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José Ferreyra, un genuino creador de visión costumbrista

El 8 de noviembre pasado se cumplieron setenta años del estreno de Mañana es domingo, de José A. Ferreyra, con Roberto Salinas, Maruja Gil Quesada y José Gola. Mezcla de melodrama y policial, la película cuenta la historia de un empleado que, por deudas de juego, roba en el negocio donde trabaja. Pero del delito es acusado el novio de la hermana del verdadero culpable. Finalmente, todo se aclara.




 El 8 de noviembre pasado se cumplieron setenta años del estreno de Mañana es domingo, de José A. Ferreyra, con Roberto Salinas, Maruja Gil Quesada y José Gola.


 Mezcla de melodrama y policial, la película cuenta la historia de un empleado que, por deudas de juego, roba en el negocio donde trabaja. Pero del delito es acusado el novio de la hermana del verdadero culpable. Finalmente, todo se aclara.


 Al margen de la trama, que es muy elemental, uno de los aciertos de Ferreyra fue realizar un retrato de la psicología colectiva de la ciudad de Buenos Aires: el comportamiento de la gente en las calles, en los estadios de fútbol, el hipódromo y otros lugares públicos.

Con originalidad.




 José Agustín Ferreyra (1889-1943), también conocido como el "Negro" Ferreyra y alguna vez apodado "el Griffith criollo", fue el primer cineasta con mentalidad de cine. Quienes le precedieron, filmaron a partir de los recursos que le proporcionaba el teatro. Ferreyra, en cambio, buscó la originalidad en sí mismo y en su entorno.


 Era mestizo, cursó solamente la escuela primaria, estudió música (violín) y dibujo, y trabajó como escenógrafo en el Teatro Colón. Luego, con taller propio en sociedad con Atilio Malinverno, fue el principal proveedor de los decorados del teatro Apolo, reducto de la familia Podestá.


 Hacia 1915 se acercó al cine. Improvisándose actor, argumentista y director, realizó ese año la comedia Una noche de garufa. En calidad de profesional, se inició en 1917 con El tango de la muerte y como director sensible y de peculiar concepción de la imagen, se reveló en títulos como Campo ajuera (1919), De vuelta al pago (1919), Buenos Aires, ciudad de ensueño (1922) y El organito de la tarde (1925).

Avanzado del cine sonoro.




 Ferreyra también fue un avanzado del cine sonoro. Lo experimentó en La canción del gaucho (1929), precariamente sincronizada con discos, y El cantar de mi ciudad (1930), que incluyó algunos efectos musicales de fondo, dos canciones y un diálogo entre María Turgenova --esposa de Ferreyra-- y Felipe Farah.


 Fue el antecedente necesario de Muñequitas porteñas (1931), del mismo Ferreyra, el primer filme argentino sonoro mediante el sistema Vitaphone de sincronización fonográfica. Fue protagonizado por María Turgenova --quien cantaba el tango Muñequita--, Floren Delbene, Antonio Ber Ciani y Mario Soffici. Su historia fue un emergente del sainete: un melodrama de barrio sobre una muchacha seducida por un forastero y, finalmente, devuelta al hogar.

Aventuras increíbles.




 Su amor por el cine lo llevó a aventuras increíbles. En 1927, tras el rodaje de Perdón viejita, emprendió con María Turgenova una gira para "llevar --decía-- las características de nuestro pueblo, en una cruzada en pro de la cinematografía nacional". Visitó los países sudamericanos del Pacífico, llegó hasta Estados Unidos y España, de donde tuvo que ser rescatado por sus amigos, porque se había quedado sin un centavo.


 Amó el cine, pero se negó a estudiar su lenguaje. Fue anárquico, bohemio, intuitivo e innovador. Sus fuentes de inspiración fueron el folletín, los temas del tango y las historias sencillas de la ciudad y los barrios. Su única influencia era la obra de Evaristo Carriego.


 Le gustaba improvisar en el set, sin guión, como un pintor frente a su tela. Prefirió los actores no profesionales, pero en cambio impuso a varias actrices. Y en una de ellas --María Turgenova-- modeló una primera estrella, anticipo de la star-cancionista que luego el cine argentino encontró en Libertad Lamarque y Tita Merello.

Diálogos y canciones.




 Inclusive halló un recurso que más tarde Hollywood usó en muchas comedias musicales: cortar un diálogo en plena situación romántica o dramática y transformarlo en canción. En su caso, un tango. Pero ante todo fue un genuino creador del cine popular, de visión costumbrista, intuición poética y sentido plástico.




  Agustín Neifert




El más capaz de su época









 Pablo Ducrós Hicken, un contemporáneo de Ferreyra, lo definió así:


 "Fue un director que realizaba sus películas sin nada. Nunca buscó capitales financieros. De ahí que su progreso en la elaboración de fotodramas quedara en parte trabado por la caprichosa obstinación de su originalísima personalidad. Filmar, para Ferreyra, era como tomar el tranvía o salir a comprar el diario. Fue, quizás, el director más capaz de su época. Sus argumentos parecían planeados en algún cafetín de la calle Lavalle o en el despacho de bebidas de algún almacén de la calle Corrientes y sus encuadres escritos sobre alguna servilleta de papel, al compás del bandoneón".