Para cuidar la salud de la población

3/10/2021 | 06:00 |

"No es mi intención alarmar a la gente, pero sí que tome conciencia si se encuentran con un animal con estas características". Escribe el médico veterinario Oscar Sasso.

  Quien escribe esta nota lo hace al solo efecto de concientizar a la población sobre el tema “rabia”, enfermedad zoonótica que ataca a los animales domésticos como el perro, gato y otros salvajes (como el murciélago) y la transmiten al ser humano.
   Desde 1974 soy Médico Veterinario (M. 2261). Si bien no me dediqué en el ejercicio de la profesión a pequeños animales, sí a animales grandes en el medio rural. Ahora sí, tengo experiencia en esta enfermedad tan peligrosa para la sociedad y tengo la obligación de informarla para cuidarnos. Si bien quiero a los animales, de tener que elegir lo hago por el ser humano. Esta enfermedad es una zoonosis, o sea que afecta al animal y al ser humano. Esta enfermedad, la rabia, está prácticamente erradicada en el país gracias a la vacunación de los animales con antirrábica. Esto no quiere decir que el virus rábico haya desaparecido. Esta epidemia duró, creo, hasta fines de los años 70.
   Existe otra rabia, la paresiante, que la transmite un murciélago hematófago (desmodus rotundus), generalmente ataca a los bovinos y equinos en el norte argentino. El primer contacto que tuve con un perro rabioso fue en el año 74 en la Facultad de La Plata, estaba en clase de pequeños animales, atendiendo animales que traía la gente como en un hospital. Lógicamente supervisados por un profesor que emitía el diagnostico final y tratamiento que nosotros habíamos realizado, corregirlo si era necesario.
   El caso que quiero relatar es cuando, al atender un perro similar al que apareció en la puerta de mi domicilio, ya difundido el caso por La Brújula 24, advertí que el perro que había intentado revisar en la Facultad presentaba síntomas similares al perro en cuestión: estaba sumamente nervioso, no respetaba al dueño, orinó y tomó su orina e intentó morder todo a su alrededor. Yo no me daba cuenta de la situación, cosa que advirtió el profesor, que indicó al dueño que retirara urgente el animal porque era probable que tuviera rabia. Este fue secuestrado y llevado a un centro asistencial controlado. El perro tenía rabia y murió.
   Al ver a este animal es cuando saco a mi perra y el animal me ataca a mí y a la perrita. Observé con más atención y vi la similitud de los síntomas con el que vi en la Facultad. Me dio temor por eso llame a la policía y al organismo de Zoonosis de la Municipalidad. Estos llegaron rápidamente.
   No estoy diciendo que este animal tenga rabia, pero tampoco tengo la seguridad de que no tiene. No se puede actuar livianamente cuando hay dudas, y menos cuando en el medio está la salud de la población.
   No es mi intención alarmar a la gente, pero sí que tome conciencia si se encuentran con un animal con estas características, o sea, raro, nervioso, agresivo, etcétera, que intente atacarlos. En estos casos, se debe avisar inmediatamente a las autoridades.
   En los años 70 fui veterinario municipal de la ciudad de Pehuajó (ad honorem). Aparece en un partido vecino un posible caso de rabia. A raíz de esto, vino a Pehuajó el Dr. Fernández Munilla, en ese entonces Director del Instituto Antirrábico, a darnos una charla informativa a todos los médicos y veterinarios  de la Municipalidad. Nos instruyó cómo debíamos realizar la campaña antirrábica: debíamos vacunar a todos los perros de la ciudad y del medio rural. Por supuesto que lo hicimos.
   En este caso, en Tucumán y Blandengues, todas las personas que estuvieron en contacto con el animal o sufrieron mordeduras deben ir a un centro asistencial y si es necesario vacunarse. Más vale prevenir que curar, decían nuestras abuelas. Lo peor de esta enfermedad, si se declara, es que no tiene tratamiento: la persona muere.

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