Y a rodar los libros: una biblioteca ambulante con nombre de rocanrol

16/1/2021 | 07:00 |

Fue idea de un docente y escritor local para llevar los libros a los sectores más vulnerables. Se hizo de forma colaborativa y a pulmón. Además, se convirtió en un particular homenaje.

Por Gustavo Pereyra

 

   Martín Ríos (42) tuvo una idea distinta: “Si la gente no va a los libros, hay que llevarle los libros a la gente”, pensó. Es así que, inspirado por iniciativas similares en otras ciudades, decidió crear la primera biblioteca ambulante de Punta Alta, a bordo de una bicicleta.

   “Es una forma de hacer que la literatura llegue a sectores relegados de la comunidad local. Armo una bici, cargo los libros y me voy un sábado o un domingo a un merendero, a una sociedad de fomento o a algún parque de la ciudad”, imaginó.

   Martín es profesor de Geografía y de yoga, también es actor y escribe literatura; tiene algunas publicaciones como su libro de cuentos cortos “Retorcido” y trabaja en una biografía y en una novela de época ambientada hace cien años. 

   También es un buscador de esa chispa que puede despertar el fuego de la escritura en la gente, por eso da talleres literarios, como el más reciente destinado a chicos de educación especial.

   “Si el libro va a la gente, por ahí cambia la costumbre, empieza a acercarse más a la literatura, comienza a conocer autores y hasta quizás se anima a escribir. Por ahí, despertás algo”, opina.

   Es así que contó por Facebook sobre su proyecto de biblioteca ambulante y en seguida le llovieron donaciones de libros: “En una semana, tenía 300 ejemplares de novelas, poesía, cuentos y revistas”, recuerda.

   También publicó que andaba en la búsqueda de una bicicleta para que la biblioteca pudiera recorrer los barrios puntaltenses. “Me avisaron que una señora tenía una muy vieja que había sido de su padre fallecido, dueño de la Tintorería Naval, en calle Alvear al 900. Cuando vio el proyecto, me la donó”, cuenta.

   A la bicicleta le faltaba mucho mantenimiento, entonces Martín ideó un sorteo para recaudar fondos y poder hacerla rodar. Terminó usando el dinero solo para los repuestos porque un vecino se ofreció a arreglar la bici de forma gratuita.

   Cuando tuvo todo, se dio cuenta de que le faltaba un nombre y en ese momento recordó a alguien muy querido que había fallecido recientemente.

   “La biblioteca ambulante se llama Gustavo Darío Schwab (foto inferior) en homenaje a un músico de rock puntaltense con el que nos habíamos hecho bastante amigos. Le decían ‘el Gato’ —relata Martín—. Murió muy joven y el ambiente musical quedó conmocionado.”

   “Un día, me escribió para felicitarme por la iniciativa de los libros; era una persona muy considerada. Y cuando falleció, de pura melancolía me puse a leer los chats de Whatsapp con él y me dije: ‘Tengo que ponerle su nombre’. Hablé con sus padres y su hermana y todos estuvieron de acuerdo. De alguna forma, así queda inmortalizado”, explica.

   “Lo conocí por medio de otro músico con el que nos juntábamos a charlar en el centro. Nuestro vínculo era a través del humor, nos reíamos de lo absurdo. ‘El Gato’ Schwab era muy querido por todos, un gran guitarrista y fanático de Led Zeppelin y de los vinilos. Integró varias bandas de rock locales e hizo un gran aporte a la cultura de la ciudad desde el amor al arte, sin lucrar. Lo menos que podíamos hacer era este homenaje”, concluye.

   Por razones laborales, Martín se radicará en Ushuaia, por lo que decidió dejar la biblioteca ambulante en manos del Grupo Scout Sagrado Corazón, que se encargará de inventariar y catalogar el material bibliográfico y después hacerla rodar. A pesar de que el proyecto fue declarado de interés legislativo por el Concejo Deliberante local por “promover el acceso a la lectura”, Martín señala que no hubo ningún tipo de apoyo del Municipio y que todo se hizo a pulmón. 

   La inauguración de la biblioteca ambulante fue antes de Navidad, en Uriburu al 500, donde viven los padres de Gustavo Schwab (foto superior), quienes recibieron una copia de la declaración del Concejo y se mostraron muy emocionados. Luego se firmó el acta fundacional y la bicicleta empezó a rodar por las calles puntaltenses, hasta la plaza del centro y de ahí al grupo scout en Ciudad Atlántida.

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