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Diario de viaje, día 8: el recambio, los monos tití y lo que viene en los Juegos

Sensaciones, experiencias, comentarios y mucho más de lo que implica cubrir los Juegos Suramericanos de la Juventud en Panamá.

Fotos: La Nueva.

A unos 15 minutos del caos incesante y del sol sofocante, se abre una burbuja de paz y naturaleza que conduce a la esencia más auténtica de Panamá.

Este lunes, aprovechando el recambio de atletas, la visita al Parque Natural Metropolitano se presentó como una gran alternativa… y superó las expectativas.

El domingo ya habían concluido varias de las disciplinas más exigentes de la primera semana de competencia en los IV Juegos Suramericanos de la Juventud: la natación, la gimnasia artística y el tiro con arco, que tantas alegrías le dieron a la delegación argentina, además de otras tradicionales como el ciclismo, el boxeo y el tenis de mesa.

En ese contexto de transición, apenas tres deportes continuaban en actividad: comenzaban el béisbol y el bádminton, mientras que el tenis también daba sus primeros pasos, aunque sin presencia argentina en la ronda inicial.

Así las cosas, después de un necesario “reset” del departamento (porque sí, también hay que lavar ropa e ir al supermercado…), partimos rumbo a lo desconocido.

Llegamos cerca de las 14:30, con el tiempo justo para recorrer las 232 hectáreas de bosque húmedo tropical. La entrada costó cinco dólares (tres para menores y tarifas reducidas para panameños).

La propuesta era ambiciosa: la posibilidad de encontrarse con 64 especies de mamíferos, 39 de reptiles, 21 de anfibios, 11 de peces, 283 de aves y 633 especies de flora en este parque que, por ley, es área protegida desde 1985.

No soy un gran conocedor del tema —y tampoco me dediqué a contar árboles—, pero la diversidad era evidente. La mayoría llamaba la atención por sus raíces, su altura y por las enormes lianas que, hasta entonces, solo había visto en películas.

A poco de comenzar, se nos cruzó lo que, según Google, era un ñeque: un pequeño y simpático roedor. Las indicaciones previas eran claras: respetar su espacio y hacer el menor ruido posible mientras avanzábamos por los senderos en ascenso.

Unos metros más adelante, apareció un venado de cola blanca alimentándose con tranquilidad. También vimos un pequeño meracho (una lagartija), todavía estando prácticamente a nivel del mar.

Ya en el segundo sendero, cuando la humedad comenzaba a sentirse con más intensidad (hasta cayeron algunas gotas inquietantes...), los sonidos de la fauna se hicieron presentes y la mirada se elevó hacia la copa de los árboles.

Allí, bien en lo alto, logramos divisar un par de perezosos de tres garras. Desde el mirador, imponente, se abría una postal única: a lo lejos, el skyline de la Ciudad de Panamá, con sus rascacielos modernos; hacia el otro lado, el Canal de Panamá, incluyendo sectores como las esclusas de Miraflores.

En el descenso, nos cruzamos con unos inquietos monos tití y, más abajo, en una especie de laguna, varias tortugas jicotea.

Regresamos a las 16:28. El parque cierra a las 16:30. Casi una prueba contrarreloj, de esas a las que Panamá ya nos tiene acostumbrados en materia deportiva.

Se viene el atletismo, el básquet 3x3, el karate, el taekwondo, el golf, la esgrima, el levantamiento de pesas y el ajedrez, este último como deporte invitado.

Comienza el tramo final de Panamá 2026… y promete ser apasionante.