Una historia sencilla... de femicidio

21/10/2016 | 21:33 |

Por
Fernando Monacelli

Era el mediodía de la Navidad de 2015. Lo imagino un mediodía de aire claro y fresco, pero pudo haber sido caluroso y pesado. En el frente de mi casa hay una tranquera para entrar el auto, un cerco vivo, y en el otro extremo una tranquerita para las personas. Es la que uso cuando vuelvo de correr. La abro con el envión y me detengo en el jardín, para elongar contra una pared. El mediodía de Navidad de hace un año mi mujer se interpuso en mi rutina. Tenía algo demudado en el gesto, un golpe de sorpresa, un fondo muy opaco en los ojos. Me dijo: “Antonio la mató a Claudia”. Mi madre la había llamado hacía unos minutos. Las mismas palabras de espanto: “Antonio la mató a Claudia”.

Antonio es Antonio De Turris, en aquel momento, un periodista del diario "La Nación", director de un máster de periodismo que se dicta en ese lugar, jefe de prensa de ABSA, un tipo en apariencia encantador, educado, culto, atildado, reconocido... Claudia era Claudia, la queridísima Claudia, una hermosa mujer que vivía sus 60 y pocos y que había luchado una vida dura y glamorosa al mismo tiempo, desde muy joven.

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Claudia creía haber encontrado en Antonio, finalmente, un futuro familiar. Pero Antonio la mató a Claudia. Fueron más de 70 puñaladas y varios golpes con un fierro para desfigurarle el rostro. La atacó en el garage del chalet de Banfield donde vivían juntos. Ella estaba huyendo, cansada de un infierno de celos y violencia doméstica que nunca pudo contar a lo largo de unos años y que, quienes estuvimos muchas veces cerca de ellos, jamás descubrimos. Imposible no culparnos.

Fue, tal vez, el femicidio menos publicado. Apenas unas pocas crónicas, en una época del año tan árida en materia de noticias que un hecho así hubiera ocupado páginas durante días. A los alumnos del máster de periodismo les dijeron que De Turris había enloquecido por un tumor que tenía en la cabeza. Se dijo además que moriría por la enfermedad dos o tres meses más tarde. El era víctima, también. Fue una mentira. De Turris sigue vivo, con prisión preventiva, pero internado en una clínica privada, apañado por los suyos. A Claudia nadie la cuida. Ella está sepultada en una tumba casi anónima de Banfield. Por razones judiciales el cuerpo debe seguir allí, solo.

¿A que viene esta historia ahora? El miércoles, decenas de miles de personas marcharon en el país y en Bahía Blanca contra la violencia de género. Entonces, quería que supieran, simplemente, que también marcharon por Claudia Servino, cuya frescura y claridad tal vez hayan invadido mi recuerdo de aquel mediodía de Navidad en que mi mujer me avisó que Antonio la había matado a Claudia.

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