Bahía Blanca | Sabado, 21 de mayo

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Estación Sud: un paso hacia la recuperación

Luego de demasiados años de abandono, deterioro y degradación, finalmente la comuna licitará la reparación del frente de la histórica Estación Bahía Blanca, construida en 1909 por la empresa del Ferrocarril del Sud. La intervención pretende, de acuerdo con lo indicado en el pliego licitatorio, "arreglar sectores deteriorados a causa del paso del tiempo, lograr una continuidad morfológica de la superficie y realzar las características arquitectónicas del edificio".

 


 Luego de demasiados años de abandono, deterioro y degradación, finalmente la comuna licitará la reparación del frente de la histórica Estación Bahía Blanca, construida en 1909 por la empresa del Ferrocarril del Sud.


 La intervención pretende, de acuerdo con lo indicado en el pliego licitatorio, "arreglar sectores deteriorados a causa del paso del tiempo, lograr una continuidad morfológica de la superficie y realzar las características arquitectónicas del edificio".


 La obra incluirá, además, la reparación completa de la marquesina de hierro y vidrio que corre por todo el frente, la de su reloj y el pintado del cerco perimetral.


 El tratamiento integral de la fachada prevé la eliminación de sus grietas y fisuras. Luego se hará su hidrolavado para, posteriormente, proceder a su pintado mediante látex acrílico color crema, similar al utilizado en el ex Hotel de Inmigrantes de calle Saavedra al 900.


 En este punto, profesionales del área de Proyectos y Obras de la comuna resaltaron la imposibilidad de mantener el material original símil piedra existente, debido a su avanzado deterioro.


 La marquesina de hierro será completamente renovada, repuestos sus vidrios y pintadas sus partes metálicas en color negro. También se ajustará la instalación eléctrica, colocándose artefactos de iluminación colgantes, del tipo industrial, con lámparas de mercurio halogenado de 250 vatios.


 Por último, se procederá a la reparación del reloj eléctrico de la fachada, que atrasa dos horas a la semana.


 La obra tendrá un plazo de ejecución de 120 días corridos, con un presupuesto oficial de 294.359,70 pesos y la licitación se abrirá el próximo 3 de abril.

Puntos de encuentro.
Las estaciones ferroviarias son una singularidad dentro de la historia de la arquitectura.





 Durante la primera época de la revolución industrial (1850-1900) se generó una fuerte división entre dos propuestas antagónicas: la desarrollada por los arquitectos, inspirados en las obras del pasado, dando lugar al denominado período historicista, y la de los ingenieros, quienes por primera vez incursionaban en el mundo de la arquitectura, proponiendo obras novedosas en sus formas, recurriendo a los nuevos materiales, básicamente el hierro y el vidrio.


 Así, los ingenieros desarrollaron la denominada "arquitectura de la revolución industrial" o "utilitaria", resolviendo las exigencias del mundo moderno, por caso mercados, silos, usinas, galpones, fábricas y estaciones ferroviarias.


 Para ello recurrieron a un diseño que desechó fachadas ornamentadas y exhibió los materiales en su estado puro.


 Ese cisma entre arquitectos e ingenieros tuvo, sin embargo, un punto de convivencia en las estaciones de trenes. Allí, la fachada era diseñada según los criterios de los arquitectos y el interior del edificio, es decir el espacio asignado a la máquina, con el lenguaje ingenieril.


 La Estación Bahía Blanca, pese a no ser terminal sino de paso, responde en su frente a líneas historicistas, con influencia francesa (por caso sus techos a mansarda), mientras que en el interior y en el espacio de los andenes, fueron los ingenieros quienes definieron sus partes, con audaces cubiertas metálicas, columnas del mismo material, chapa y madera.


 Prueba de la singularidad de estos edificios en su tiempo es el uso de la marquesina de hierro y vidrio a la vista en todo el frente, algo impensado para otro tipo de edificio civil.


 El inmueble tiene un impactante frente de 80 metros de largo, con un cuerpo central de 30 metros, organizado en dos plantas que llegan a los 7 metros de altura, rematado con un pequeño frontis.


 Si bien la mayoría del edificio conserva su revoque original, una desacertada intervención en la planta baja permite apreciar la aplicación de pintura hasta una altura de 1,50 metros.


 La marquesina de hierro impacta con su generoso voladizo, aunque ha perdido la mayoría de sus vidrios armados y otros de carácter opaco.


 Simétrico en su concepción, de acuerdo con los principios de la academia francesa, el inmueble se muestra sobrio y elegante, con un retiro del frente y una calle ancha que permite resaltar claramente su presencia en un simbólico ámbito de la ciudad.
Mario Minervino




Un tesoro.
* Por sobre este valor arquitectónico, la estación está relacionada con la historia grande de nuestra ciudad. Porque el ferrocarril fue el gran elemento civilizador de los nuevos tiempos.
* Este inmueble, el más importante en su tipo de la provincia, es uno de los bienes más valiosos del patrimonio arquitectónico local, parte de la memoria colectiva de todos los bahienses y un referente de una etapa que algunos historiadores definen como nuestra segunda fundación.
* Su preservación conforma una señal de respeto y consideración para sostener una identidad vital para el alma de una ciudad.

Allá por abril de 1883

















 La primera estación de trenes que tuvo nuestra ciudad fue construida por el Ferrocarril Sud en 1883, pero quedó habilitada en abril del año siguiente. Se trataba de un edificio construido con los materiales y las formas propias del lenguaje arquitectónico que los ingleses adoptaron para este tipo de obra, totalmente novedoso teniendo en cuenta que el ferrocarril fue una de las apariciones rutilantes del mundo industrial gestado en el siglo XIX.


 Era un edificio de ladrillo a la vista, con cubierta de tejas, chimeneas que, de manera asimétrica, aparecían en el techo y una modesta marquesina jerarquizando el ingreso.


 Los ingleses, que tanto cuidado y previsión ponían en sus obras ferroviarias, calculando rieles, puentes y caminos, tuvieron en esta obra un error: no evaluaron que el pueblo de poco más de cuatro mil habitantes al que llegó aquel primer tren se convertiría, en pocos años, en una de las ciudades más populosas de la provincia.


 Así, apenas comenzado el siglo XX, la estación quedó por demás ajustada para el uso de los más de 70 mil habitantes. Los diarios de época reflejan las repetidas quejas de los usuarios, las incomodidades del edificio y la urgente necesidad de que la empresa tomara una decisión al respecto.


 De tal manera, en 1903, el ingeniero Guillermo White, máxima autoridad del Ferrocarril Sud en nuestro país, elevó al directorio de Londres el proyecto de una nueva estación. La decisión se demoró, pero en 1909, finalmente, comenzó su construcción.