Gustavo Pinto, un volante de chapa y mucha calle
"¿El mejor compañero? El `Chavo'..."
No fue necesario consultarle a todo el plantel de Olimpo. Con algunos, alcanzó.
Gustavo Pinto es como un boy scout, siempre listo. Para dar una mano, un consejo, para hablar con alguien, para transmitirle sus experiencia a los más chicos, para todo...
"Bonachón", cordial, generoso, sonriente hasta cuando se despierta a la mañana o tras la siesta.
El volante ex Boca, nacido en Ciudadela hace 28 años, esquivó la nota hasta donde pudo. Sabía que tenía que hablar de él, y eso es lo que menos le agrada al momento de salir en algún medio.
"¿Qué me vas a preguntar?", consultó antes del mano a mano con "La Nueva Provincia".
--De vos.
--Soy siempre de la misma manera. Me llevo bien con todo el mundo y no tengo problemas con nadie. En el fútbol como en los ambientes donde uno se mueve, hay que ser buen compañero para después no tener remordimientos ni la conciencia sucia. En la vida me enseñaron algo esencial, a saber vivir y a compartir con los demás.
--¿Te sentís buen compañero?
--Me siento buena persona y considero que no hago nada que me acredite como mal compañero. Trato de darle una mano al que la necesita. Es imposible ser amigo de todos en un plantel, aunque sí podés tener un trato cordial con cada uno de tus colegas.
--¿Cuántos son tus amigos del fútbol?
--De mi pasado en Boca quedó una gran amistad con Cristian Giménez y Ariel Carreño. Los conozco desde hace años, hay un "feeling" especial.
"No me quiero olvidar de Héctor Bracamonte, con quien compartí muchísimas vivencias, tanto en Boca como en Rusia (jugó en el Torpedo-Metallurg y en el FK Moscú). Siempre hacés amigos, pero los más `viejos', los que te nombré, son de fierro".
--¿Qué marca dejó en tu vida tu paso por Boca?
--Empecé en ese club a los 8 años, y fue todo tan lindo como inolvidable. En infantiles y en menores no te das cuenta del mundo Boca, aunque cuando debutás en Primera, para muchos hinchas sos Dios, el mejor jugador del mundo. Si sos jugador de ese club, en la calle te reconocen desde una nena de 4 o 5 años hasta una jubilada que ni siquiera va a la cancha.
"Tengo grabadas a fuego las dos Copas Libertadores ('01 y '03) que ganamos, en las que me sentí partícipe porque disputé algunos partidos. Estaba en el club cuando se consiguió la de 2000, pero esa no la disfruté tanto. Haber conseguido esos títulos internacionales fue como haber tocado el cielo con las manos; es difícil que pueda volver a sentir esa sensación otra vez".
--¿Sos hincha de Boca?
--Toda mi familia es de Boca. Mi hermano fue a Brasil cuando salimos campeones allá (en el 2003 le ganó la final al Santos), y compartir la Copa con él fue algo hermoso que jamás hubiese imaginado.
"Cuando voy a mi casa y veo todas las camisetas que tengo guardadas, me invade una emoción única. Fui un elegido, y le debo agradecer a la vida por todo lo que me pasó".
--¿Cuántas casacas hay en tu ropero?
--Justo 110. Cambié muchas, aunque de Boca tengo más de 20; sí o sí me quedaba con una de los equipos que integré. La mayoría son de distintos elencos del fútbol argentino.
--¿Te arrepentiste de haberte ido a un fútbol tan frío como el ruso?
--No. Cuando me llegó la oferta la analicé con la que hoy es mi esposa (Paola) y también hablé mucho con mi familia. Fueron varios días de análisis, de idas y vueltas, hasta que le pedí un consejo a Carlos Bianchi, mi técnico en Boca. Era mayor la incertidumbre que las ganas, por eso hablé con él.
"Enseguida me dio su punto de vista. Fue claro, me dijo que si yo me quedaba en Boca iba a tener que lucharla, y que en mi puesto había llegado Vargas (Fabián) y seguían Battaglia (Sebastián) y Cascini (Raúl). Iba a ser difícil jugar, por eso Carlos me preguntó si me daban lo que yo pretendía. Cuando le dije que sí, cerró los ojos y con un gesto entendí todo. Era para no dudarlo".
--Ni hablar de lo económico...
--Era una propuesta muy buena. Además ya tenía 24 años, era hora de hacer una diferencia. Por primera vez pensé en mí, y me salió bien.
--Todo lo que ganaste, ¿lo ahorraste?
--Parte lo invertí y parte lo guardé. Me compré una casa en el gran Buenos Aires, otra en la costa y un departamento en Capital.
--Nicolás Abot, ex jugador de Olimpo, se incorporó al plantel de jugadores libres y, para que no gaste en hotel o en alquiler, le prestaste tu casa para que pueda vivir mientras estaba en Buenos Aires. Un gesto que no ocurre muy a menudo.
--Lo hice porque "Nico" es un pibe espectacular. Mi casa, que estaba sola, se encuentra a 15 cuadras de la Candela, donde entrena el equipo de CEFAR (Libres).
"El no gastaba y a mi, de paso, me cuidaba la casa. A `Nico' le tenía mucha confianza, y no me falló. Siempre fui de la idea de que, cuando un jugador está tranquilo y cerca de su lugar de entrenamiento, puede rendir mejor".
--Y mal no le fue a Abot, este año arregló con un equipo de la Primera división de Ecuador.
--Se lo merece.
--Te fuiste de Olimpo cuando el equipo descendió. Estuviste un año en Godoy Cruz y volviste a sufrir la pérdida de categoría. ¿Sentiste algún tipo de rechazo por parte del hincha aurinegro a tu regreso a Bahía?
--No, para nada. Fui a pasar Navidad a Mendoza y sentí que no había rencor por parte de la gente, y lo mismo pasó con los simpatizantes de Olimpo. Más allá del descenso, creo que dejé una buena imagen en los lugares por donde pasé.
--Estás jugando por el carril derecho, ¿es el mismo puesto con el que debutaste en Primera?
--Siempre jugué de "5", tanto en las menores como en Primera. Muchas veces ocupé el carril, aunque me siento más cómodo como volante central.
--Roberto Saporiti está muy conforme con tu rendimiento por derecha.
--Donde me toca jugar trato de dejar todo lo que tengo por el bien del equipo. Roberto siempre aclara que el puesto hay que ganárselo todos los días, y yo no le aflojo. No me siento titular indiscutible, éste de Olimpo es un plantel muy parejo en todas las posiciones.
"No es necesario ir de área a área o estar corriendo todo el día para hacer un buen papel como carrilero. Todo futbolista debe ser inteligente y saber cuando tiene que correr o cuando estacionarse. Si sabés manejar los tiempos podés jugar tranquilamente".
--Por tu sector te ayuda mucho Carlos Araujo.
--Sí. Nos conocemos bastante, y los dos sabemos quién debe pasar al ataque. Si el va, yo lo cubro, pero es instantáneo, no necesitamos andar a los gritos.
--Saporiti aseguró que Araujo es uno de los mejores laterales del fútbol argentino. ¿Coincidís?
--Totalmente. "Pipi" tuvo una segunda parte del Apertura muy buena. Hoy en día no se ven tantos laterales con proyección. Están Ibarra (Hugo), Ferrari (Paulo) y Araujo; me parece que no me olvido de nadie.
"Araujo es muy completo. Tiene marca, precisión y un conocimiento del puesto como pocos".
--¿Qué va a pasar con Olimpo en el Clausura?
--No nos debemos ilusionar más allá del primer partido, que es contra Racing. Desde que llegó Roberto (saporiti), el equipo cambió la mentalidad. Le hicimos partido a todos los rivales, pero con planteos ordenados y sin hacer locuras. Cuando no se puede tener la pelota, no desesperarse ni descontrolarse es fundamental.
"Saporiti apunta mucho a eso. El quiere que juguemos mientras podamos, pero que no perdamos el orden ni la compostura. Para él, el avance y el retroceso en bloque lo debemos hacer durante los 90 minutos. Este Olimpo apunta a terminar de mitad de tabla para arriba".
--¿Qué tienen en común Saporiti y Bianchi?
--El trabajo diario es similar. Los dos tranquilizan y motivan al jugador con sus palabras. Tienen formas diferentes de plantear los partidos, pero este Olimpo es distinto a los que dirigió Carlos en Boca.
"Bianchi contaba muchas anécdotas de su época de jugador, y trabajaba mucho individualmente, hablando con cada uno y haciéndote reir de distintas cuestiones o realidades. Bianchi, mi primer técnico en Primera, me marcó para el resto de mi carrera".