El estilo de Garello dejó su fuerte marca instrumental
En el correr de sus etapas, el tango se ha visto enriquecido en cuanto a la diversificación de instrumentos que se asocian a su lenguaje. Pero cuando el que manda es el bandoneón, se sigue encontrando con su concepción más genuina. Y si el "fuelle" es el de Raúl Garello, como ocurrió en la noche de martes en el Municipal, la manifestación aparece plena, emotiva y atrapante.
El sexteto dejó la clara muestra de un quehacer destinado a privilegiar una generosa exposición instrumental, bien que con la alternativa de aceptar el aporte de vocalizaciones que puedan ensamblarse con el estilo de la agrupación. Y eso también se dio, en buena medida, con la presencia de Luis Filipelli.
El ámbito de teatro --prácticamente colmado en su capacidad-- contribuyó con aplausos y reclamos entusiastas, pero también con actitud casi recoleta ante cada tema, a la concepción de un concierto tanguero cargado de jerarquía.
El propio Raúl Garello puso énfasis en agradecer los silencios, en asiduas incursiones de orden ilustrativo respecto del repertorio desarrollado.
La temática, amén de un natural contenido de su propia autoría --reconocidamente pródiga-- tuvo una exaltante recorrida por figuras como Alfredo Gobbi, Francisco Canaro, Eduardo Arolas, Francisco De Caro, Pedro Laurenz, Astor Piazzolla y, por supuesto, Aníbal Troilo, de quien el bandoneonista reconoce una poderosa influencia. Y también tonos poéticos como los de José María Contursi, Enrique Cadícamo, Homero Manzi, Cátulo Castillo u Horacio Ferrer.
Che Buenos Aires, una de las más notables creaciones de Garello, abrió el espectáculo acompañado por una semblanza referida a su utilización como cortina musical de una recordada programación de LU2, Radio Bahía Blanca (Tanguería 840), para completar una tripleta de instrumentales con Redención y Sentimiento gaucho, dejando ya de manifiesto un estilo de conjunto con fundamental influencia de los instrumentos tradicionales del tango, bandoneón, piano y violín, marcadas incursiones de flauta y sobrio acompañamiento de bajo y percusión.
Punto cumbre
La entrega instrumental tuvo puntos cumbres en Bibelot, de Francisco De Caro con una introducción de Flores negras, que permitió un sentido solo de bandoneón y, sobre todo, en Arlequín porteño, del propio Garello, una composición de tres momentos musicales (Pantomima, Cadencia en vals y Adioses), con una fundamental presencia del violín de Julio Peressini, un tema de inicial ejecución en la Filarmónica de Buenos Aires --a la que pertenece el citado ejecutante-- llevada al repertorio del sexteto.
El estilo surgió nítido y constante no sólo por el perfil contemporáneo de sus creaciones sino también al otorgarle similar ropaje musical a temas tan clásicos como Sentimiento gaucho, por usar una cita.
Equilibrada resultó la exposición de cantados, que le permitieron a Luis Filipelli, lucir de manera especial en Viva el tango y en Che bandoneón, dentro de un quehacer que expuso su afinada vocalización y un ajustado nivel de expresión, en algunos pasajes superada por el sonido instrumental.
El cierre remarcó, a manera de homenaje, el clima troiliano que campeó en la entrega tanguera con El gordo triste, esa metafórica creación de Horacio Ferrer con música de Astor Piazzolla.
Los temas ejecutados
La larga lista de temas que llevaron adelante Garello y su sexteto incluyó a Che Buenos Aires (Raúl Garello), Redención (Alfreo Gobbi), Sentimiento gaucho (Francisco Canaro), Maipo (Eduardo Arolas), Bibelot (Francisco De Caro), Bien al mango (Raúl Garello), Entre gallos y media noche (Raúl Garello), Arlequín porteño (Raúl Garello), La Cumparsita ( Gerardo Matos Rodríguez) y La trampera (Aníbal Troilo), todos instrumentales.
Toda mi vida (Aníbal Troilo y José María Contursi), Como dos extraños (Pedro Laurenz y José María Contursi), Garúa (Aníbal Troilo y Enrique Cadícamo), Viva el tango (Raúl Garello y Horacio Ferrer), Che bandoneón (Aníbal Troilo y Homero Manzi), La última curda (Aníbal Troilo y Cátulo Castillo) y El gordo triste (Astor Piazzolla y Horacio Ferrer) fueron los cantados.
Osvaldo De Rosa/"La Nueva Provincia"
También dijo sobre el tango
La presencia de Raúl Garello en nuestra ciudad, sirvió también para un fluido contacto conceptual respecto del tango, a través de una conferencia de prensa organizada por el Instituto Cultural de Bahía Blanca, en la que el músico fue distinguido con presentes del citado ente municipal, así como de Asociación Bahiense del Tango.
Amén de referirse a su propia gestión en el género, Garello dejó algunas frases de particular contenido respecto de lo que significa y ha significado la música de Buenos Aires como expresión cultural.
* "Los años van pasando, y uno sigue en la lucha de escribir. En estos momentos estoy escribiendo una ópera de tango, en un trabajo enorme con Horacio Ferrer. El título de la obra, que ya está registrada, es El rey del tango (en el reino de los sueños). Son novecientos versos de Horacio y son todos cantados. Precisamente la particularidad de esta ópera es que empieza y termina cantada.
* "Yo pasé por varios estilos musicales, pero la que me quedó es la marca de Aníbal Troilo. Los estilos son como el pulso de los músicos. Este es un género profundo y tantos aspectos de los que se podría hablar toda la noche.
* Estuve doce años con `Pichuco' y fui arreglador de esa orquesta. Allí conocí todos los demás estilos, porque Troilo fue una especie de imán, de continente de todo lo que sucedió con el tango en la primera mitad del siglo XX. Y fue una suerte de eje en el movimiento musical tanguístico y el promotor de las generaciones que vinieron en la segunda mitad. Entiéndase, Argentino Galván, Astor Piazzolla, Julián Plaza, y a mí también me tocó un pedacito de la `torta' de Aníbal.
* "Es famosa la goma de borrar de Troilo frente a sus arregladores. Tuve la sastisfacción de haber sido una de sus víctimas. El era quien daba la medida justa de lo oportuno y de lo que tenía que ir. Ni una nota más, ni una nota menos. Troilo tuvo siempre en su música un gran sentido del equilibrio y la oportunidad.
* "En materia de acompañar cantores, tengo cien registros con arreglos y orquestaciones junto a Roberto Goyeneche y otros cien con Rubén Juárez. Y eso fue dándome la posibilidad de armar en cuanto a expresiones musicales una paleta como la del pintor y una disposición de experiencias también muy importantes.
* "El tango está en el ADN de todos los músicos argentinos. Tarde o temprano, por una cosa o por otra, aunque estén haciendo otro género algo van a tener que ver. La llegada de gente joven al tango, es algo que pasó en todas las épocas. Ocurre que le hemos colgado un `Sanbenito' que no es cierto. En realidad, el tango es una labor de jóvenes. Lo de la famosa década del 40, lo hicieron muchachos de veinte o veintidós años. Los Alberto Marino, los Floreal Ruiz, todos esos, tenían 18 años. `Pichuco', a los 23 años tenía su orquesta.
* "Se habla ahora de fusión. La verdadera música de fusión es el tango mismo. Tiene sobre sus códigos musicales la carga de judíos, italianos, españoles, franceses, sirios, propio de la inmigración que recibió el Río de la Plata.
* "El tango, al igual que los vinos, necesita añejarse un poco. De pronto, los intérpretes descubren temas cuando ya tienen cuarenta años. Por ejemplo, Como dos extraños, lo descubrieron hace siete u ocho años y lo grabaron todos. En buena hora, pero es un tema que tiene más de medio siglo".