Bahía Blanca | Viernes, 03 de abril

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Identifican a una mujer asesinada en Berazategui

BUENOS AIRES (Télam) -- Médicos forenses habrían identificado el cadáver de una joven de 24 años, cuyo cuerpo fue descuartizado y arrojado dentro de un tambor en un arroyo de la localidad de Berazategui, el 7 de julio de 2005. Cumplidos siete meses del macabro hallazgo, los pesquisas de la DDI de Quilmes avanzaron ostensiblemente en la investigación logrando secuestrar una camioneta Chevrolet C10 de color bordó, propiedad de un comerciante de Florencio Varela, quien la habría puesto a disposición del asesino para trasladar los restos de la mujer.


 BUENOS AIRES (Télam) -- Médicos forenses habrían identificado el cadáver de una joven de 24 años, cuyo cuerpo fue descuartizado y arrojado dentro de un tambor en un arroyo de la localidad de Berazategui, el 7 de julio de 2005.


 Cumplidos siete meses del macabro hallazgo, los pesquisas de la DDI de Quilmes avanzaron ostensiblemente en la investigación logrando secuestrar una camioneta Chevrolet C10 de color bordó, propiedad de un comerciante de Florencio Varela, quien la habría puesto a disposición del asesino para trasladar los restos de la mujer.


 Fuentes allegadas al caso dijeron que tras la autopsia de los restos humanos los médicos legistas de la morgue de Ezpeleta, lograron identificar por las huellas dactilares a la víctima como Sandra Mansilla.


 Por otra parte, la camioneta Chevrolet C10 fue secuestrada en los últimos días por disposición de la Unidad Funcional de Investigación Nº 6 de los Tribunales Penales de Quilmes, a cargo del Doctor Samprón Noel.


 Los investigadores sospechan que el homicida fue ayudado por dos hombres para trasladar los restos humanos en la caja de la camioneta hasta el arroyo El Pato.


 Los informantes acotaron que los criminales ya estarían identificados, uno sería hijo de un conocido comerciante y el restante un albañil.


 La autopsia reveló que la mujer había muerto en los primeros días de julio de 2005, ya que los restos hallados el 7 de julio de 2005 estaban en un avanzado estado de descomposición.


 El hallazgo se registró en el arroyo Pereyra, que corre paralelo a la ruta 36, a la altura de la calle 611 y 548, en una zona descampada de la mencionada localidad al sur del Gran Buenos Aires.


 A medida que avanza la investigación otros detalles macabros salieron a la luz como la identificación de la víctima a través de los diez dedos seccionados que aparecieron en una de las bolsas del tambor.


 Los médicos forenses verificaron que el descuartizador "le había cortado todos los dedos de la mano. Y de los pies también", con el claro propósito de impedir la identificación del cuerpo.


 Pero, como no existe un "crimen perfecto" y éste está muy lejos de serlo, un detalle se le escapó al asesino: los datos de las huellas digitales no debían ser guardados con el resto de las partes en que quedó el cuerpo.


 Un colaborador del asesino cometió un error; confundió las bolsas e introdujo en el tambor la que contenía las huellas digitales de la víctima.


 La principal hipótesis de los investigadores dice que "la ira del asesino tuvo graves consecuencias: un certero golpe habría destrozado la mitad del rostro de la joven, madre de un hijo de 8 años".


 Según indicaron las fuentes, el albañil fue quien se ocupó de cargar con el pesado tambor donde "acomodaron" las partes de la mujer, y al parecer éste desconocía el contenido de las oscuras bolsas de nylon.


 Fue allí donde el sujeto "habría introducido también la bolsa que contenía los diez dedos", pista clave para identificar a la víctima.


 Pruebas realizadas posteriormente indican que el tambor que contenía los restos de la joven fue trasladado en la Chevrolet C10, donde quedó "marcada" la caja con manchas de color azul provenientes del tambor.


 Los voceros dejaron entrever que es cuestión de horas para que la justicia libre las órdenes de detención para los tres sospechosos.