Se organiza una edición por mes

Gratiferia: el lugar de Bahía donde todo es gratuito

24/1/2021 | 07:00 |

“Es una feria solidaria, en la que uno se lleva lo que necesite sin tener que pagar ni entregar algo a cambio", explicó Jéssica Aránguiz.

Fotos: Rodrigo García-La Nueva.

Por Pablo Andrés Alvarez / palvarez@lanueva.com

   Aunque tiene cierta similitud, la gratiferia no es una feria de trueque. Tampoco un mercado de pulgas.

   Su lema es “traer algo, y llevarte algo; traer algo y no llevarte nada; o no traer nada y llevarte algo”. Porque lo que busca este espacio, que va creciendo paulatinamente en nuestra ciudad, es poder dar algo (material o no) sólo por la alegría de hacerlo.

   Según cuenta Jéssica Aránguiz, una de las organizadoras de este tipo de ferias en Bahía Blanca, este proyecto busca romper con la lógica de la economía tal como la conocemos, a la vez que minimiza el impacto ambiental, disminuye el volumen de basura que se genera y cambia los hábitos consumistas.

   “Es una feria solidaria, en la que uno se lleva lo que necesite sin tener que pagar ni entregar algo a cambio, lo que la diferencia de una feria tradicional o de un trueque. Todo lo que sobra en el hogar y esté en buen estado, se pone en un stand. No sólo es ropa, porque también se pueden encontrar artículos de cocina, muebles y hasta juguetes para niños”, explicó.

   Fue Daniela Panteón, hermana de Jéssica, quien hace 2 años terminó de darle forma al proyecto que venía gestando y se lanzó con la primera gratiferia, invitando a desapegarse de lo que ya no se usa y dejar de guardar por guardar.

   “Ella se tuvo que radicar en Ushuaia. Frenamos por la pandemia y este año la reanudamos con mi mamá (Stella Carrizo) y mi otra hermana (Génesis Litoux)”, agregó Jéssica.

   La primera edición de 2021 fue el 9 de enero y la segunda se hará el sábado 13 de febrero, de 9 a 12, en calle Klostermann 119 (esquina Vieytes), donde funciona la sociedad de fomento del barrio Parque Sesquicentenario.

   “Queremos hacer una por mes. La sede es siempre la misma, para que la gente no se confunda, y la organizamos al aire libre y exigimos el uso de barbijo y alcohol en gel para evitar contagios”, manifestó.

   Es la única feria en la que no es necesario cuidar el puesto ya que las cosas que ahí se exhiben no pueden ser objeto de robo porque ya no son de nadie, son de propiedad común (hasta que alguien decida llevárselos).

   “No hay ni plata de por medio, ni bonos, ni trueque, ni registro alguno. Podés traer nada y llevarte todo y también podés traer todo y llevarte nada. Cada uno elige”, agregó.

   De este modo, la gratiferia camina bajo una lógica que socava el sentido de la acumulación, e incluso el concepto de reciprocidad, porque no implica como condición el intercambio obligatorio, con lo cual se sitúa en una práctica absolutamente no especulativa.

   “Hay gente que pasa muchas necesidades, por eso es muy gratificante ver que se llevan cosas que necesitan sin tener que pagar un peso. Y a su vez, también es bueno ayudar a otros, con cosas que ya no le das utilidad en tu casa”, opinó Jéssica.

   Con la ayuda de su familia, Jéssica divide los stands de acuerdo a la mercadería que reciben o bien que lleva la propia gente.

   “Nosotros recepcionamos mercadería en Tucumán 3.980. Si hay gente que lleva mercadería el mismo día, la solemos guardar para el próximo encuentro para poder evaluarla y clasificarla. El esfuerzo es muy grande, pero nos da mucho placer. Lo hacemos en familia y es muy lindo compartir ese momento”, manifestó.

   Y añadió: “A veces tenemos cosas en nuestro hogar que no soltamos pero que no cumplen una función especial en nuestra vida. Por eso, digo que la gratiferia es un soltar y compartir desde el corazón. Es un ritual de transmutación energética dónde sueltas lo que no necesitas y te llevas los obsequios que desees traídos por otras personas, así todos dan y todos reciben sin expectativas, en forma gratuita”.

   Según dijo Jéssica, no se trata de llenarse los bolsillos, de "dar para recibir", ni de ningún beneficio privado. Es, básicamente, dejar de acumular todas esas cosas que ya no se usan y organizarse para llevarlas a un lugar en donde alguien más pueda quererlo o necesitarlo.

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