   Lo desconocido generalmente genera temor máxime cuando la salud y hasta la propia vida podrían verse afectadas; el autocuidado y el respeto por el otro hoy son los pocos tratamientos con los que contamos, mientras tanto entre el avance y el retroceso siempre está la posibilidad de pedir ayuda para sobrellevar todo lo que trajo esta pandemia.

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