Fogarata municipal

9/6/2019 | 10:31 |

Mario Minervino / mminervino@lanueva.com

En junio de 1946, el comisionado municipal Julio César Avanza dispuso el festejo “oficial” de la festividad de San Juan, encendiendo las clásicas “fogaratas” en todos los barrios bahienses.
Cuando San Juan Bautista bautizaba en las aguas del río Jordán, vistiendo un modesto vestido de pelos de camello, ya era costumbre milenaria encender fogatas cada 24 de junio, festejando el solsticio de verano.
Cuando el cristianismo incorporó esa costumbre, la hizo coincidir con el santoral de San Juan Bautista. De allí, el hecho de conocerla por el nombre del santo. Otros la mencionan como “las fogaratas de San Pedro y San Pablo”, santoral del 29 de junio.
Pero retomemos aquella voluntad del doctor Avanza de “oficializar” las fogatas. 
Para que la celebración alcanzara “la mayor proyección”, el comisionado solicitó “la colaboración de todo el vecindario” para proveer la mayor cantidad de combustible. 
La comuna, por su parte, aportó muñecos de paja, forrados con arpillera, “que serán quemados en horcas especialmente preparadas”. 
Como hecho complementario, regalaría golosinas y cañitas a todos los niños presentes. 
Las esquinas elegidas para el emotivo acontecimiento fueron las de Pedro Pico y Teniente Farías, Bolivia y Roca, Castelar y Garibaldi, Ramón y Cajal y Humboldt, y por último la céntrica de Vicente López y Moreno. 
Aquella noche, la alegría y la nostalgia se adueñaron de todas las almas.
El artista Xul Solar decía que lo que uno hace el último día del año luego se repite en todo el año nuevo. Acaso podamos apostar a eso y alguien se anime a preparar la última “fogarata” de este convulsionado 2019, alentando así a que la tradición resurja. 
Lo cual significará, poco más, poco menos, que ese fuego se mantenga.

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