Bahía Blanca | Miércoles, 24 de abril

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Voluntarios de la UNS potencian la carrera de Derecho en la cárcel

En el marco de un programa nacional, alumnos, graduados y docentes de abogacía brindan sus conocimientos a presos. A un detenido le falta rendir seis finales y podría convertirse en el primer recibido de la Unidad Nº 4.
Fernández Leyes y Tejada coincidieron en la importancia de educar a la población carcelaria para reducir la reincidencia cuando recupera la libertad.

Gerardo Monforte

gmonforte@lanueva.com

Ellos son estudiantes o graduados de la carrera de Derecho en la Universidad Nacional del Sur y están convencidos de la importancia de transferir a otros los conocimientos que la educación pública les brindó.

Por esa razón forman parte de un grupo de voluntarios que ayudan y dictan clases de apoyo a casi 50 internos que cursan la carrera de abogacía en la Unidad Penal Nº 4, de Villa Floresta.

Incluso, cinco de ellos se encuentran en una etapa avanzada de la carrera.

“Conocía las actividades que había en la unidad; estaba cursando cuarto año de la carrera y tenía un compañero, Daniel `El Chino´ Escobar, que iba a la universidad a rendir con nosotros. Después me enteré que era un interno de la Unidad 4 que cumplía un régimen semiabierto en la cárcel y salía para cursar, trabajar y rendir”, explicó Nahuel Tejada (26), uno de los coordinadores del voluntariado, quien se recibió en noviembre de 2015.

“Si bien uno siempre tiene prejuicios, `El Chino´ es un tipazo, una persona muy agradable. Al cuatrimestre siguiente los chicos del grupo académico del centro de estudiantes de Derecho nos ofrecieron ir a dar clases a la cárcel. La idea surgió de este grupo en 2001 y uno de los impulsores es Santiago Garrido”, acotó.

Uno de los primeros internos de la prisión al que el profesional brindó sus conocimientos es Luis Sanabria, el más avanzado en la carrera y con aproximadamente 20 finales aprobados.

En esa situación también se encuentra Diego Escobar, a quien le faltan rendir seis finales para recibirse y así convertirse posiblemente en el primer graduado que cumple condena en el establecimiento carcelario local.

“No somos docentes; somos estudiantes ayudando a otros estudiantes, por eso son tutorías o clases de apoyo. Se anotan muchos, pero algunos estudian y otros son medio vagos. Pasa lo mismo que en la universidad. La gran mayoría está haciendo materias de primer y segundo año”, dijo Tejada.

“Vamos hasta cuatro días a la semana a la cárcel y hacemos dos tipos de actividades: somos el nexo entre los alumnos externos e internos y vamos por las aulas, promocionamos la actividad y reunimos voluntarios. Una vez que tenemos una lista de voluntarios, la enviamos al Servicio (Penitenciario Bonaerense) y cuando los autorizan, ya pueden ingresar a dar clases en la cárcel”, agregó.

“Estos internos son alumnos regulares de la carrera como cualquier otro estudiante, y deben cumplir los mismos requisitos o el ingreso como cualquier alumno de la universidad. Algunos entran con el secundario (completo) y otros ingresan mediante el régimen de mayores de 25 años, que rinden examen de ingreso sobre matemática y comprensión de textos”, continuó diciendo.

La modalidad

El plan de estudio para los presidiarios es idéntico al de los jóvenes que cursan en el campus de la UNS, y aquellos reos con regímenes abiertos tienen la posibilidad de cursar materias y rendir exámenes en la casa de altos estudios.

“A aquellos internos que no pueden ir a cursar ni rendir parciales en la UNS, se les toma exámenes bajo la modalidad libre, primero escritos y después un profesor va a la cárcel para la evaluación oral. No tienen un régimen de parciales como los que cursan afuera de la unidad”, detalló.

“A veces va algún profesor de la cátedra (Derecho de Daños) que damos para asistir y dar una clase consulta a los internos. Las materias que se dictan están determinadas por las que quieren dar los internos”, añadió.

Entre los colaboradores hay estudiantes avanzados, graduados e incluso recibidos de otras universidades, así como alumnos de diferentes carreras.

Según indicó Tejada, el ministerio de Educación asignó una partida presupuestaria de 30.000 pesos para solventar --afirmó-- gastos “mínimos” del emprendimiento educativo.

A ese monto se suman fondos aportados por la universidad, aunque Tejada dejó en claro que la iniciativa es “netamente voluntaria”.

Por medio de la educación se busca evitar la “reincidencia” de los presidiarios cuando recuperan la libertad e intentar insertarlos otra vez en el mercado laboral.

Por otra parte, el abogado destacó la colaboración de Ariel Martínez, director de la unidad penal de Villa Floresta.

“Estoy seguro que de 10 o 20 personas que cruzo en la calle, muchas van a estar en contra de la educación en contexto de encierro. Hoy en día tenemos una buena relación con Martínez y no nos pusieron trabas para entrar en la cárcel”, concluyó Tejada.

“Observo más compañerismo que afuera"

Las motivaciones de Lucas Fernández Leyes (25), estudiante de Derecho y también coordinador del voluntariado, fueron las “ganas de estudiar de los chicos” en la Unidad Penal Nº 4.

“Me enganché porque me gustó mucho cómo era el ambiente (de estudio en la cárcel). Coincido con Nahuel en que los internos que estudian son muy respetuosos y ahí adentro observo más compañerismo que afuera, pero obviamente hay excepciones”, opinó Fernández Leyes.

“Ahora estudio Economía y se nota mucho la diferencia con la carrera de Derecho, que es un ambiente muy formal; de hecho vamos a rendir con traje”, bromeó.

“En la cárcel hay gente que quiere estudiar, pero en realidad tiene todo en contra y se le complica por su situación, porque estudiar en un pabellón no es lo mismo que llevarlo adelante en un aula de la universidad”, finalizó diciendo.