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Los Visconti, la leyenda continúa

Las canciones que nacieron en nuestra ciudad conquistaron muchos países del mundo. Actualmente son muy valorados en el interior de la Argentina, en Colombia, Ecuador y hasta en Estados Unidos. Abel Visconti pasó por nuestra ciudad, recordó a su hermano Víctor y a los 82 años sigue tocando junto a su amigo Héctor Corvalán. Recuerdos y muchas sorpresas. Escribe Franco Pignol.
Fotos: gentileza de Graciela Visconti

A mediados de la década de 1940, en pleno apogeo del primer gobierno peronista, los mellizos Abel y Víctor Visconti se las rebuscaban en nuestra ciudad haciendo changas para ayudar a sus padres. Los carros hacían fila para llevarlos desde Bahía hacia Punta Alta.

“¡Buenos días patrona! ¿tiene latas, botellas, gomas viejas, descartables para vender? ¡Pagamos buen precio cualquier marca de botella!”, decían como cantando los hermanos Visconti.

Pero con el cirujeo no alcanzaba, entonces también debían dedicarse a juntar y vender frutas, palear maíz en la Estación Rosario y hasta lustrar zapatos y botines en el centro y en Villa Mitre, barrio en el que ellos frecuentaban “la vuelta del perro' (calle Garibaldi, después de la comisaría).

“Por eso Villa Mitre es la reina de las villas/ aquí en tus cinco esquinas yo quiero recordar/ el negro, blanco y verde, color de tu bandera/ que nunca, aunque me muera, la voy a traicionar”, escribieron en La reina de las villas.

Los hermanos soñaban con cantar por el mundo, como lo anheló alguna vez su tío, el payador don Luis Acosta García, quien falleció antes de los 40 años, pero le alcanzó para componer Mis harapos, Dios te salve mi hijo y El Doradillo Mentao.

“Recuerdo que cuando era chico me tomaba la línea La Bahiense, de Punta Alta hasta Bahía. Una vez pasó un cieguito vendiendo y le compré un libro. Lo guardé adentro del cajón de lustrar y se lo di a mi mamá. Cuando lo recibió se emocionó y me dijo: '¿dónde lo compraste? Este libro lo escribió tu tío...'”, recuerda Abel.

Su tío, el payador

Don Luis nació en el siglo XIX en Coronel Dorrego y fue admirado hasta por Atahualpa Yupanqui, quien le dedicó Cantor del Sur.

“Don Luís Acosta García se llamaba el payador/ hombre nacido en Dorrego y que mucho trajinó/ hombre de lindas riquezas/ guitarra, amigos, canción/ Don Luis Acosta García, lindo nombre pa’ cantor,/ que anduvo de pago en pago y en ninguno se quedó”.

En la sangre está la razón de ser. Y como guiados por la fuerza del torrente que corre por las venas, los hermanos Abel y Víctor Visconti se la jugaron por una pasión: trascender Bahía Blanca y cantar por el mundo.

Vaya si lo lograron. Más de 60 años después están planeando hacerle un monumento en Bahía Blanca.

Donde cantaba Gardel

Abel y Víctor se fueron a Buenos Aires a buscar nuevos horizontes cuando tenían 18 años.

"Calculá que ahora tengo 82. Empecé a cantar en las mismas cantinas del Abasto donde lo hacía Carlitos Gardel. Hasta le pusimos el nombre a El Rincón de los Artistas, en Conte y Boyacá", agrega Abel.

--¿Cuál fue la canción que marcó un quiebre?

--Cuando Víctor salió de la colimba formamos el dúo. Compusimos el vals Andate que nunca imaginamos que nos iba a dar tanta dicha.

--Antes de recorrer el mundo hicieron mucho ruido en Buenos Aires.

--La gente nos empezó a conocer porque trabajábamos en La Querencia, una confitería que era un orgullo para la Argentina, en Avenida de Mayo 870. El cartel decía “Los Hermanos Visconti”. Usábamos la misma ropa que utiliza El Chaqueño Palavecino, pero todo de razo: pañuelo blanco, botas negras y poncho rojo de alpaca.

"Después estuvimos con Angel Vargas, con Hugo del Carril y hasta con Azucena Maizani, una leyenda".

--En Colombia son adorados y admirados.

--La gente allá corea "Bahía Blanca". Gracias a Dios lo nuestro funcionó en todo el mundo. Viajamos a Los Angeles, Boston, Pensylvania, Canadá, Colombia, Ecuador...

--¿Dónde cree que estuvo la clave? ¿En las letras, en la guitarra española, en el repertorio?

--Te voy a contar una anécdota que nos pasó en Atlanta (Estados Unidos). Había una señora que no entendía ni una sola palabra del castellano. Nosotros nos pusimos a afinar la guitarra, mientras ensayábamos unos valsesitos, pero bien bajito. La señora vino llorando y a través de un traductor nos dijo que esos valsesitos le llegaron al alma. Lo juro porque Dios no me deje agarrar nunca más una guitarra.

--En los últimos años ha recibido muchos reconocimientos. ¿Qué le pareció la idea de un monumento en Bahía Blanca?

--La verdad que lo estábamos esperando. Si venís a mi casa, ya no sé dónde poner las cosas, tengo discos de Oro, Platino, bandejas, el Jazmín de Oro de Cosquín... Es un orgullo ser reconocidos en Bahía Blanca. Pero el mayor orgullo es que en cada lugar en el que cantamos, la gente no nos deja ir.

--¿Qué puede decir de la frase que inmortalizó Víctor: “¡Fuerza Abelito!”?

--Mirá, cuando mi señora iba al mercado con la bolsa le gritaban ¡"fuerza Abelito”! Después lo hicieron conocido Los Midachi (risas).

Una de las influencias del colombiano

Juanes, su fan desde chico

A mediados de la década del '80 Los Visconti pasaron de gira por un teatro de Medellín (Colombia). Un niño amante de la música le pidió al dúo tomarse una foto con él. Ese niño era Juanes.

Durante la última presentación del colombiano en el Luna Park, Abel le preparó una sorpresa.

"Le pedí esa foto a su madre, la conseguí y cuando se presentó en el Luna Park se la llevé. Se quería morir, se tiró al piso del camarín con el cuadrito y después nos abrazamos y nos sacamos una foto juntos", cuenta Abel..

Hace un tiempo le hicieron una entrevista a Juanes en Radio Caracol (Colombia) y le preguntaron por sus influencias. No dudó en citar a Los Visconti.

Dijo que toda su infancia estuvo rodeada de la música de Los Visconti.

"Siempre se escuchaba en todos los rincones de mi casa. Yo sacaba los punteos y mi hermano hacía la voz de Víctor", recordó el creador de La camisa negra.