La década mágica del kirchnerismo

5/8/2016 | 23:36 |

Por
Fernando Monacelli

La televisión encendida y la imagen de un periodista repitiendo lo que denunció Elisa Carrió, que el exgobernador Daniel Scioli hizo retiros irregulares de fondos en efectivo desde el Banco de la Provincia de Buenos Aires por 20 MIL MILLONES DE PESOS.

Días después, el presidente Mauricio Macri menciona que “algunos tienen magia solo en las palabras”, en referencia a que una cosa son los discursos del kirchnerismo y otra los hechos de gobierno que él realiza.

Disidencia con el presidente. Durante doce años, gran parte de la Argentina fue gobernada por magos del hacer, no del decir. Hacer desaparecer 20 mil palos del Banco Provincia no tiene que ver con un discurso, sino con el milenario arte de Merlín.

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El mismo pase de magia que se utilizó con cantidad de obras públicas pagadas a empresarios amigos. Hay que ser un mago de escala mundial para hacer desaparecer delante de todo el mundo una ruta entera. “Nada por aquí, nada por allá”. David Copperfield, uno de los más grandes ilusionistas, solo consiguió esfumar la Estatua de la Libertad y apenas por un ratito. Muchos de los actos de David De Vido y su partenaire, Lázarum, todavía siguen dejando a millones con la boca abierta.

También hubo actos de mentalismo casi cotidianos. Como el famoso truco del cheque en blanco. “Buen día, pase a mi despacho. Ahora agarre su chequera con la mano derecha, ábrala lentamente...yo me voy a concentrar en un número y usted va a verlo en su mente y escribirlo en uno de sus cheques que irá a parar a mi bolsillo”.

O el truco de los bolsos que levitan sobre las paredes, que se completa con un acto de transformación al que todavía casi nadie le descubrió el cómo. Por una puerta entra una inocente y anciana monjita de clausura y, ¡Sim sala Cris!, en menos de un segundo por la misma puerta sale convertida en una encubridora.

O el más grande de todos los actos de magia: la larguísima función de hipnosis que tuvo su momento de gloria cuando la Maga en Jefe consiguió que más de la mitad de la audiencia creyera que vivía en un país con mejores condiciones que Alemania. El problema, por supuesto, como ocurre con los sueños y las sugestiones, es el despertar, cuando no hay truco que ayude con la realidad.

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