Aranbullying, la forma de la política

20/8/2016 | 08:10 |

Por
Fernando Monacelli

Aranguren fue al Congreso a poner claridad en la crisis por las tarifas de la luz y el gas, pero terminó echando más leña al fuego y la oposición le dijo de todo.

Algunos opositores lo atacaron con críticas lógicas y preguntas calificadas, muchos otros, en cambio, lo sometieron a una suerte de sesión de bullying.

De hecho, hay quienes ya hablan del término “aranbullying”, que es cuando varios políticos en patota se pasan ocho horas hostigando a un funcionario que alguna pata de gestión habrá metido, pero que comparado con ellos es como mínimo el mejor alumno de la clase, sino el único de todos que algo del tema estudió en serio.

Por supuesto, ni las preguntas ni las respuestas ni la reunión ni nada sirvió para nada, porque en el fondo todo fue actuación para la política.

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Es que tanto de un lado como del otro saben (y cada uno sabe que el otro lo sabe) que el desastre en el sistema energético argentino existe, que las tarifas son una mentira subsidiada y hay que sincerarlas de alguna manera, que no fue Aranguren el culpable del colapso y que, en todo caso, culpar al ministro nuevo y con él al nuevo gobierno es la única respuesta que los verdaderos responsables pueden ofrecer ante el peligro de que la gente empiece a apuntarlos a ellos cada vez que reciban una boleta, cosa que debe estar pasando ya que la enorme mayoría ya aceptó y pagó los aumentos.

Es que cuando los hoy opositores asumieron, Argentina, por ejemplo, tenía abundante energía y, además, era barata; cuando se fueron el país no tenía casi nada y, encima. carísima. Este es el problema de fondo.

Por supuesto, el tema no terminó allí en el Congreso. Al otro día, se conoció el dictamen “objetivo y altamente jurídico” de la Procuradora K Alejandra Gils Garbó, donde recomendó a la Corte suspender el aumento de las tarifas de gas.

Entonces le tocó a la Corte de la Nación decidir el futuro de la medida. Podía decidir en cualquier sentido, por supuesto, y lo hizo contra el ajuste. Pero lo que no podrá hacer ni la Corte ni nadie es evitar que la gente pague el valor real de la energía.

Ya sea en la pesada boleta que le llega a su hogar o en el almacén, quejándose de la inflación.

La realidad se resiste a ser ficción, siempre. Esta verdad sí que no es negociable.

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