Los orígenes del Club Náutico Punta Alta
El Archivo Histórico Municipal realizó una investigación sobre los orígenes y desarrollo del Club Náutico Punta Alta.
Nació a instancias de un grupo de vecinos amantes del mar, que estaban asombrados por la falta de una institución dedicada a difundir los deportes náuticos en una ciudad que había surgido en torno a las actividades marítimas. Por ello decidieron realizar una convocatoria al vecindario en general para sentar las bases de una institución que tuviese por finalidad la práctica deportiva acuática.
El 6 de febrero de 1934 se reunieron en el local de la Escuela Industrial y nombraron a una Comisión Directiva definitiva: Presidente Nucin Tarich, Vicepresidente Fortunato Alimonda, Secretario Calixto Barbieri (h), Prosecretario Carlos Fuchs, Tesorero Clemente Nieto, protesorero Nazareno Trillini, vocales Leonardo Turi, Atilano Díaz y Francisco Balbín.
El club se propuso como objeto principal fomentar y practicar toda clase de deportes náuticos de aficionados, propulsar la cultura física acorde a las actividades náuticas y fomentar la preparación del deportista amateur, sobre todo de niños y jóvenes.
Las reuniones comenzaron con un ritmo pausado. La poca participación, seguramente por falta de tiempo de los integrantes de la comisión para asistir a las asambleas, incluso del mismo presidente, hicieron pensar en una estrategia para que no decayera la iniciativa. Entonces conformaron una subcomisión encargada de la búsqueda de socios, sobre todo de aquellos que ostentaban un prestigio dentro de la sociedad local. Más tarde, y luego del paso de otros vecinos, se elige nueva comisión directiva, nombrándose Presidente (“Comodoro”) al Dr. Juan Carlos Aguirre. El local de reuniones era la sede de la Sociedad de Fomento Punta Alta, rutina que se extendió hasta la década de 1960.
Para enero de 1935 el Club recibió de la Base Naval una valiosa donación: el edificio de madera que ocupó el ex Hotel Colón, ubicado en la zona naval y varias embarcaciones que fueron destinadas para el uso de los socios. Una de ellas se restauró, convirtiendola en un cutter (embarcación con aparejo de dos velas en proa). De inmediato se comenzó a trabajar en el armado de la casilla de madera, futura sede social de la institución. Para tal fin se necesitaron fondos, obtenidos a través de bonos contribución y veladas cinematográficas.
Inesperadamente en febrero de 1935, la Aduana de Bahía Blanca ordenó la suspensión de las obras que se venían realizando por no haberse cumplido los pasos formales ante dicho ente. Estas decisión llevó a una serie de trámites, concluidos en noviembre con la aprobación de la cesión por parte del Ministerio de Obras Públicas por decreto 69705 del 28 de octubre de 1935. Por la ayuda brindada para solucionar aquel inconveniente, se nombraron socios honorarios a los ingenieros Francisco Sisqué (administrador del FRPB) y a Alberto Flores.
Pero mientras se esperaba la confirmación oficial, no se paró de trabajar. Gracias al aporte de la Base Naval se forestó la zona con tamariscos, a modo de cerco, y pinos; con durmientes del ferrocarril se construyeron una rambla y el puente de acceso al canal; se pintaron las instalaciones con colores celeste horizonte en el interior, gris plomo en exterior y óxido rojo en el techo.
Inauguración sede social en Arroyo Pareja
El 16 de febrero de 1936 se fijó la fecha de la inauguración de la sede social en Arroyo Pareja. Para tal fin la comisión directiva gestionó el arreglo del camino de acceso colocando letreros indicadores que permitieran al público llegar al lugar y tramitó con la empresa de ómnibus Farroni Hnos. para que ese día cambiaran el recorrido habitual hacia Arroyo Pareja y pasara frente al portón de entrada del Club.
La primera actividad que reportó gran fascinación en el público fue una excursión marítima a Cuatreros a principios de abril de 1936. Destinada a los socios y sus familiares, la convocatoria fue sorprendente. En la mañana del 5 de abril se agolpó un gentío en el muelle de Arroyo Pareja. El remolcador República, aportado por la Base Naval, partió a las 8.30. A bordo reinaba la alegría, las parejas bailaban al son de la música ejecutada por una orquesta, mientras que en la proa, grandes y chicos jugaban a la cuerda. Al mediodía llegaron al muelle de Cuatreros, donde fueron recibidos por integrantes de la Compañía Sansinena de Carnes Congeladas, que prestó sus instalaciones y aportó el transporte hasta el lugar de esparcimiento. La jornada terminó a las 19.30 ya con la vuelta y el desembarco en el muelle de Arroyo Pareja, quedando los participantes más que satisfechos con el día vivido. Tan grata fue la jornada que en un resumen anual realizado por la Revista Punta Alta fue elegida como uno de los acontecimientos más relevantes del año 1936.
Mientras tanto, las obras continuaron. Se dotó a las instalaciones de agua corriente, vestuarios, tinglado para el resguardo de las embarcaciones. En una franja de terreno cedida por la empresa del puerto comercial se instalaron duchas y bancos con toldos en la playa, una red para las aguas vivas y glorietas para el camping a usar por los asociados, cancha de bochas y amarraderos para las embarcaciones. Desde un primer momento las instalaciones contaron con un empleado con funciones de cuidador, que residía en las instalaciones y se encargaba también de su mantenimiento.
De las embarcaciones.
Una de las preocupaciones fundamentales del club fue la adquisición de embarcaciones. Muchas fueron donadas por la Base Naval, otras compradas y otras mandadas a construir; pero todos los años era tema de preocupación ya que el número disponible era escaso para la cantidad de socios. Es por eso que continuamente se emitían bonos contribuciones para recaudar fondos y destinarlo para tal fin.
No sólo las embarcaciones apostadas en el muelle del club eran de su propiedad sino también de los socios, donde cada bote tenía su ubicación asignada. En cuanto al uso de los botes existían normas de uso que debía cumplirse para cada uno de ellos.
Para el año 1946 se decidió cambiar la identificación de los botes por nombres de peces y aves, es así como al Bote A1 se lo bautizó con el nombre Gaviota, existiendo también los botes Lisa, Corvina, Trucha, Merluza, Marejada, Cazón, Mero, Delfín, Tiburón y Congrio, entre otros más, a lo largo de toda la historia del Club.
El escudo y los colores del club
En la Asamblea Extraordinaria del 10 de marzo de 1940 se trató el cambio de estatuto. En su artículo 31 disponía “los colores del Club serán: azul y blanco, y su gallardete tendrá un círculo blanco dividido en cuatro zonas por medio de una franja roja de un centímetro de ancho, en cada una de las zonas llevará una letra (CNPA) que serán las primeras que componen el nombre del Club – estas letras serán de color negro”.
Traslado de sede social a Villa del Mar
Para abril de 1947 la nacionalización de los activos de empresas de origen francés, ya se había hecho realidad, el Puerto de Arroyo Pareja quedó en manos del Estado que a su vez lo traspasó al Ministerio de Marina, que inició un proceso de desalojo de los ocupantes de las tierras tanto del puerto comercial como de los alrededores. Si bien se realizaron tratativas con ayuda de la Liga Naval Argentina, la resolución fue definitiva. Bajo oficio Nº 954 del expediente 6084/47 el Ministerio de Marina informaba que debían estar listos para el desalojo al momento que les fuera solicitado.
Ante esta situación se presentó una gran oportunidad para continuar con el club. Gabriel Ganuzza Lisarraga, propietario de las tierras del floreciente balneario Villa del Mar, ofreció una fracción de terrenos frente a la costa en carácter de concesión gratuito por el término de 10 años, prorrogable por diez años más y con opción de compra a $ 10 el m2. Sin dudarlo aceptaron su propuesta. Como el desalojo debía ser de inmediato, para diciembre de 1947, ya habían trasladado lo necesario y la infraestructura que no se iba a utilizar se terminó rematando.
El nuevo inicio en Villa del Mar llevó a que por varios años se trabajara en pos de la recolección de los fondos necesario para la construcción de la nueva sede a través de bonos contribución y la donación tanto de material como de dinero por parte de los asociados e instituciones de la ciudad de Punta Alta.
La Smullicata
Era la comida tradicional que adoptó el Club para la apertura y cierre de las temporadas. Se convirtió en una tradición esperada y disfrutada por todos los asociados. La apertura de la temporada, que se iniciaba con la bendición y bautismo de las nuevas embarcaciones, ofrendas florales arrojadas al mar, concurso de pesca y finalmente el tan esperado almuerzo, al que asistían alrededor de 300 personas. La figura del señor Vicente Oppedisano tuvo mucho que ver con ésta. Este italiano, obrero de la Base Naval en el taller de velería, era aficionado de la pesca y poseía su lancha, llamada Felisa, en la zona de Villa del Mar. Fue a raíz de esa circunstancia que tomó contacto con el Club, participando de sus actividades, principalmente en los concursos de pesca, y también colaborando en la institución. Un bono obsequio emitido por el Club Náutico, le permitió a él y su familia poder disfrutar y ser propietario de una casa en Villa del Mar, frente a las instalaciones del Club Náutico, que fuera donada, como premio principal, por el Dr Enrique Bianco.
Yatching
A partir de la década de 1960 se dio gran impulso a la navegación a vela. La subcomisión de vela y remo, más tarde llamada yatching, se creó en 1963 y en 1974 la Escuela de Timoneles. Los años de permanencia de esta actividad en el club fue acompañada por la valiosísima colaboración que brindó la Base Naval en la donación de varias embarcaciones.
Pileta
Otro de los objetivos que se plantearon los integrantes de la comisión del club, fue dotar a las instalaciones de una pileta para esparcimiento de sus asociados. La idea surgió por el año 1966, bajo la presidencia de Otto Hirsch. Se realizaron los primeros trabajos con la perforación de pozo para servir con su caudal el abastecimiento de la futura pileta. Pero recién en el año 1974 fue cuando se concretó efectivamente. Con una subvención de 3 millones y medio de pesos aportados por la Base Naval, se encomendó la construcción a la empresa Merino e Hijos. Se trabajó intensamente en ella, con las medidas reglamentarias para la práctica de natación. En enero de 1974 fue inaugurada.
Por la profesora Romina Amarfil.
Fuentes:
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Libros de Actas del Club Náutico Punta Alta, 1934-1966.
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Periódico Sucesos 6 diciembre 1952.
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Periódico La Nueva Comuna 8 enero 1935.
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Periódico El Regional 1934-1949.
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Periódico la Nueva Provincia 1974-1979.
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Revista Reporte nº 6 octubre 1973, nº 9 enero 1974 y nº10 febrero 1974.
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Punta Alta revista quincenal ilustrada nº 46 abril 18 de 1936.
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Entrevista a Oppedisano de Ramírez.
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Entrevista Pedro Borghero.